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Bonsai

D. hace bonsai. Le pregunto cómo aprendió. Me dice que desde siempre ha estado interesado en la horticultura y en uno de los invernaderos donde trabajó conoció a un hombre que los hacía. Quedó fascinado. Buscó información. Leyó varios libros y se inscribió en el club de bonsai del pueblo. Le digo que debe ser difícil. Me responde que si uno sabe cómo crecen los árboles no tiene ningún misterio. Me dice que es afortunado de poder ganarse la vida con su pasión.

D. tiene tres hijas y un hijo. Su mujer era una indígena canadiense. Era adicta a las drogas y D. estaba alcoholizado. Hace unos años la mujer lo dejó. Se llevó a los dos hijos menores a la reserva indígena. D. fue por los niños a la reserva y exigió su custodia, argumentando que la mujer no estaba en condiciones de cuidarlos. Casi lo linchan pero finalmente volvió con los dos niños al pueblo. Esos cuatro niños son su vida. Hace unos dos años dejó de tomar y recientemente consiguió un trabajo como jardinero de bonsai de un señor con mucha plata. A eso se dedica ahora. Le pagan bien.

D. carga siempre una botella de dos litros de coca-cola light y fuma obsesivamente. Casi no habla con nadie. En el celular lleva fotos de un bulldog inglés. En la casa tiene en este momento cincuenta y nueve bonsai. Los últimos tres los recibió la semana pasada. A veces se los regala a sus amigos. La mamá de los niños murió de sobredosis de heroína hace un año.

The Loved Ones

La dulce Lola y su papá secuestran y torturan inmisericordemente a un pobre desgraciado que tuvo la suerte de que Lola se interesara en él y que, para colmo, recién se recuperaba de la muerte trágica de su papá en un accidente. Todo parece indicar que esta no es la primera vez que Lola y su papá invitan un amigo del colegio a su casa para taladrarle la frente luego de humillarlo y grabarle un corazón en el pecho con un tenedor. Lo suyo es una afición que ya suma varias víctimas, las cuales preservan lobotomizadas y en estado bestial en el sótano de la casa. En el transfondo esta es la historia de un papá complaciente rendido ante los caprichos desmesurados de su hija. Esa es una opción. La otra opción es que el papá use a su hija como excusa para explorar sus debilidades sádicas. Como sea, parecería que había un problema de comunicación y asertividad (o falta de) ni el hijueputa ahí. Hay familias que se descuidan y terminan con la sala de la casa convertida los fines de semana en una sala de torturas medievales. Creo que esa es la enseñanza principal de esta película australiana.

Sin título [1977]

En alguna parte de esta novela alguien habla un cuadro que tiene un hueco en el centro. La mención parece casual pero tal vez no lo sea. Sin título [1977] se refiere al nombre de un cuadro imposible de pintar. Su sustancia, como un fantasma, atormenta a los miembros de una familia aristocrática bogotana consecuentemente disfuncional. Capa a capa, Posada revela en tres monólogos intercalados los ingredientes que componen el cuadro. El primer monólogo es el de un viejo atrapado en su demencia nostálgica. El segundo es el de su hija, la pintora del cuadro, quien en medio de una crisis matrimonial que parece definitiva asimila las razones reprimidas que la llevaron a distanciarse de su papá. Y el tercero, probablemente el mejor de los tres, el de un niño pequeño, el hijo mayor de la familia, que desde el pasado destapa los secretos escabrosos que prefiguran el momento perdido. El niño, devenido en detective sociosexual, carga el peso emocional de la trama. Los tres monólogos conforman en conjunto un triángulo de incomunicaciones donde cada personaje está hundido en su drama personal y están incapacitados, por sus circunstancias, por el pasado que comparten, añoran o viven, para expresar lo que sienten. Esta incapacidad insalvable determina sus vidas.

We need to talk about Kevin

La justicia distribuye responsabilidad de acuerdo a la intencionalidad del crimen y las contribuciones individuales en su ejecución. Asumimos que este es un proceso racional y por ende confiable, supervisado por el aparato social que administra la verdad. Se espera que esta distribución no sólo aclare los vectores causales que determinaron el horror sino que, mediante una delimitación precisa de autorías, libere de culpa a quienes podrían ser condenados debido a algún tipo de proximidad circunstancial. La culpa, sin embargo, es un sentimiento que no atiende a la razón. El proceso penal puede evitar el linchamiento pero no el tormento. Quien culpa o siente culpa no admite que la desconexión causal explícita diluya los vínculos subjetivos que internamente sustentan la necesidad de castigo. A veces, no importan la voluntad, el esfuerzo o la presión, es imposible establecer la distancia liberadora. La mancha no se va. La expiación es recursiva. Nunca termina.

Tilda Swinton
La mamá siempre tiene la culpa.