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Supervivencia

Hace poco noté de nuevo (es un descubrimiento recurrente) que mis preparativos para el fin de la civilización o una teleportación stúbita a otra dimensión se limitan a acumular cuadernos y equipo para dibujar y escribir en el morral. Es algo que he hecho sistemáticamente desde que era pequeño con la confianza de que mis cuadernos y esferos de colores me salvarán de los monstruos o por lo menos de la soledad. Y supongo que ha sido así. Es solo que los mundos donde me materializo son el mismo mundo donde estoy y donde de cualquier modo me siento aislado y fantasmagórico, presente apenas a medias y por lo general aburrido.

Pocas

Quiero escribir este año. Aunque tal vez no las cosas que escribo acá sino las que escribo cuando me cuesta, las que nunca termino. Quiero volver a escribir, me digo, como si hubiera algo que lo impidiera más allá de mi dejadez y mi pereza. Y bueno, poca cosa no son.

Conectar

Lo que no quiere decir que esto se acabe. Después de cierto número de años es difícil abandonar la costumbre de ocasionalmente exponerse en texto ante distantes como una forma de crear vínculos o conectar. Después de todo esto siempre ha sido una estrategia para atenuar la soledad, o tal vez solo para sostenerla en un buen lugar porque, siendo justos, pocas cosas de la vida aprecio más que mi soledad y sus distancias. El tumulto y la cercanía me aturden e incomodan. Soy mejor de lejos.

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Dos horas pensando qué escribir y finalmente no escribí nada. Supongo que quería decir que estoy contento. Quisiera decir más sobre eso pero supongo que ya habrá tiempo. Por lo pronto debo dormir. Mañana seguiré pensando en lo que no escribí.

Miércoles

Compramos rosales para sembrar en el balcón. Queremos sillas para sentarnos a recibir el sol los fines de semana. Por estos días, el tiempo se acumula como la nieve en las esquinas del invierno. Dedico una fracción del día a mantener el apartamento limpio y en orden. Cocino por las tardes. He reducido un poco (aunque no tanto como desearía) mi presencia en línea. El objetivo principal es escribir. Pero sufro de falta de propósito (o de autoconfianza) y asaltos regulares de ansiedad relacionados con este mal. Intento sublimarlos de manera parcial en la cocina, la lectura, los oficios y con los gatos. Estoy triste. Pienso mucho en Mauricio y en la muerte. Por eso, para evadir eso, para no pensar de más, escribo aquí sobre la guerra, los bombardeos, el miedo y las emisoras de emergencia donde anuncian el fin y entrevistan cuerpos que no hablan. Asímismo voy todos los días, muy temprano, a mirar a las gallinas, abastecer los comederos y recolectar los huevos. Los pongo en una canasta y los cuento al llegar a la cocina. Luego los meto a la nevera. Hoy pusieron diez. Tenemos muchos más de los que necesitamos.