Rango Finito

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fantasmas

Delusión

Los paños de agua tibia no arreglan nada pero consuelan, que es una forma de sanación simbólica no sin mérito.

De camino al colegio, en el bus, la niña me explica que no basta con ponerse una sábana encima para ser un verdadero fantasma, lo esencial es primero estar muerto. Ahora pienso que tal vez me lo explicó en el cuarto, mientras me vestía.

En el chat del trabajo alguien habla largamente de los beneficios de una dieta balanceada acompañada de ejercicio y cómo esta receta infalible lo curó de sus problemas cardiacos. Iba a escribir conversatorio en lugar de chat pero me contuve. Merezco un premio o algo.

De regreso, en otro bus, oigo música y leo artículos de prensa. Llovía. No me mojé gracias a mi fiel sombrilla robada en el metro de Seúl.

Ya en la casa, después de comer, leo un rato sobre variables instrumentales y modelos de causalidad, un negocio que más que estadística parece a veces filosofía aplicada (bajo el cual intuyo un marco categórico por desenterrar). Entiendo (un decir) apenas lo básico muy básico y me imagino diagramas pero ya estoy aburrido más que cansado, así que miro al techo un rato corto y sopeso el dolor actual en el ojo. Me convenzo de que ha de ser menor que ayer y procedo a contemplar una nueva dosis de paños tibios para que no digan que no me someto al régimen impuesto por la médica. A esa delusión de que estoy mejor la llamo consuelo. Se vive mejor sumergido en eso.

Supervivencia

Hace poco noté de nuevo (es un descubrimiento recurrente) que mis preparativos para el fin de la civilización o una teleportación stúbita a otra dimensión se limitan a acumular cuadernos y equipo para dibujar y escribir en el morral. Es algo que he hecho sistemáticamente desde que era pequeño con la confianza de que mis cuadernos y esferos de colores me salvarán de los monstruos o por lo menos de la soledad. Y supongo que ha sido así. Es solo que los mundos donde me materializo son el mismo mundo donde estoy y donde de cualquier modo me siento aislado y fantasmagórico, presente apenas a medias y por lo general aburrido.

24

La semana pasada hablé en la cafetería con un señor de unos noventa años que trabaja como archivista en una iglesia. Me preguntó de dónde vengo y le dije que Colombia. Me preguntó en qué idioma hablaba. Dijo que Colombia debía ser un lindo país. Me preguntó el nombre de la niña también. Dijo que en inglés existía “Laila” pero no “Laia”. Después habló de un viaje desde Vancouver hasta la frontera con México. Del otro lado de la frontera estaba Tijuana. No se atrevieron a cruzar. Me dijo que había viajado por todos los Estados Unidos pero nunca había estado en Nueva York (en Boston sí; prefería Boston). También me contó de un viaje que hizo alguna vez con su mujer desde Vancouver hasta Nueva Escocia, de un lado al otro del país. Sonaba orgulloso. Cuando se fue le abrí la puerta de la cafetería para que pudiera salir con su caminador.

Hoy lo volví a ver en la nueva cafetería del barrio. Me preguntó el nombre de la niña. Me preguntó de dónde venía. Me contó de su viaje truncado a México. Me habló de su aventura de un lado al otro de Canadá. Repitió cada historia y cada comentario en el mismo orden. Le costó recordar el nombre de Tijuana esta vez. Hice la mejor cara que pude. Asentí y sonreí. Repetí algunas preguntas también.

Fantasmas contra Extraterrestres

La edición de Fantasmas contra Extraterrestres corrió a cargo de Inga Pellisa, que contuvo con valentía el ya mítico espíritu indómito del autor. Yo hice las lecturas de rigor, sugerí unos cuantos cambios en pos de la legibilidad y monté el libro en formato digital. Todo lo que esté mal es mi culpa.

