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fútbol

Futbolistas cuantificados

Durante el mundial recopilé, partido a partido, las estadísticas de jugadores que publicaba Who Scored. Con esos datos armé la serie de reportes que improvisé para Mundo Pelota. Las tablas que ofrece el sitio eran acumulados de todos los partidos jugados hasta el momento así que debía descargarlas regularmente para extraer los datos correspondientes a partidos recién jugados (sustrayendo números de tablas acumuladas anteriores). Escribí un script en R (impresentable al público en el estado actual) que entraba, sacaba los datos de una variable en en un script de javascript de la página que generaba la tabla en cliente (un desastre de código, si me preguntan — espero que no lo hicieran así para celar los datos), armaba una tabla y extraía los datos correspondientes a los partidos jugados durante ese día. Hace rato que tengo las tablas pero no había hecho la tarea de organizarlas y limpiarlas. Finalmente ayer les dediqué un par de horas y las subí a este repositorio en GitHub.

Aquí, por ejemplo, una gráfica con estadísticas de duelos aéreos y estaturas usando los datos acumulados de todos los jugadores que participaron en más de tres duelos aéreos durante el mundial:

duelosaereos

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Por estos días escribo en Mundo Pelota, un blog colectivo que Óscar organizó y montó para echar carreta sobre el mundial. Continuando con la tónica cuantitativa que llevo desde hace unos meses, he bajado datos de jugadores de WhoScored.com y pienso ir armando pequeños gráficos estáticos (y tal vez alguno interactivo) a medida que se acumula información con cada serie de partidos. Por lo pronto he escrito algo sobre el índice de masa corporal de los jugadores y algo sobre duelos aéreos y estatura. En el blog la categoría de estos ejercicios será Cuentas Alegres. Más adelante subiré los datos y código a este repositorio de GitHub.

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suramerica.fifa

Daniel quiere hacer algo predictivo (creo) con “datos” sobre el mundial de fútbol y esta mañana me pidió que lo ayudara a bajar las tablas del ranking de la FIFA. Después de bajarlas y organizarlas no me aguanté y armé rápidamente esta gráfica que muestra el comportamiento de las selecciones nacionales de los países suramericanos en el ranking desde 1993 hasta hoy. En lugar de unir los puntos del ranking en cada mes preferí suavizar los datos usando loess (el algoritmo por defecto para este tipo de tareas). La sombra alrededor de cada curva representa el margen de confianza para la estimación (al 95%). No se ve mal Colombia.

(Aquí lo que se ve si no se suavizan los datos.)

A ver qué más hace Daniel con esos números.

Buenos rearranques

Juan Camilo retomó su viejo blog publicando regularmente artículos largos sobre asuntos de su interés, como la historia, la política y el fútbol. Creo que son producto de su participación en este taller. El último trata sobre el renacimiento del Atlético de Madrid:

La última vez que el Atlético de Madrid tuvo un inicio de Liga semejante (6 victorias y un empate) fue en la temporada 1995-1996, en la que eventualmente los rojiblancos del Manzanares salieron campeones, con un ataque comandado por Kiko Narváez y un medio campo conformado por figuras de grata recordación entre la afición colchonera, como el Cholo Simeone y José Luis Pérez Caminero, actuales director técnico y director deportivo, respectivamente. Tras esa fabulosa temporada, vinieron años oscuros, en los que para el hincha promedio tocó hacer de tripas corazón y aprender a soportar las constantes burlas de los seguidores del vecino de patio, el todopoderoso Real Madrid que no sólo ganó varias Ligas sino que también se hizo a tres Champions. Mientras Cibeles era gozo y alegría, en Neptuno reinaba el silencio. Hoy en día, la afición del Calderón se vuelve a ilusionar con una camada de jugadores que no sólo tienen el tesón de aquellos que jugaron en esa tarde de marzo en que los fui a ver, sino que además poseen un talento digno de resaltar.

