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estadísticas

Futbolistas cuantificados

Durante el mundial recopilé, partido a partido, las estadísticas de jugadores que publicaba Who Scored. Con esos datos armé la serie de reportes que improvisé para Mundo Pelota. Las tablas que ofrece el sitio eran acumulados de todos los partidos jugados hasta el momento así que debía descargarlas regularmente para extraer los datos correspondientes a partidos recién jugados (sustrayendo números de tablas acumuladas anteriores). Escribí un script en R (impresentable al público en el estado actual) que entraba, sacaba los datos de una variable en en un script de javascript de la página que generaba la tabla en cliente (un desastre de código, si me preguntan — espero que no lo hicieran así para celar los datos), armaba una tabla y extraía los datos correspondientes a los partidos jugados durante ese día. Hace rato que tengo las tablas pero no había hecho la tarea de organizarlas y limpiarlas. Finalmente ayer les dediqué un par de horas y las subí a este repositorio en GitHub.

Aquí, por ejemplo, una gráfica con estadísticas de duelos aéreos y estaturas usando los datos acumulados de todos los jugadores que participaron en más de tres duelos aéreos durante el mundial:

duelosaereos

Cargados

Cada noche, antes de acostarme, voy a la cuna y le planto un beso de buenas noches a Laia. Dos de cada tres veces una chispa de electricidad estática salta de su frente a mis labios.

Las dificultades para aspirar

La columna de hoy debió llamarse “El puente está quebrado” pero ese título sólo se me ocurrió hoy por la mañana. Está basada en dos estadísticas que el rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla, soltó en Twitter sobre la poca presencia de egresados de colegios públicos en la universidad (1 y 2 (acabo de darme cuenta de que en la columna escribí 2337 y no 2373, pero bueno). Aquí hay un cuadro de postulaciones y admisiones a la Universidad Nacional desde 2010 que me sirvió para calcular los porcentajes que puse en la columna. Generalmente tras esos números vienen los lamentos sobre la baja calidad de la educación pública básica y media (aquí un análisis muy completo de las dificultades a ese nivel, así como algunas propuestas para mejorar la situación) pero creo que el esquema de admisiones y programas académicos de la Universidad Nacional contribuye muy poco a impulsar a los estudiantes de colegios públicos a presentarse y de seguro hay formas en las que la Nacional podría aumentar el número de aspirantes que provienen de colegios públicos sin que eso implique reducir sus exigencias de admisión. Ayer por ejemplo pensaba que debería haber una forma en la que una persona del común pudiera tomar oficialmente y por bajo costo cursos de la Nacional de vez en cuando sin estar inscrito en ningún programa (si cumple prerrequisitos y hay cupos disponibles en tales cursos (en muchos hay)). Podría montarse un esquema de admisión alternativo basado en el número de créditos acumulados mediante este sistema (con requisitos de promedio y cosas así). En fin, son ideas. La universidad no se puede quedar de brazos cruzados esperando a que la calidad de los colegios públicos y las circunstancias personales de los estudiantes mejoren. Es jodido justificar la existencia de una universidad pública fuertemente subsidiada a la que los estudiantes de colegios públicos no son admitidos casi que por norma. El sistema educativo público colombiano necesita rutas sólidas entre sus diferentes niveles y la Universidad Nacional (por su tamaño y nivel académico) debería ser uno de sus nodos de intercambio más centrales y activos. Hace poco Andrés citó a su papá diciendo que “la Universidad Nacional es estatal pero no es pública”. Me pregunto si se refería al menos parcialmente a este tipo de vainas.

Contar

Se propone un conteo o varios que se ejecutarán de forma regular para detectar cambios y progreso. Cada una de los conteos arroja una cifra que mide un aspecto particular y simplificado del fenómeno o problema que se estudia. El proceso es generalmente recursivo: un conteo se ejecuta sobre otro conteo que a su vez se ejecuta sobre otro más por varios niveles de profundidad. Algunos conteos son instántaneos (e.g., la cantidad de plata que tiene alguien (una cifra producto de un conteo) es una abstracción que alguna vez pretendió medir y ahora simplemente es (casi) equivalente a la capacidad de acceso a bienes y servicios de esa persona (y hasta a su dignidad, si uno se deja llevar por el cinismo)). Otros requieren trabajo adicional para garantizar que el conteo es suficientemente confiable. Ahí entra la estadística. Cada nivel de conteo aporta un grado de abstracción. La abstracción nos libera y distancia de las peculiaridades del fenómeno. A eso se le llama ganar objetividad y se supone que facilita el análisis neutral. En ocasiones, las cifras que se obtienen son combinadas en nuevas cifras mediante procedimientos aritméticos que pretenden evidenciar la manera como estas, es decir, sus supuestos referentes concretos al final del proceso recursivo de abstracciones anidadas, se interrelacionan. Nótese que todo está inevitablemente plagado de decisiones relacionadas con la percepción, preferencias y propósitos de quien cuenta. Debido a esto, el resultado del conteo de conteos es una descripción, no del fenómeno que se estudia, sino de la imagen cuantitativa del fenómeno dentro del (limitado) esquema mental/cultural de los contadores. Un estudio reverso del proceso, si fuera posible, dejaría a la luz sus prioridades y caprichos. Que luego el juego de poderes convierta estos conteos en parámetros que son prácticamente equiparables al fenómeno concreto y que por ende (si describe entonces predice y controla) deben ser optimizados a como dé lugar mediante decisiones políticas y similares evidencia la perversión salvaje que se anida en el trasfondo del sistema tecnocrático reinante. Nos metieron el cuento de que si esos números se movían en la dirección correcta entonces todos éramos mejores de alguna manera. No siempre es así. Casi nunca es así.

Sondeo

En un sondeo improvisado entre mis amigos en una red social que no mencionaré, un treinta y cuatro (34) por ciento de los entrevistados (9723 personas en total) expresó interés abierto por la existencia fantasmal una vez muera. “Me gustaría ser el fantasma de alguien que sufrió una muerte horrible y atormentar hasta la locura a los culpables de su dolor”, me dice un hombre divorciado colombiano de cuarenta y tres (43) años con facilidad para las fotos comprometedoras de piscina radicado en Cajicá, Cundinamarca, Colombia. Pero luego aclara: “Aunque ojalá sin tener que sufrir la muerte horrenda personalmente, obvio. No sé si eso se pueda. No sé si se pueda ser el fantasma de alguien más.” De este treinta y cuatro por ciento, un diecisiete (17) por ciento cree en la existencia cierta de fantasmas y apenas un cinco (5) por ciento asegura haber tenido encuentros paranormales directos que justifiquen su creencia. Sólo un entrevistado (mujer colombiana “es complicado” de cerca de treinta (30) años radicada en Europa desde hace aproximadamente seis (6)) admitió haber tenido encuentros sexuales repetidos con lo que describió como entidades ectoplásmicas. Fue imposible contactar a las entidades ectoplásmicas involucradas, ambas residentes en Madrid, para reconfirmar esta información. Dato curioso: un once (11) por ciento de los entrevistados se negaron a contestar el cuestionario aduciendo lo que categorizaré como razones religiosas. Perdí tres (3) amigos en el proceso.