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Radicales libres

Larga entrevista a Bill Ayers en Guernica. Un pedacito que me gustó:

There’s another reason I have tried to engage the Tea Party again and again, and that is to try to show all the other people in the audience that it can be done, that you don’t have to barricade yourselves—progressives do this in the education struggle sometimes and it drives me nuts. They barricade themselves because they feel they are under such intense attack from the right and they don’t have weapons of their own, so they cringe and sit in their offices with their doors shut. The other thing I try to combat by talking to Tea Party folks, for example, is the sentiment across the political spectrum that we, “the good people,” know all the answers and nobody else could possibly understand the preciousness of these beliefs that we hold. And I think that’s bullshit. It’s elitist.

Domingo

El objetivo del diario no es el registro de los días sino la constatación del paso de los mismos. Una prueba de progreso. O de cambio. Desde que inicié mi trabajo en El Programa debo cumplir con este requisito para mantenerme en él. Es parte de las condiciones que aseguran mi residencia en El Instituto. Estoy a cargo de la huerta en el jardín y también debo alimentar a las gallinas al a las ocho y recolectar los huevos. La rutina estricta de pequeñas tareas y actividades tiene un propósito terapéutico. Al medio día, luego del almuerzo, me reúno con la doctora y discutimos la noción de progreso dada mi condición. La doctora espera que me involucre, que participe en mi propia construcción como individuo. No sé cómo pude pasar tantos años sin ser nada en particular. La doctora me pregunta cuáles son mis expectativas al respecto de El Programa. Le respondo que cuando era niño quería aprender a saltar de cabeza a la piscina pero que cuando por fin lo logré me fui derecho de cabeza contra el fondo y perdí la consciencia por varias horas. Le enseño a leer a una mujer por las mañanas. No sé su nombre. Cada día dice llamarse de una manera distinta. Hoy se llamaba Julia. La mujer aprende lentamente. Está obsesionada con aprender a reconocer ciertas palabras. Nunca le he preguntado por qué no aprendió a leer antes ni por qué le interesan tanto esas palabras. Le pregunto a la doctora. La doctora me pregunta por qué le hago esa pregunta a ella y no a la mujer. Le digo que no sé si sea un asunto sensible, si no esté relacionado con su estancia en este lugar. La doctora me pregunta si me avergüenza estar acá. Le digo que necesito pensarlo. Le prometo que mañana le tendré una respuesta.