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gripa

Cuarto ciclo lunar

Ahora se duerme sola. Ese es su mayor avance. Se duerme fácil, sin bailes eternos por toda la casa. Sería casi revolucionario de no ser porque tuvo una regresión (sospechamos que es producto de la gripa) y la regularidad a la hora de comer fue la mayor damnificada. Esto obviamente me angustia porque mi religión se basa en garantizar que coma cada X horas (con X inamovible), y en el estado de conmoción actual eso es casi imposible de garantizar (para cualquier X razonable). Sergio dice que me falta carácter.

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El viaje a Nueva Orleans fue agradable. Laia disfruta el contacto y la interacción con otras personas y allá había gente y distracciones por todos lados (cosa que es más difícil ofrecerle acá en la casa). Eso contribuyó a que durmiera mejor y estuviera en general de muy buen ánimo. Durante una caminata larga por Magazine Street la acomodé en el cargador de tal manera que mirara hacia adelante. Una vez superó el vértigo del espacio infinito frente a ella parecía maravillada con la vista. También, luego, vimos nubes desde arriba.

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La gripa ha resultado suave. Queremos creer que los anticuerpos frescos en la leche de Mónica hacen la diferencia. Tenemos una solución salina para que baje los mocos y cada vez que podemos entra al baño durante las duchas a respirar vapor. De paso, empezamos a ducharla con nosotros. Le encanta el chorro de agua en la espalda y se ríe cuando le cae en la cabeza y el agua le corre por la cara. Hoy, aprovechando que la tina está recién lavada, estuvo hundida en agua hasta el cuello jugando con unos animales de caucho (publicidad de laboratorios clínicos) que le trajo mi mamá.

Laia (un poco bizca) y las peligrosas beignets de Café du Monde.

Jueves

Entonces. Sol esplendoroso versus nieve versus mocos que no me dejan respirar. Soy el señor de los mocos, deidad menor de mi panteón infantil, y me sueno en la ducha y en el lavamanos. Con agua, para no destruirme la nariz. He perdido amistades por confesar esto y mi matrimonio corre riesgo constante por esa misma razón. Mi costumbre de sonarme en la ducha mientras me baño, quiero decir. Creo que es una práctica de uso familiar, como levantar las manos en la ducha para recibir agua en los baños colectivos. Suénese duro, mijo, decía mi abuela. Y uno soltaba todo lo verde que tenía adentro sin pudor en ducha compartida con dos o tres primos más. El agua se lleva todo, era la idea. Pero entremos en detalles: para empezar, tengo los cornetes más grandes de lo recomendado por Dios, pero además mi fosa izquierda, por culpa del tabique curvo producto de un incidente de naturaleza parcialmente desconocida, sólo funciona a un treinta por ciento de su ya limitada capacidad. La derecha es mucho mejor en parte gracias a la misma curva pero, tal vez por eso, acumula muchos más mocos. El espectáculo no es agradable pero alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que liberarme, así sea por unos minutos, de mi congestión casi constante que se turnan amigablemente las gripas y mi rinitis. Me sueno primero a la izquierda. El esfuerzo por lo general me tapa los oídos. Siento que la cabeza va a explotar. En la derecha el fluído es mucho más suave pero también más abundante. Si estoy en la ducha me clavo el chorro directo contra la nariz hacia adentro y resisto. Dejo que el agua me limpie. Waterboarding ligero autoadministrado. Repito la operación. Se siente bien. Casi tan bien como estornudar con grito y sin contenerse. En los entretiempos leo. Hoy es mi día de descanso.

Miércoles

¿Dónde estoy? Esta mañana me desperté en un tren, nevaba afuera. Era enero de nuevo, el segundo o tercer día de clases, y ya estaba cansado. Sentí como si llevara meses en ese tren. ¿Dónde estoy? Un asesino en serie cuelga hombres para que su hermana muerta y encerada los vea morir (y no se muera (o vuelva a vivir)). Hace unos días cometí el pecado imperdonable de la intransigencia: un estudiante se acercó al final de clase y me contó que había estado enfermo el día del segundo examen y no había podido ir al médico ese mismo día, así que la burocracia de la universidad no quería aprobarle la excusa por falta de prueba. Quería saber si yo podía hacer algo. Le dije que no. Le dije que no dependía de mí. Le dije lo siento pero no. Le creo, todavía luce enfermo (aunque no peor que yo), pero le dije que no. Podría aceptar, podría decirle bueno y ya, hacer que su examen final contara por el final y el segundo examen al tiempo, no me costaría nada, pero le dije que no porque hay reglas y yo estoy bajo las reglas porque las reglas me protegen. ¿De qué? Intransigencia, ya lo dije. Me siento mal por eso. No sé qué hacer. O sí, si sé. Hablaré con él el viernes.