Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

familia

Espurios

Pasó que la leche de la caja que abrimos esta mañana sabía más a vaca de lo tolerable, y como resultado la niña no pudo tomarse ni un sorbo entero de su leche con vainilla. La marca de leche que compramos se precia de sus procesos simplificados que reducen la distancia digamos química entre el consumidor y la teta del animal. Así explican su costo, ligeramente superior al de sus pares de mostrador. Recuerdo que la primera vez que la probamos, en una cata de supermercado, hablamos elogiosamente de la diferencia no solo en textura sino en olor y sabor: es decir, consideramos ese sabor, que asociamos con la vida de granja, como un valor. Pero hoy por la razón que sea este sabor dominaba por completo y fuimos incapaces de tomarla. Era demasiado leche. Tanto así que tuvimos que botar el resto por el desagüe. La situación me recordó la escena de Matrix donde discuten el verdadero sabor del pollo. Quién sabe cuántas cosas que creemos que son ya no son. En fin, pequeños dramas del consumidor de nostalgias falsas.

188

Algo que quiero que Laia aprenda de la circunstancia particular en la que está creciendo, lejos de nuestras grandes familias de nacimiento, es que la familia se puede expandir por elección y gusto. Que la familia es, de cierta forma y por encima de todo, un grupo de personas que se quieren, se apoyan y avanzan juntas: células amalgamadas con afecto. Esto permite potencialmente encontrar familiares en cualquier parte, adoptarlos y dejarse adoptar.

177

Cuando anuncien la llegada del fin del mundo iré adonde Laia esté (tal vez muy lejos) y me sentaré junto a ella y Mónica a esperarlo sea en la orilla de un mar, la ladera de un volcán o la cima de una montaña; donde quiera que se vea mejor llegar a los monstruos que nos convertirán en nada. Nos desvaneceremos en un abrazo. Cantaremos para despedirnos.

2

Estuvimos en Quebec visitando a Sergio y su familia. Más fotos acá.

O Canada!

Cierro las ventanas temprano para que la pólvora no despierte a la niña. Los fuegos artificiales oficiales en el parque retumban media hora y luego reciben respuestas en varios rincones de la ciudad. Ahora todo está tranquilo otra vez. Me tomó un tiempo pero cada vez aprecio más la calma del barrio nocturno y la presencia sanadora de los árboles en la calle. Ya es julio de nuevo. Hace un año estábamos iniciando la última semana de embarazo y mi mamá estaba a punto de llegar. Vimos la pólvora desde la azotea del edificio. Intenté tomar fotos pero ninguna salió. Creo que en ese momento todavía no entendíamos cómo cambiaría la vida con Laia. Quiero decir: todo el mundo sabe que la vida cambia, pero el carácter del cambio es casi imposible de comprender antes del parto. Supongo que en gran parte implica una ampliación de la consciencia. En ciertos sentidos Laia nos ha vuelto más pragmáticos y menos conflictivos y pacientes. Su existencia también es punto central de cualquier conversación sobre nuestras alternativas de vida cuando el trabajo de Mónica acá se termine en un año. Aunque no tenemos mayores ambiciones profesionales (en mi caso de hecho no tengo nada parecido a una profesión), nos gustaría contar con los medios para ofrecerle a Laia una infancia agradable. Dónde y cómo será la gran duda de este año. Ojalá que pronto encontremos nuestro próximo rumbo.

Once meses

Laia cumplió once meses el sábado. La última semana fue una de las más pesadas que ha tenido. Su sueño fue muy irregular y lloraba mucho durante las noches. Finalmente el viernes regresó a la programación habitual. Mi sospecha es que todo está conectado con su nivel altísimo de actividad. Le gusta estar despierta y en acción. El sueño se opone a su agenda actual. Este mes ha sido de muchos experimentos alimenticios pues se ha vuelto difícil que se concentre en la comida, así que lo hemos intentado todo, desde comida india hasta rollitos primavera pasando por duraznos enteros y pho, no siempre con éxito. La nueva política es que coma de lo que quiera que estemos comiendo. No sé por qué me conmueven tanto las comidas familiares en las que todos comemos lo mismo. Cada vez es más evidente que somos tres y que la tercera (que todavía no supera los setenta centímetros de altura) ya dejó de ser un apéndice y empezó a tomar decisiones que a veces nos afectan a todos. A veces asusta y a veces desconcierta. Ayer precisamente, mientras la cargaba, tuve uno de esos momentos recurrentes en los que me sorprende muchísimo la relación biológica entre los dos. No es tan fácil de asimilar. Cuando lo siento me da vértigo. Pienso en cadenas de animales descendiendo desde el inicio del tiempo y en nuestro lugar en ese proceso. Todavía no es suficientemente autónoma pero se mueve mucho y quiere entender qué es todo (con la boca como laboratorio de análisis preliminar). Exige muchísima atención. Con la muerte casi total de mi vieja cámara se han reducido las fotos. Uso el iPad pero no es lo mismo. Creo que ya se reconoce en las fotos, o al menos su cara le parece suficientemente familiar para reírse emocionada cada vez que la ve. Le encanta que nos acostemos en la cama para que ella haga monerías entre los dos. Salta, se intenta parar, se va de espaldas, se lanza con todo contra la cara (a morder), baila y se muere de la risa. Gonta le dedica una hora diaria de atención y deja que ella le haga vainas que yo jamás podría permitirme sin recibir sendo mordisco. Plinio a veces la tolera, dependiendo de su estado de ánimo. En la piscina ahora conoce a más personas. Sigue en su política de saludar a todo el que pase así no todos respondan. Los canadienses no miran ni le hablan tanto a los niños como los mexicanos. Son mucho más prevenidos. Me da rabia que no se permitan verlos, especialmente cuando los niños hacen tanto esfuerzo para que los tomen en cuenta. Ahora estamos en la lucha para que entienda que ciertos libros son de ella y otros no tanto (por lo pronto). Aunque todavía no ha deshojado ninguno valioso ya estoy preparándome para ese día. No demora.

