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entretenimiento

Prometheus y las grandes preguntas

Es evidente la pretención de Prometheus de plantear grandes preguntas. Esta pretención surge de la necesidad de desmarcarla de la ciencia ficción de baja factura. Prometheus aspira a ser una película seria, que ofrezca a su audiencia más que acción y efectos especiales (como si fuera sencillo lograr eso con dignidad). Se espera que la ciencia ficción seria sea un laboratorio de desarrollo de experimentos mentales y dilemas morales. En la ejecución, sin embargo, buena parte de los dilemas que ofrece lo más excelso de la ciencia ficción cinematográfica (descontando tres o cuatro ejemplos, cada uno tiene los suyos) son, si no vacíos, al menos huérfanos de la sustancia filosófica que es posible apreciar en su contraparte literaria. Prometheus no es la excepción a esta regla. Sus inquietudes centrales son entre ingenuas, insulsas e ignorantes, más cercanas a la pseudociencia religiosa de J.J. Benítez o Transformers 2 que a las reflexiones de Estanislavo Lem sobre la condición humana en sus parábolas espaciales. Tal vez esa pretención cosmética de profundidad sea la faceta más incómoda de una película que, aún con sus miles de agujeros en el guión (algunos de ellos torpemente excusados como intriga o misterio), resulta ser una excelente pieza (?) de entretenimiento popular que (en esa categoría) trata a su público con mediano respeto (los más exigentes discutirán con rabia este diagnóstico positivo, seguro). Mi teoría es que una trama más cuidada hubiera generado naturalmente las preguntas que sus creadores buscaban despertar con tanta ansia. El intrigante androide de Fassbender, de lejos lo mejor de la película, da pistas de hasta dónde hubieran podido llegar.

Héroes sobre nosotros

TED es una vitrina de productos a la venta. Por eso su diseño gira en torno a la charla efectista breve e insustancial propia del marketing. Le dice a la gente lo que quiere oír. TED no difunde ciencia o tecnología sino la idea de ciencia y tecnología que a sus organizadores les interesa popularizar: una ciencia superficial y simplista, encapsulada en productos adquiribles y condimentada con copiosas dosis de buena energía. Dentro de este esquema, todo avance científico o tecnológico implica necesariamente desarrollo humano. Esto no sólo es romántico (lo que no tiene por qué estar mal) sino que es perverso: ofusca los procesos políticos y económicos que impulsan, financian y dirigen la investigación. Además niega la posibilidad de valorar las implicaciones morales y sociales de la adopción de tal o cual descubrimiento. No hay tiempo para preguntarse a quién sirve qué y por qué. TED oculta en su base un discurso según el cual la humanidad es salvada y liberada por los héroes técnicos sabios que sin esperar nada a cambio, si los dejan, dedican sus vidas al progreso universal. Este es un discurso peligroso. Sin escepticismo, sin una posición activamente crítica, sin una apertura real, la ciencia se transforma en culto elitista y la tecnología en cárcel. Cuando TED imagina su futuro se proyecta sin molestia ni modestia en un templo inmenso abarrotado de gente atenta al discurso motivacional de un megalómano que promete que cambiará el mundo y recibe aplausos en respuesta. No creo que esto sea del todo autoparodia o ingenuidad. TED sabe que es la plataforma perfecta para divulgar ese tipo de anuncio.

Science and Invention
El aprendizaje pasivo es adoctrinación.
(Revista Science and Invention, diciembre de 1921)