Fantasmas contra Extraterrestres es un relato de Javier Avilés que decidimos editar en formato digital y distribuir gratuitamente en línea imitando el esquema que propuso Radiohead para In Rainbows, i.e., descargue ahora y si le nace pague después (o nunca). Una vez más queremos explorar en plan punk formas de prescindir de intermediarios (o al menos reducir su cuota) para distribuir a bajo costo buena literatura, ojalá con alguna compensación para el que escribe. Dado que el autor es Avilés, la historia rehuye cualquier posibilidad de resumen así que no me desgastaré intentándolo. Sólo diré que habla sobre videojuegos, extraterrestres antropomorfos (o no), ectoplasmas, moralismo alemán, viajes en barco, descensos a los infiernos, ciencia ficción y, por supuesto, Beckett. En la primera edición que colgué había borrado por error todas las apariciones de la palabra “juego” del cuento. El efecto era inquietante, especialmente considerando que la narración orbita alrededor de un juego de video sobre una invasión extraterrestre a un mundo abandonado a los fantasmas. Varios de los primeros lectores pensaron que era un recurso deliberado. Este problema (¿por desgracia?) fue resuelto en la versión que ahora está disponible. Como siempre, lean y difundan.

Regret

So you want to kill yourself. That’s good. That’s PURPOSE. I’m not going to try to change your mind. I trust you: you’ve thought about it and really know what you’re getting into because, let me tell you, death is not easy, nice or final. It hurts like hell and you feel, trust me on this one, that it will never end (and in a way it doesn’t—the agony is eternal). Thus I assume you’ve considered your options and after some analysis you’ve come to the conclusion that dying is the only way out of your current (and most certainly tragic) situation. I am actually kinda proud of you for being so mature and rational about this. I respect you. Most folks come here saying that they want to kill themselves and when I ask if they’ve gone over the prerequisites they’re like what the fuck, boet, I thought you were gonna help me, so I have to tell them that my services are only for those who have done the deeds. I am not really judging them nor doubting their sincerity. I understand my position: they pay, I facilitate their demise. I don’t care if they’re dead or alive, but I want to minimize the chances of regret. It’s happened to me before: they die and then they come back complaining about the aftershit. It’s not as good as they hoped it would be. There is no heaven. I hate the food. The music is cheap. What did they do to my grandmother. That sort of crap. Or they’ve just realized that there was a trivial solution to their stupid personal dilemma but now it’s too late for that and they hate me for having so effectively done my part. That’s what I try to prevent. I don’t like ghosts flying around my room at night, screaming in sorrow and calling me names. It’s exhausting. I already have my wife and children for that.

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Lake Mungo

En mi teoría de bolsillo de lo sobrenatural que pretendí ilustrar parcialmente en Inframundo, la muerte es un portal a una existencia fuera de la línea del tiempo que arrastra/rodea al espacio. Esto permite que dos reencarnaciones consecutivas no se ciñan al orden cronológico o incluso convivan en un mismo lapso de tiempo. Lo mismo aplica a los fantasmas y sus efectos asociados. La onda de la muerte es expansiva en toda dimensión concebible. Los condenados a muerte hablan con sus espectros arrepentidos un mes antes de su ejecución, se prometen cosas. Una casa es protegida por el espíritu en pena del niño que nacerá en ella medio siglo más tarde. Los fantasmas son tristeza, impotencia y nostalgia, pero también ansiedad y desconcierto ante el abismo incomprensible del futuro.

Lake Mungo Muerta
Siempre es posible regresar.

Larry

El fantasma del parqueadero es amigable. Abre las puertas y se asegura de que todos lleven puesto el cinturón de seguridad. A veces se sienta justo detrás de mí y me pregunta intrigado para dónde vamos pero al final nunca va. Conoce mi nombre. Sabe cosas sobre mi vida. Se preocupa por nosotros. No sale en las fotos, pero aparece sólido en el espejo retrovisor. Es un señor viejo de papada amplia con camisa de cuadros y tirantas. Luce emocionado, como si hace mucho tiempo no saliera de su casa. Lleva una gorra de los Blue Jays y le faltan varios dientes. Una vez le pregunté a dónde le gustaría ir y me dijo que quería volver pero no supo decirme a dónde. La superintendente dice que era el marido de una antigua inquilina del edificio que se fue hace un par de años a vivir con sus hijas en Toronto. Murió en su cama, de viejo. Llegó muy joven a Canadá proveniente de Escocia. En London trabajaba como contador y mecanógrafo. Todo lo que sabía lo aprendió en cursos por correspondencia. Tenía un problema en el brazo que le impedía manejar. Adoraba los trenes, igual que yo. Vivió en nuestro apartamento treinta y seis años. Se llamaba Larry. Últimamente duerme en la sala, con los gatos, y hace té para todos cada mañana sin falta. Luego se baña largo en la ducha y canta. Todavía no sé adónde va por las mañanas.