Diez meses

Laia cumplió diez meses hoy. Pesa ocho punto un kilos y mide sesenta y seis centímetros. Es cortica pero sigue en su curva de crecimiento sin desvíos (un poco por debajo de la media). Este último mes estuvo lleno de progresos y aventuras. Lo que resta del año estaremos tranquilos en la casa. O bueno, tan tranquilos como permite su nivel de actividad, que por estos días es altísimo. Controlarla es casi imposible. Al final de la jornada no doy más. Un progreso liberador reciente es que se aprendió a tomar sola el tetero. Un retroceso angustiante: dejó de comer con entusiasmo y aprendió a escupir la comida no sabemos si por juego o por disgusto (esperamos que sea temporal). Un progreso que requiere atención es su afición a ponerse de pie con ayuda de cualquier apoyo e intentar caminar. Cada día se siente más activa, presente y atenta.

Osa Mapache

Foto de hoy, antes de salir a la piscina.

Ocho meses

De repente aprendió a dar vueltas acostada. Llevaba un par de meses intentando que lo hiciera sin éxito, explicándole qué mover, cómo poner los brazos, y de pronto un día aprendió por su cuenta. Creo que entiende el logro porque sonríe orgullosa con cada giro. Ayer por la noche Mónica le dijo algo sobre “su papá” y ella respondió “papá”. En la piscina, mientras tanto, patalea con fuerza para impulsarse hacia el balón. Se lleva bien con el agua aunque todavía no se atreve a lanzarse desde el borde ni entiende el concepto de hacer burbujas (dos de los ejercicios usuales). En la comida cada vez somos más arriesgados. Esta semana comió un platito del sancocho de carne y pollo que hicimos el domingo. Ayer le hicimos un estofado de carne de res con cebolla, pimentón y zanahoria a ver qué opina. Su comida favorita es la berenjena al horno con lentejas. También le gusta comer pedazos de patilla. El martes fuimos al pediatra y sigue dentro de su curva de crecimiento. El pediatra dijo que era muy buena señal que lo mirara con extrañeza y buscara a la mamá. Ahora estira los brazos para pedir que la carguen. También grita para pedir cosas o llamar la atención. La mayor parte del día estamos en la sala con sus juguetes. A veces pongo música y cantamos. Le leo poco. Debería leerle más. Apenas el clima mejore quiero salir al menos una vez al día a caminar. El encierro es pesado para los dos. Sospechamos que viene un diente en camino pero no está confirmado. Últimamente se ríe mucho cuando hago el gesto de lanzarme a morderle las manos. Por las mañanas, recién levantada, la acuesto entre nosotros dos y por la cara parecería que es la niña más feliz del mundo. Con la consciencia, sin embargo, han llegado las primeras frustraciones: Gonta se va, los juguetes no están suficientemente cerca, no la dejo jugar con cables, Plinio no la determina. Llora desconsolada. Hoy la calmé usando una media como títere. Quedó impresionadísima. Este mes empezó a usar la tercera talla de pañal.

Cargados

Cada noche, antes de acostarme, voy a la cuna y le planto un beso de buenas noches a Laia. Dos de cada tres veces una chispa de electricidad estática salta de su frente a mis labios.

