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Paseantes

Este ensayo reciente de Morozov conecta los problemas que describí en las últimas dos entradas y ahonda en las consecuencias negativas de la socialización de la red y la tiranía del motor de búsqueda. Aquí se refiere a la automatización de los enlaces:

[F]rictionless sharing has the same drawback as “effortless poetry”: its final products are often intolerable. It’s one thing to find an interesting article and choose to share it with friends. It’s quite another to inundate your friends with everything that passes through your browser or your app, hoping that they will pick something interesting along the way.

Idea: En los noventa surgieron anillos de sitios personales e independientes. Un sistema sencillo interconectaba semialeatoriamente sitios suscritos al anillo. De cierta manera Geocities era una versión monstruosa de esa idea. La primera versión de la Evil List de Sergio (de donde luego se desprendió la Open List) era un anillo de blogs con un pequeño portal para detectar actualizaciones de los miembros. Tal vez un esquema similar, reformulado y repensado para que se adapte al conexto actual, sería una buena manera de promover el vagabundeo en línea no mediado (lo que Morozov llama cyberflâneur) y hacerle frente a la limpieza, uniformización y centralización de la red que impulsan Google y Facebook.

Sondeo

En un sondeo improvisado entre mis amigos en una red social que no mencionaré, un treinta y cuatro (34) por ciento de los entrevistados (9723 personas en total) expresó interés abierto por la existencia fantasmal una vez muera. “Me gustaría ser el fantasma de alguien que sufrió una muerte horrible y atormentar hasta la locura a los culpables de su dolor”, me dice un hombre divorciado colombiano de cuarenta y tres (43) años con facilidad para las fotos comprometedoras de piscina radicado en Cajicá, Cundinamarca, Colombia. Pero luego aclara: “Aunque ojalá sin tener que sufrir la muerte horrenda personalmente, obvio. No sé si eso se pueda. No sé si se pueda ser el fantasma de alguien más.” De este treinta y cuatro por ciento, un diecisiete (17) por ciento cree en la existencia cierta de fantasmas y apenas un cinco (5) por ciento asegura haber tenido encuentros paranormales directos que justifiquen su creencia. Sólo un entrevistado (mujer colombiana “es complicado” de cerca de treinta (30) años radicada en Europa desde hace aproximadamente seis (6)) admitió haber tenido encuentros sexuales repetidos con lo que describió como entidades ectoplásmicas. Fue imposible contactar a las entidades ectoplásmicas involucradas, ambas residentes en Madrid, para reconfirmar esta información. Dato curioso: un once (11) por ciento de los entrevistados se negaron a contestar el cuestionario aduciendo lo que categorizaré como razones religiosas. Perdí tres (3) amigos en el proceso.