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Telegobierno

Más obviedades: que la extensión de la televisión y otros medios de acceso y consumo sencillo promuevan un ejercicio de la política y el gobierno mediante el espectáculo (o que recurre a técnicas publicitarias para difundir su gestión o propuestas) no puede ser una excusa para que la política y el gobierno se vuelvan actividades que existen solamente como espectáculo o con el espectáculo complaciente como fin último. En un caso concreto, la transmisión en directo de eventos gubernamentales, legislativos o diplomáticos, con todos sus beneficios democratizantes, puede transformarse con facilidad en un escenario donde los servidores públicos se rinden al telepúblico (o aprovechan su telepresencia para fortalecer su imagen) en lugar de ejercer su labor. No se me ocurre una manera sencilla de impedir o al menos controlar este fenómeno pernicioso que no implique sacrificar apertura informativa. ¿Cuál debería ser el límite?

¿Para qué Wikileaks?

Aquellos que, como yo, tienen problemas para entender la estrategia general de Wikileaks, tal vez les interese esta lectura cuidadosa (vía Vega) de un viejo artículo de Assange de 2006 (pdf) donde desarrolla la idea de los gobiernos autoritarios como conspiraciones.

Resumidísimo: Assange define una conspiración como una red de individuos que procesa, controla y produce información basada en aquella que recibe. La fortaleza de dicha red es medida por la fortaleza de los vínculos de comunicación entre los individuos que la conforman. Lo anterior es presentado más o menos formalmente en el texto de Assange. Sigamos: en un gobierno autoritario, el grueso de la información que le permite tomar decisiones se mantiene fuera del alcance de los ciudadanos a quienes supuestamente representan mediante una red de comunicación de información clasificada. Esta es una de las bases de su poder y en ese sentido puede ser visto como una conspiración. La pregunta central es cómo impedir que estos gobiernos se desarrollen y fortalezcan o, en caso de que ya estén instituídos, cómo reducir su fuerza conspiratoria hasta anularla. En contra del mecanismo usual de reducirla mediante la neutralización de individuos clave, Assange propone ejecutar acciones destinadas a debilitar la confianza de la red en sus propios canales de comunicación, limitando así su capacidad para conspirar. Una ventaja evidente de esta estrategia es que es independiente de la estructura particular de la red y se basa en el conocimiento de los canales que utilizan. Desde esta perspectiva, las filtraciones de Wikileaks, no importa la naturaleza de los documentos, obligan al aparato conspiratorio a tomar medidas para impedir futuras filtraciones (muy probablemente deshaciendo vínculos de la red o reduciendo su peso) y, a su vez, a dudar de la seguridad de sus sistemas de comunicación. La idea es que un ejercicio sistemático de debilitamiento de estos canales a la larga cambiará la manera como el estado funciona, al reducir el uso del secreto como herramienta de gobierno y blindarlo por ende a nuevas iniciativas autoritarias.

Tras el gobierno aparente, está entronizado un gobierno invisible que no se ha comprometido ni reconoce responsabilidad alguna para con el pueblo. Destruir este gobierno invisible y disolver la vergonzosa alianza entre los negocios corruptos y la corrupción política, es la tarea más importante del estadista actual.

T. Roosevelt (citado por Assange)

“Secrecy begets ever more secrecy. Dream of the end of secrecy.”