Translúcida


(clic)

Proyección

La interacción del fantasma con el mundo vivo es modulada a través de una proyección de lo vivo en lo muerto. En tanto que proyección, es falsa, producto perverso de su propia nostalgia. El tormento del fantasma radica en su incapacidad para emerger de la proyección, que lo atrapa en sus remordimientos y le impide continuar su camino hacia el estado de calma y ausencia de dolor comunmente conocido como Satori. Su contacto con el mundo vivo es un sueño dentro de sí mismo. Mientras que el fantasma habite la proyección, su memoria persiste. Esto le impide acceder a una muerte plena. Su condición fantasmal es el castigo que merece por negarse a aceptar la inexistencia del pasado.

(clic)

Sondeo

En un sondeo improvisado entre mis amigos en una red social que no mencionaré, un treinta y cuatro (34) por ciento de los entrevistados (9723 personas en total) expresó interés abierto por la existencia fantasmal una vez muera. “Me gustaría ser el fantasma de alguien que sufrió una muerte horrible y atormentar hasta la locura a los culpables de su dolor”, me dice un hombre divorciado colombiano de cuarenta y tres (43) años con facilidad para las fotos comprometedoras de piscina radicado en Cajicá, Cundinamarca, Colombia. Pero luego aclara: “Aunque ojalá sin tener que sufrir la muerte horrenda personalmente, obvio. No sé si eso se pueda. No sé si se pueda ser el fantasma de alguien más.” De este treinta y cuatro por ciento, un diecisiete (17) por ciento cree en la existencia cierta de fantasmas y apenas un cinco (5) por ciento asegura haber tenido encuentros paranormales directos que justifiquen su creencia. Sólo un entrevistado (mujer colombiana “es complicado” de cerca de treinta (30) años radicada en Europa desde hace aproximadamente seis (6)) admitió haber tenido encuentros sexuales repetidos con lo que describió como entidades ectoplásmicas. Fue imposible contactar a las entidades ectoplásmicas involucradas, ambas residentes en Madrid, para reconfirmar esta información. Dato curioso: un once (11) por ciento de los entrevistados se negaron a contestar el cuestionario aduciendo lo que categorizaré como razones religiosas. Perdí tres (3) amigos en el proceso.

Perdido

Hay un fantasma en la estación de Transmilenio de la calle treinta y cuatro con Caracas. Mi hermana, que lo ha visto, me contó. Se dice que es el alma en pena de un hombre que murió atropellado por un bus intencionalmente sin frenos hace veintitrés años en ese mismo lugar. Es inofensivo. La policía no se mete con él. Llegó cuando construyeron la estación y nunca se ha ido. Lleva una maletita de cuerina a medio abrir y un legajo de papeles debajo del brazo. Tose. Luce confundido. Se aparece por las tardes, hacia las cuatro y media, frente al mapa de las rutas, y le pregunta a la gente que pasa cómo hace para llegar rápido a Cedritos. Cuando alguien le explica, agradece, dice al aire No me joda, qué mierdero tan hijueputa, y se mete a empujones en el primer bus que vaya hacia el sur. Una vez adentro, apresado entre la masa rabiosa, se difumina en un grito de ira y horror. Su rutina diaria es una de las atracciones turísticas mas recomendadas del sector.

Fantasma

¿Cómo mira el fantasma a la vida? ¿Con nostalgia? ¿Con rencor? ¿Con sospecha? ¿Con confusión? ¿Con fascinación? ¿Con resignación? ¿Cómo habla el fantasma? ¿Qué dice? ¿Qué piensa? ¿Quién se siente? ¿Cuál es su lenguaje? ¿Por qué medio(s) se transmite? ¿Cuál es la relación del fantasma con su muerte? ¿Se identifica con sus rastros/restos vivos? ¿A qué teme? ¿Cómo experimenta placer? ¿O dolor? ¿Cuál es su experiencia del tiempo y el espacio? ¿Cuáles son su rangos de presencia y percepción? ¿Qué cuerpo/receptáculo habita? ¿Cómo se define como individuo? ¿Vive el fantasma? ¿Una vez el fantasma se reconoce como tal acepta la existencia del mundo espiritual o sólo amplía su noción de lo físico? ¿Todos los fantasmas están solos? ¿Todos los muertos son fantasmas? ¿A qué aspira el fantasma? ¿A deshacerse? ¿A recomponerse en el todo? ¿A regresar? ¿A perdonar? ¿A olvidar? ¿Tiene sentido la felicidad?

