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Fantasmas contra Extraterrestres

La edición de Fantasmas contra Extraterrestres corrió a cargo de Inga Pellisa, que contuvo con valentía el ya mítico espíritu indómito del autor. Yo hice las lecturas de rigor, sugerí unos cuantos cambios en pos de la legibilidad y monté el libro en formato digital. Todo lo que esté mal es mi culpa.

Fantasmas contra Extraterrestres es un relato de Javier Avilés que decidimos editar en formato digital y distribuir gratuitamente en línea imitando el esquema que propuso Radiohead para In Rainbows, i.e., descargue ahora y si le nace pague después (o nunca). Una vez más queremos explorar en plan punk formas de prescindir de intermediarios (o al menos reducir su cuota) para distribuir a bajo costo buena literatura, ojalá con alguna compensación para el que escribe. Dado que el autor es Avilés, la historia rehuye cualquier posibilidad de resumen así que no me desgastaré intentándolo. Sólo diré que habla sobre videojuegos, extraterrestres antropomorfos (o no), ectoplasmas, moralismo alemán, viajes en barco, descensos a los infiernos, ciencia ficción y, por supuesto, Beckett. En la primera edición que colgué había borrado por error todas las apariciones de la palabra “juego” del cuento. El efecto era inquietante, especialmente considerando que la narración orbita alrededor de un juego de video sobre una invasión extraterrestre a un mundo abandonado a los fantasmas. Varios de los primeros lectores pensaron que era un recurso deliberado. Este problema (¿por desgracia?) fue resuelto en la versión que ahora está disponible. Como siempre, lean y difundan.

La elocuencia del pasado

Fotos para acompañar la columna de hoy.

Malas y buenas

La mala es que las bases del concurso decían que era para “todos los escritores colombianos o extranjeros residentes en Colombia” y yo entendí que por ser colombiano así no viviera en Colombia podía participar. En realidad el concurso era sólo para personas que viven en Colombia, sean de donde sean.

La buena es que aunque debido a mi incomprensión de lectura fui descalificado (aquí las ganadoras) hoy me escribieron de la editorial para proponerme publicar mi novela melancólica-paranormal sobre niños con poderes, enfermedades y aspiraciones extraterrestres a mediados del próximo año. Ojalá que sí se pueda.

Miércoles

Trabajo en asuntos pendientes por la mañana. Demasiadas cosas por hacer. Limpio, ordeno y decoro mi zona de trabajo (ahora reubicada en lo que espero convertir en un estudio). También pego un par de afiches en las paredes. Creo que al estudio le hace falta un sillón para leer. O un diván. Y una estantería para libros. Desayuno huevo frito con pan tostado y te verde. Se me olvida almorzar. Recuerdo que debo comer cuando Mónica ya está por regresar. Lavo los platos, tiendo la cama y limpio la cocina. Ahora (por fin, tras tres meses de obras) hay de nuevo andenes afuera. El cemento estaba fresco y eso es siempre tentador para el artista vandálico que hay en mí. Me contuve. Cenamos temprano unas pastas con pesto. En el fondo, durante la mañana, escucho apartes de las entrevistas a Kurt Cobain que hacen parte del documental (que no tiene mucho de documental) About a son. Cuando niño, Cobain pensaba que venía de otro planeta. Por la tarde escucho Nevermind en bucle. Cuando me canso hago lo mismo con Bleach. De repente estoy de regreso en 1993. Pareciera como si a Cobain le doliera cantar. En las entrevistas habla de su dolor de estómago y cómo la heroina dizque lo resolvía. También habla del orgullo (y supuesto sentido de responsabilidad) que le despertaba el nacimiento de su hija y cómo quería ser el papá para ella que su papá no había sido para él. Pero luego se mata cuando la niña (que acaba de cumplir dieciocho años, por cierto) tiene veinte meses. Es triste. Hace unos minutos vimos el video de presentación de la zona de partos del hospital donde nacerá Mauricio. En quince minutos dijeron todo lo que yo quería saber y el curso prenatal no había sido capaz de explicarme en tres sesiones de dos horas cada una. A Mónica le duele la espalda. Aquí está una foto de la panza hoy, con su camiseta de panda.