Fútbol y nacionalismo

El nacionalismo futbolero, a diferencia de su contraparte fascista, admite con agrado a todo aquel que quiera sumarse a la masa ilusionada con una victoria. En las selecciones europeas los hijos de inmigrantes son, para cada hinchada, héroes, orgullo y ejemplo. Por noventa minutos la xenofobia, los regionalismos y el racismo dominantes se diluyen (o cambian de blanco negro) y los países (salvo excepciones) parecen de verdad compuestos por sociedades diversas e integradas. Es gracioso ver a los jugadores cantar el himno con solemnidad, como si no notaran que ese equipo que conforman constituye un símbolo de identidad nacional más consolidado y extendido que cualquier bandera o canción de guerra nostálgica.

Talentos descolocados

Pensaba esta tarde que Brave es posiblemente la mejor película de princesas producida por Disney en décadas pero al mismo tiempo es el peor largometraje producido por Pixar en toda su historia (descontando a Cars, que es un horror). Igual no es que sea mala, es sólo inferior a la tradición de la compañía.

También pensaba, y no sé por qué siento que esto conecta con lo anterior, que el principal problema de la selección española de fútbol es que Leonel Messi es argentino.

Martes (¡Calcio!)

Primero la base histórica: el 17 de febrero de 1530, la ciudad de Florencia, bajo el sitio imperial español impuesto en colaboración con el Papa, burla las reglas impuestas por Carlos V (que impedían, entre otras cosas, la celebración del carnaval) con la organización de un partido de calcio, ese deporte de pelota de la familia del cuju, tradicional en la región y asociado principalmente con las ferias y el entrenamiento para la guerra. El imperio, desde las afueras de la ciudad, dispara cañonazos contra la plaza de la Santa Cruz, donde discurre la partida, para amedrentar a los republicanos envalentonados, pero el juego nunca se detiene. No se sabe cómo terminó el partido, pero se sabe que la ciudad de Florencia recuperó ese día la moral perdida y resistió valiente el sitio por muchos meses más. Esa es la historia.

Pero las historias son sólo historias. El pasado es una cosa, una incomodidad perceptual propia de sociedades de individuos con suficientes conexiones neuronales, y la historia es otra. La historia, como la veo yo, es una herramienta que sirve a un propósito dentro de un contexto. Permite, por ejemplo, establecer un precedente que a su vez sirva para alcanzar un objetivo futuro, o al menos defender un honor, un símbolo, o simplemente la nostalgia (i.e., el derecho agridulce a creer que fuimos). La fortaleza de las historias que componen la historia no se mide en la constatación empírica porque el pasado no existe, no está, es opaco, etereo, disperso y basado en documentos que son, también, parte de ese juego de versiones en el que se debate el establecimiento de la historia, así que sólo queda el debate, generalmente dentro del hermetismo académico, tan solemne, que es como una justa por el derecho a decretar la verdad de manera local basada en el acuerdo puntual entre dos o más individuos en un ambiente cerrado y controlado donde, por un instante, la certeza difusa se manifiesta, a ojos de los presentes, pura y plena. El proceso es recurrente. La historia, esa herramienta para iluminar lo que somos, es el debate reiterativo e imperfecto de la misma historia.

Y entonces, claro, todo vale y todo es cierto (dentro de cierto contexto). Y puede pasar, ¿por qué no?, ¿por qué dudar?, que tras el partido histórico de calcio del 17 de febrero los españoles rabiosos, desesperados, ofendidos por la insolencia republicana, hayan retado a los florentinos a un partido de calcio (uno singular e irrepetible) que decidiera la suerte de la ciudad. Y puede pasar que esta sea una historia perdida en la historia; una anécdota relatada en sus memorias, entre otros, por un joven español que algún día viajaría a América para fundar la ciudad donde nací, sólo para que cuatrocientos y algo años más tarde resurgiera, en manos de un erudito italiano-judío refugiado en la Inglaterra de la postguerra, para dirimir de una vez por todas una de las disputas más importantes (todas lo son) de nuestra era.