Estaba pensando esta mañana en escribir una historia, o tal vez el capítulo de una historia, desde la perspectiva de un personaje que recuerda el futuro inmediato: lo ve llegar y lo reconfirma con cierta decepción, siempre a la expectativa de una sorpresa, de una señal que lo guíe por fuera de la tristeza de lo predecible; déjà vu acentuado hasta el hastío. Esto ha sido probablemente ejecutado antes y en muchas formas distintas (un ejemplo notable y el más cercano a lo que busco que se me ocurre: el personaje de Duncan en MIND MGMT de Kindt), pero no recuerdo ninguna donde se enfatice lo suficiente la claustrofobia de saberse determinado y por tanto vacío. Aunque somos máquinas anticipadoras tengo la sospecha de que nos motivan igualmente las divergencias que rompen cualquier sentido de lo esperado. De ahí la pulsión por las incertidumbres de la experimentación, el riesgo y la aventura.