La pelea entre Santos y Uribe es una encarnación más de la clásica pelea lúdica entre “liberales” y “conservadores” que sirve para que la élite tradicional renueve respaldo popular (dividido y hasta mortal pero en últimas mayoritario) y se perpetúe en el poder. Tomar partido en esa pelea implica caer en el engaño de creer que su discusión trata sobre el futuro del país (que existe una posible conclusión que nos beneficia) y no sobre el futuro político y financiero de unos señores y sus amigos. No se trata de ser neutral, sino de entender que ambos lados hacen parte del mismo bando opresor.