Treinta y seis

La primera mitad de este año estuve esperando que Laia naciera sana y la segunda mitad he estado dedicado a cuidarla y acompañarla en la casa. Esa es mi alegría. Es lindo verla crecer aunque también me angustia nuestra inestabilidad. Confío con cautela en que todo saldrá bien y encontraremos nuestro lugar. La ansiedad me incapacita cada tanto. Me cuesta darle la vuelta a mis últimos doce años y mirar sus conclusiones positivamente. La muerte de Mauricio me descompensó muchísimo. No puedo evitar pensar que desperdicié diez años de mi vida empeñado en algo muy grande para lo que nunca tuve el nivel de compromiso necesario y cuyos beneficios a estas alturas (tras renunciar) son dudosos. En consecuencia cualquier atisbo de proyecto me hace sentir inseguro de mis capacidades. Todo me supera. Refundí el ánimo. Como manda el cliché procuro apreciar las experiencias que rodearon ese proceso: las personas y lugares que he conocido, las historias, los varios aprendizajes. Supongo que de poder hacerlo tomaría más o menos las mismas decisiones otra vez. De todos modos me siento triste, frustrado y decepcionado de mí. Me gustaría poder ofrecerle a Mónica y Laia una mejor versión de lo que soy.

Científicos postergados

La columna de hoy trata sobre la incertidumbre laboral que define la vida del científico joven hoy en día. Luis Noriega y Clara Osorio me ayudaron a afinarla y reducir mi tendencia al alarmismo apocalíptico. Su título, una propuesta de Luis, es una referencia al cuento del brujo postergado de Borges. Muy apropiado. El sistema basado en contratos temporales flotantes fuerza a muchas personas talentosas a dejar la disciplina y es un desperdicio de recursos y entrenamiento en general. Esto contradice el discurso sobre la prioridad de la ciencia, la educación y la tecnología en el contexto económico actual. ¿Si es tan prioritario por qué tanto desperdicio? En las jerarquías científicas más altas hay mucha gente con buena voluntad pero también hay mucho cinismo y mezquindad alrededor. Es fácil dejarse tentar por la mano de obra barata que con tanto entusiasmo ofrecen los aprendices y los “postaprendices”. La vocación científica tiene una buena carga de pasión. Hay muchísimas promesas implícitas falsas y poquísima claridad con los muchachos que apenas inician sus carreras. Alguien en twitter me dice que mi columna es un plagio/traducción de este artículo de The Economist. Hay montones de artículos sobre eso en todas partes (recibo enlaces a otros en los comentarios). Supongo que es una estudiante que no ha llegado al momento de su vida profesional donde uno descubre esos problemas sin necesidad de leer revistas. En mi caso personal, la decisión de abandonar las aspiraciones académicas fue motivada principalmente por mi deseo de estar con Mónica y ver crecer a mis hijos. Me cansé de estar lejos y frustrado con lo que hacía. Ahora cuido a la chiquita y cuando tengo tiempo escribo, estudio matemática, y miro mis opciones laborales sin afán. Mónica, por su parte, persiste en sus investigaciones con mucha disciplina. Es muy productiva. A veces es duro y la presión es grandísima pero disfruta lo que hace y es buena en ello. Las condiciones laborales nos preocupan pero nos hemos acomodado y vivimos como queremos vivir, no nos podemos quejar. Algo aparecerá después. Así funciona. Cuando deje de funcionar supongo que buscaremos algo distinto. Afuera de la academia hay bastantes cosas. En últimas, como me dijo Clara ayer, uno trabaja en lo que le dé trabajo.

Sin título [1977]

En alguna parte de esta novela alguien habla un cuadro que tiene un hueco en el centro. La mención parece casual pero tal vez no lo sea. Sin título [1977] se refiere al nombre de un cuadro imposible de pintar. Su sustancia, como un fantasma, atormenta a los miembros de una familia aristocrática bogotana consecuentemente disfuncional. Capa a capa, Posada revela en tres monólogos intercalados los ingredientes que componen el cuadro. El primer monólogo es el de un viejo atrapado en su demencia nostálgica. El segundo es el de su hija, la pintora del cuadro, quien en medio de una crisis matrimonial que parece definitiva asimila las razones reprimidas que la llevaron a distanciarse de su papá. Y el tercero, probablemente el mejor de los tres, el de un niño pequeño, el hijo mayor de la familia, que desde el pasado destapa los secretos escabrosos que prefiguran el momento perdido. El niño, devenido en detective sociosexual, carga el peso emocional de la trama. Los tres monólogos conforman en conjunto un triángulo de incomunicaciones donde cada personaje está hundido en su drama personal y están incapacitados, por sus circunstancias, por el pasado que comparten, añoran o viven, para expresar lo que sienten. Esta incapacidad insalvable determina sus vidas.

Galleta

Yo estaba un poco asustado con el tamaño de las galletas pero al final se comió dos ella sola sin mucho problema.

Zanahoria

Primera comida: puré de zanahoria. Le gustó.