Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

guerra contra las drogas

Paradojas antinarcóticas

La columna de hoy habla de paradojas de la llamada guerra contra las drogas y señala una inconsistencia flagrante en políticas de control de los cultivos de acuerdo a la nacionalildad de quien arriesga el pellejo. La entrevista al general McChrystal está acá. Vale mucho la pena. Y aquí hay un intento de racionalizar la paradoja de Banach-Tarski en términos de estructura molecular para que tolerarla sea menos conflictivo. Del documental de Romeo Langlois y la muerte de José Cortez escribí algo muy corto hace unos meses. Ahí también se puede ver.

Obviamente las contradicciones que señalo en la columna no son ni mucho menos las únicas de esa estrategia bélica fallida para supuestamente combatir el consumo de drogas.

Liberen a Paul

Paul Frampton está recluído desde el 23 de enero de este año en la cárcel de Devoto en Buenos Aires. Su trabajo consiste en estudiar y diseñar modelos teóricos de la física de partículas y aislar aspectos concretos de estos modelos (consecuencias de las ecuaciones que los describen) que permitan confirmarlos (o descartarlos) en experimentos como los que hacen en el CERN. Frampton fue capturado en el aeropuerto de Ezeiza cuando se disponía a tomar un avión hacia Bruselas con dos kilos de cocaína en el fondo falso de una de sus maletas. La historia de cómo llegaron esos dos kilos a la maleta es confusa. Frampton es profesor en la universidad de Carolina del Norte. Es un señor de 68 años dedicado compulsivamente a sus investigaciones. Como tantos físicos y matemáticos profesionales, sus habilidades sociales son reducidas. Frampton asegura que alguien que se identificó como una modelo checa con tetas descomunales (mi descripción) lo contactó a través de una página de conexiones personales en línea y le propuso un encuentro íntimo en La Paz. Una vez llegó a La Paz la modelo le escribió y le dijo que estaba en Europa y todavía quería verlo, pero necesitaba que reclamara una maleta que había dejado en Buenos Aires o algo de ese estilo. Frampton, incapaz de desconfiar, aceptó. De estudiar modelos teóricos a perseguir modelos fantasmas. Suena inverosímil, pero es plausible. Cualquiera que haya pasado algún tiempo dentro del gremio conoce a tres o cuatro ejemplares (hombres generosos y adorables pero ingenuos de corazón) que, cargados con suficiente testosterona reprimida, podrían reproducir la aventura de Frampton sin dificultad. Frampton, de hecho, ya había tenido incidentes similares con supuestas mujeres en China, pero esa vez sólo lo estafaron. Ahora los físicos que lo conocen (Glashow y Witten entre ellos) solicitan su libertad al Gobierno de Argentina mientras Frampton ruega a las directivas de su universidad que no lo dejen sin salario. Para demostrar que lo merece (y así pagar un abogado y mejor comida), continúa trabajando desde la biblioteca de la cárcel (mediante un sistema de encomiendas de artículos en discos compactos pues no tiene acceso a internet) y asesorando a dos de sus estudiantes por teléfono. Hace dos semanas subió un nuevo artículo al ArXiv. Más al respecto de su situación actual en el reportaje (pdf) de Marina Aizen para El Clarín.

La historia (caricaturesca) de Frampton ilustra a la perfección uno de los absurdos de la guerra idiota contra las drogas. Su caso, pese a lo excéntrico, no es una singularidad. Los físicos prestigiosos piden que Frampton sea liberado por ser un profesor respetable. Yo creo que los procesos penales a mulas son, sin excepción, desproporcionadas. Por las razones más disímiles (y muchas veces por pura desesperación), personas incapaces de dañar a nadie (pero usualmente con menos amigos influyentes que Frampton) terminan encarceladas tras actuar voluntaria o involuntariamente como mulas. Estas capturas no reducen el tráfico. Apenas, si acaso, lo desvían temporalmente hacia nuevas rutas o métodos. Los capturados no son fichas claves en el negocio. Son peones desechables. Detrás de cada captura (aquí un ejemplo reciente) hay una historia de una persona inocente que tomó una decisión estúpida pero no merece el trato que recibe. La mercancía debería ser incautada (si quieren castigar a los verdaderos traficantes) y el mensajero dejado en libertad.