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estafas

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El domingo llamó un estafador que ya ha llamado otras veces haciéndose pasar por un pariente de Mónica que vive en Estados Unidos. Lleva un acento venezolano o panameño, tal vez, con palabrejas en varios registros por si las moscas. La estafa es transparente (“¿Quién crees que te puede estar llamando, tío?”) pero pareciera que hay gente que cae. La primera vez le seguimos el juego un rato largo dando vueltas hasta que se aburrió. La segunda vez lo mandé a comer mierda a las tres frases. Parece que no son lo suficientemente sistemáticos como para llevar un registro de a quién han llamado y a quién no. El domingo resolví improvisar una estrategia distinta: fingí alegría de oirlo, le dije que me sorprendía cómo le había cambiado el acento y apenas me dio oportunidad me solté en una historia dramática de niña enferma en el hospital y nosotros ya entregados a la voluntad de Dios (creo que dije “El Altísimo”). Le dije que le agradecía la llamada y la preocupación. Le dije que sabíamos que él estaba pendiente. Aunque se notaba incómodo me respondió que él también estaba elevando las oraciones al cielo por la niña y que lo aliviaba saber que todo había salido bien. Le dije que todavía faltaba la operación grande y que había muchos riesgos pero nosotros no perdíamos la esperanza. Le agradecí de nuevo la llamada y le dije que debíamos salir para el hospital. Se despidió acongojado y deseándome mucha fuerza. Le respondí que la necesitaríamos y le mandé un abrazo.

La próxima vez le voy a hacer una parecida pero al final, antes de colgar, le voy a decir que si él o alguno de sus amigos vuelven a llamar los voy a matar a todos.

Chamán

De oír este episodio de radioambulante salí con la sensación de que las batallas contra los charlatanes colombianos (como esta) nacen inevitablemente perdidas; hay todo un aparato de credulidad complaciente montado que los acoge y protege. Esta noticia de ayer podría servir de reconfirmación.

Otra cuerada

El único evento en el que ha participado el “Parque” de Raúl Cuero es una Conferencia Internacional de Biología Integrativa celebrada en agosto pasado en Las Vegas. Cuando Cuero dice que el “Parque” tiene publicaciones, se refiere a resúmenes de charlas de ese evento (Explicación: por lo general, los resúmenes de charlas de un evento no son considerados publicaciones académicas pues no hay revisión de pares). En la página del “Parque” donde anuncian su participación, se afirma que Mahendra Rao, el director de Centro de Medicina Regenerativa del NIH, asistió. Como es fácil constatar en el programa del evento, Rao no asistió. Sólo es mencionado como miembro del comité organizador. Pero esto es altamente sospechoso pues el evento es organizado por OMICS. ¿No les suena OMICS? Ya los presento.

OMICS es una empresa basada en India que se dedica a montar congresos y revistas para cobrar plata a asistentes y autores desesperados por avanzar como sea en el mundo científico. Su negocio se basa en aprovechar la presión que tienen los científicos por publicar. Ofrecen una forma relativamente sencilla (pero costosa) para inflar la hoja de vida con artículos y charlas en congresos. Aunque generalmente se especializa en estafar incautos, también hay avivatos ocasionales que usan sus servicios para engañar a otros. Dentro del medio académico no tiene credibilidad alguna. Hace un año largo hubo varios artículos en Nature y otras revistas denunciando las prácticas de OMICS. Estas incluyen la mención de científicos famosos e instituciones reputadas para legitimar eventos y publicaciones y dudosos sistemas de revisión de artículos con tarifas de hasta tres mil seiscientos dólares por artículo aceptado. También han sido acusados de promover seudociencia y usar tácticas de marketing engañosas.

De tal nivel es la farsa que en abril de este año el departamento de salud y servicios humanos (DHHS) del gobierno de Estados Unidos exigió a OMICS en una carta que desista de mencionar “el nombre del NIH, sus institutos, PubMed Central, o los nombres de empleados de NIH de forma erronea o engañosa”. Aparentemente los muchachos de OMICS tienen la maña de nombrar sin su autorización ni conocimiento a empleados de importancia de NIH (e.g., directores de centros de investigación) como organizadores/asistentes a eventos o editores de sus publicaciones para acreditar reputación. En la carta del DHHS también se menciona la decisión de la Biblioteca Nacional de Medicina de abstenerse de listar publicaciones de OMICS en PubMed (la base de datos de publicaciones médicas por excelencia).

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Los asistentes a la conferencia de OPICS en Las Vegas. Raúl Cuero en el centro.

En resumen, la única conferencia a la que Cuero lleva a sus “jóvenes inventores” a presentar sus famosas patentes (tal vez para siempre pendientes) es un evento organizado por reconocidos estafadores y promotores eximios de mala ciencia. No debe sorprendernos que Cuero mismo haya sido uno de los conferencistas principales y, como “invitado de honor”, su foto aparezca en la portada de la página del evento.

Adenda: Un artículo sobre la máquina de hacer parques etéreos que montaron Cuero y sus socios.