Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

gente

215

Anoche llegó Ayhan. No lo veía hace cinco o seis años. Hoy lo llevé a visitar la estatua de Bolívar en Trinity Bellwoods. Como yo, Ayhan es un bolivariano radical. Mañana estaremos en una conferencia para celebrar el trabajo de Lou van den Dries. Será una semana curiosa, de muchos encuentros con personas que hace mucho tiempo no veo.

Exclusivo

Todo tipo de fuerzas (algunas más sutiles que otras) promueven la exclusividad como aspiración: lo importante no es tener, eso ya no es suficiente, sino tener y saber que otros (tantos como sea posible) no tienen. Sin esa certeza la satisfacción (no lo dicen, nunca lo dirían, sólo lo hacen sentir) no puede ser plena. El (dudoso) éxito y la (odiosa) clase se miden por la cantidad de exclusividades acumuladas y expuestas: colegios, parques, piscinas, conjuntos cerrados, vehículos, calles, sirvientes, comidas, fiestas, reuniones, contenidos, información, accesos a servicios. A veces, por disimular, esta aspiración (a aislarse y excluir) se excusa como la única forma sensata de garantizar seguridad, tranquilidad o calidad. Compartir es riesgoso e ingenuo. Ser solidario es una debilidad idealista.

Es una forma de pensar/modelo de vida que hay que resistir. Nos encierra y entristece.

4

El domingo llamó un estafador que ya ha llamado otras veces haciéndose pasar por un pariente de Mónica que vive en Estados Unidos. Lleva un acento venezolano o panameño, tal vez, con palabrejas en varios registros por si las moscas. La estafa es transparente (“¿Quién crees que te puede estar llamando, tío?”) pero pareciera que hay gente que cae. La primera vez le seguimos el juego un rato largo dando vueltas hasta que se aburrió. La segunda vez lo mandé a comer mierda a las tres frases. Parece que no son lo suficientemente sistemáticos como para llevar un registro de a quién han llamado y a quién no. El domingo resolví improvisar una estrategia distinta: fingí alegría de oirlo, le dije que me sorprendía cómo le había cambiado el acento y apenas me dio oportunidad me solté en una historia dramática de niña enferma en el hospital y nosotros ya entregados a la voluntad de Dios (creo que dije “El Altísimo”). Le dije que le agradecía la llamada y la preocupación. Le dije que sabíamos que él estaba pendiente. Aunque se notaba incómodo me respondió que él también estaba elevando las oraciones al cielo por la niña y que lo aliviaba saber que todo había salido bien. Le dije que todavía faltaba la operación grande y que había muchos riesgos pero nosotros no perdíamos la esperanza. Le agradecí de nuevo la llamada y le dije que debíamos salir para el hospital. Se despidió acongojado y deseándome mucha fuerza. Le respondí que la necesitaríamos y le mandé un abrazo.

La próxima vez le voy a hacer una parecida pero al final, antes de colgar, le voy a decir que si él o alguno de sus amigos vuelven a llamar los voy a matar a todos.

Radicales libres

Larga entrevista a Bill Ayers en Guernica. Un pedacito que me gustó:

There’s another reason I have tried to engage the Tea Party again and again, and that is to try to show all the other people in the audience that it can be done, that you don’t have to barricade yourselves—progressives do this in the education struggle sometimes and it drives me nuts. They barricade themselves because they feel they are under such intense attack from the right and they don’t have weapons of their own, so they cringe and sit in their offices with their doors shut. The other thing I try to combat by talking to Tea Party folks, for example, is the sentiment across the political spectrum that we, “the good people,” know all the answers and nobody else could possibly understand the preciousness of these beliefs that we hold. And I think that’s bullshit. It’s elitist.