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Bobby Fischer Against The World

La columna del sábado pasado fue desencadenada por este documental tristísimo sobre la vida de Bobby Fischer. La historia de la renuncia de Fischer me recordó que hacía años que quería escribir algo sobre el viaje de Grothendieck a Vietnam. En realidad pensaba en un texto más extenso, pero la columna era una buena oportunidad para retomar la historia así fuera en un formato breve. Al igual que Grothendieck, Fischer creció aislado del mundo, atrapado en su obsesión. Desde los ocho años jugaba más o menos profesionalmente. También como Grothendieck, abandonó la práctica de su pasión en la cima: acababa de vencer a Spassky en Islandia por el campeonato mundial de ajedrez después de veintiún partidas accidentadas. Fischer era una persona frágil y sus inseguridades, más que motivaciones políticas (las cuales adoptó tarde y no para bien), lo llevaron a escapar del éxito que había alcanzado y esencialmente autodestruirse. La presión de la exposición pública lo aniquiló. A diferencia de Grothendieck, su desaparición no fue voluntaria ni el producto de nuevas búsquedas vitales. Fischer quería escapar porque el miedo a la derrota lo atormentaba. En esa huída se perdió.

The Queen of Versailles

El dinero tiene valor en tanto que creamos en su valor. Suena circular porque es circular. Obviamente hay sutilezas. Y no siempre fue así. Originalmente había respaldos físicos por cada billete que garantizaban en caso de necesidad su capacidad de intercambio. Luego esos respaldos fueron cayendo, reemplazados por la confianza colectiva en las instituciones que los emiten. Libre de anclas físicas la economía creció. Así llegamos a este punto donde el dinero son registros difusos en sistemas informáticos financieros. Es de esas cosas en las que es mejor no pensar, como la inevitabilidad de la muerte. Mi impresión es que los inmensamente ricos son más conscientes de la irrealidad del dinero que quienes dependemos de la administración cuidadosa de uno o dos salarios mensuales. Mejor dicho: a partir de cierta escala el dinero se gasifica y su manejo requiere o cinismo abierto o ignorancia intencional (complementada con psicoactivos). Son debilidades que es necesario asumir para poder sostener la cordura (?) dentro del absurdo del exceso.