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Vocabulario


Fantasma

Sábado y domingo (En directo)

Recuerdo que hace algunos años, tras el incidente Pezón de Janet Jackson, salió a relucir el hecho más o menos obvio de que los eventos que se transmiten en directo realmente no se transmiten en directo. O sí, casi, pero no de inmediato. Además del tiempo que transcurre entre la captura de la imagen y su transmisión, hay un período breve cuando tiene lugar la producción, que permite, entre otras cosas, aplicar ciertas medidas de censura o elegir los mejores ángulos. A raíz del atisbo de teta en pleno Super Bowl se discutió la posibilidad de extender este delay unos segundos más. En respuesta, el pueblo teledependiente en pleno pidió respeto a su dignidad de espectador/consumidor/producto. Cinco segundos eran tolerables pero quince eran demasiados. El pueblo teledependiente exigió (y exige) inmediatez. Las transmisiones en directo ofrecen la ilusión de que la captura del instante retratado no ha sido manipulada. En ese sentido, funciona similar a la captura aficionada de video improvisada (por lo general granulosa, sin foco, movida y sucia) que es cada vez más popular como documento de apoyo en cubrimiento de noticias violentas (aquí algo más al respecto). Al tiempo que la postproducción digital es cada vez más poderosa, barata y extendida, se generan formatos que supuestamente nieguen la existencia de intervención. Subsiste, increíblemente, la idea absurda de que el video es más robusto como documento testimonial que, por poner un ejemplo, la fotografía. Uno de mis temas favoritos, uno del que si tuviera el músculo me gustaría escribir algún día algo extenso y bien documentado, es el proceso mediante el cual se desarrollaron las técnicas de fotografía fantasmal a principio del siglo pasado. Creo que ya he hablado de esto (ahora no encuentro el enlace): una vez la fotografía se consolida como una herramienta documental, surge una comunidad mayoritariamente centrada en Inglaterra y luego Norte América (y que paradójicamente tiene al inventor de Sherlock Holmes (paradigma de la racionalidad estilo Pierce) entre sus seguidores más apasionados) que utiliza trucos de edición y revelado (sumados a la credibilidad en ese momento incuestionable de la fotografía) para demostrar la existencia de fantasmas. Estas técnicas (o sus limitaciones) permiten la creación de la idea visual del fantasma como un ente antropomórfico difuso semitransparente y pálido que antes no existía. De cierta manera, el llamado ectoplasma (supuesto material polimórfico del que estaban compuestas las manifestaciones espectrales) es también un producto de estas técnicas: se ha sugerido que nació como una explicación a manchas inexplicables en las fotografías fantasmales. Estas manchas, claro, eran explicables fácilmente una vez se reconocían los juegos de doble exposición, superposición y sobreexposición que eran necesarios para producir el efecto deseado (y aquí deseado va en cursivas porque, como sugerí antes, los fotógrafos involucrados en realidad no sabían qué era lo que querían mostrar). Una vez establecidas como parte del fenómeno sobrenatural, los fotógrafos procedieron a desarrollar métodos que enriquecieran las manchas y les permitieran ejercer cierto control sobre el aspecto de las mismas. Como sea, el punto es que los métodos de captura de la inasible realidad objetiva (ese sueño) son de inmediato secuestrados por aquellos que quieren decidir el carácter de la realidad (incluso se podría decir que todo aspirante a representador de la realidad tiene ese propósito), pero aún así la masa teleadicta ilusa aspira a la adquisición de la verdad a través de estos medios altamente retocables y, con ese propósito, otorga valor agregado (en ocasiones paga por ese derecho) a presenciar transmisiones en directo de eventos sobre la transmisión en diferido de los mismos (aquí aprovecho para preguntar si existirá algún mecanismo psicológico/neurológico que recompense la sensación de inmediatez sobre la de presenciar el mismo hecho en pasado). Esto sin mencionar el sentido de comunidad global que genera la combinación de estas transmisiones con medios instantáneos de interacción social en línea (que a su vez exigen que los medios de comunicación que los alimentan con temas reaccionen cada vez más rápido a lo que ocurre (sin importar el sacrificio en sustancia)). Para cerrar, digamos que esto son unas notas para un proyecto de ensayo (que probablemente nunca escribiré) para así disculpar la dispersión descarada. Culpen al calor.

Lectura

(clic)