Nadie había señalado hasta ahora el hecho para mí obvio de que la explotación de una menor de edad, con o sin violaciones y maltratos físicos, es una atrocidad inaceptable. Cuando los hermanos de Mónica Sánchez dicen que la niña era bien tratada se refieren a que era tratada de acuerdo a su condición. Y esa condición, aún hoy, no los perturba. Incluso la describen como un acto de generosidad por parte de su familia. Esa es la perspectiva predominante. La explotación es aún tolerada y elogiada siempre y cuando el abuso no sea excesivo.