Rango Finito

Un blog para Mauricio Arturo

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guerra

Contra todos

Aumento del poder destructivo de artefactos explosivos durante el siglo veinte.

Los autores de atentados terroristas usualmente los reivindican pues con ellos demuestran su capacidad de amedrentamiento. En Colombia no es así. Optan en lo posible por el silencio. Les conviene más. La guerra colombiana es un negocio donde todos los bandos se declaran, a su manera, justicieros del lado del pueblo (que oprimen y matan) y de la paz. Admitir que asesinaron a cinco personas aumenta la credibilidad política del oponente y reduce la propia: debilita su fachada heroica. Promover la confusión es preferible. Lo que importa es sostener la guerra activa en todos sus frentes. El juego de acusaciones subsiguiente es útil a los asesinos pues genera polarización, desconfianza y agresividad. Recrudece el enfrentamiento político en las ciudades. Radicaliza las posiciones. Explica la matanza en el monte. El mensaje de la explosión es abierto pero al mismo tiempo llega a quien debe llegar: cada cual lo interpreta a su conveniencia y cualquier interpretación es válida en tanto que no hay cómo refutarla. La amenaza es más efectiva y amplia cuando no se sabe de dónde proviene. Una amenaza sin firma es una amenaza contra todos.

Perros rabiosos

Tal vez Israel decida ir a la guerra contra Irán antes de que termine este año. Sería una barbaridad. Algunos dicen que podría pasar incluso antes de junio.

Con sus ataques, Israel intentaría prevenir que Irán concluya con éxito su programa nuclear, que está bastante adelantado. Israel (es decir Netanyahu, Barak et al.) teme que, de llegar a la bomba, Irán (es decir Khamenei, Ahmadinejad et al.) procederá a utilizarla sobre Jerusalén, lo que no parece una buena jugada para nadie, pero los líderes iraníes no se caracterizan por sus muestras de buena voluntad. Y los israelíes menos. En oriente medio, Israel es un french poodle paranoico, hormonado y con dientes de adamantium, dispuesto a todo por proteger su arbolito. Para una muestra de su talante basta recordar el proceso de trampas y mentiras estrategicas que concluyó con el desarrollo de su copioso arsenal nuclear actual. La historia del programa nuclear iraní, por su parte, puede conectarse limpiamente con el apoyo norteamericano al programa nuclear pakistaní dentro de la Guerra Fría, y también está llena de las trampas y mentiras que son tradicionales en este tipo de procesos desde que el proyecto Manhattan rindió hongos sobre Japón y todos se asustaron pero siguieron cultivando por si acaso.

El conflicto entre Israel e Irán es un lío grande con riesgos, amenazas y consecuencias terribles por todos lados, no solo para los dos paises involucrados sino para la estabilidad regional y mundial en general. En este reportaje extenso y en formato digital, Iñigo Ugarte, conocido por su excelente blog Guerra Eterna, ofrece una contextualización rápida y detallada del mierdero, su historia, sus protagonistas y las (no muy alentadoras) perspectivas para los próximos meses. Creo que aclara varias de las confusiones frecuentes al respecto de este asunto. Vale la pena comprarlo. Además sirve para apoyar el talento y trabajo de Ugarte directamente.

Me gusta muchísimo la idea de esos minilibros digitales de no-ficción. Funciona muy bien. El formato digital es un tanto desgastante (la uniformidad de las páginas y la tipografía cansan), pero para lecturas breves informativas o de opinión en plan revista de actualidad aunque tal vez un poco más largas es casi perfecto. En Español todavía no hay mucha oferta. En inglés, Byliner es una mina de pequeñas joyas, como la aventura radioactiva japonesa de mi admirado William Vollmann.

Miércoles (Gallinas)

Durante la noche desaparecieron las gallinas, dejaron tres huevos. El galpón está destrozado. El sobrino de Felicio dice que pudo ser la manada de perros salvajes que acecha la zona desde hace días. Bestias. Nadie oyó nada. Desayunamos salchichas con papas salteadas, fríjoles en lata y jugo de mora. El viejo recibió una llamada por teléfono. La ciudad. Su hija. Algo pasó con el niño. Las bombas. Dónde. Dónde. Por qué. En la radio no dicen nada. El viejo llora mientras jugamos damas (gano 2, pierdo 3) y luego llora mientras vemos televisión. Vemos un documental sobre los métodos de tortura de la inquisición. El viejo dice que la inquisición fue una necesidad histórica. Era la única manera de prevenirlo, me dice, pero no se explica. En cambio se para molesto y se va a llorar solo en su cuarto. No sé qué decir. Creo que soy su único amigo aquí, el único que le presta atención, que le cree, que confía en su juicio, pero no sé hablar con él. Antes de comer lo vi pasar hacia el estudio en piyama con sus cuadernos y su computador portatil. No nos acompañó durante la comida, dijo que estaba ocupado. Sé que trabaja desde hace meses en un programa, un algoritmo de predicción de ataques. Le pregunté si estaba bien. Me preguntó, en respuesta, que qué podría estar mal. La llamada, le dije. Es la vida, me dijo. El viejo me pide que le explique mis cálculos. Todavía no es conclusivo, pero lo intento. Saco un cuaderno y mi lápiz y escribo la estructura general de la prueba, los casos, la idea que permite que todo funcione. Trabajamos hasta tarde en el estudio. Es como mejor nos entendemos. Recibo sus consejos y sus preguntas. Respondo torpemente. Me siento examinado. Siempre me pasa con él. Le interesa el significado de los parámetros, su presencia. Quiere que le explique por qué. Esperaba que usted lo supiera, le digo. No me entiende. Levanta la cara, mira la ventana, los árboles de feijoa, el galpón abandonado, los cerros secos, las ruinas en la cima. Se rasca la cabeza. Se quita las gafas. Me mira. El tiempo se hace lento, dice. Un día se detendrá por completo y no nos vamos a dar cuenta.

Miércoles

Compramos rosales para sembrar en el balcón. Queremos sillas para sentarnos a recibir el sol los fines de semana. Por estos días, el tiempo se acumula como la nieve en las esquinas del invierno. Dedico una fracción del día a mantener el apartamento limpio y en orden. Cocino por las tardes. He reducido un poco (aunque no tanto como desearía) mi presencia en línea. El objetivo principal es escribir. Pero sufro de falta de propósito (o de autoconfianza) y asaltos regulares de ansiedad relacionados con este mal. Intento sublimarlos de manera parcial en la cocina, la lectura, los oficios y con los gatos. Estoy triste. Pienso mucho en Mauricio y en la muerte. Por eso, para evadir eso, para no pensar de más, escribo aquí sobre la guerra, los bombardeos, el miedo y las emisoras de emergencia donde anuncian el fin y entrevistan cuerpos que no hablan. Asímismo voy todos los días, muy temprano, a mirar a las gallinas, abastecer los comederos y recolectar los huevos. Los pongo en una canasta y los cuento al llegar a la cocina. Luego los meto a la nevera. Hoy pusieron diez. Tenemos muchos más de los que necesitamos.

Martes

Llueve ceniza. Huele a carne asada. Dicen que son los incendios en la ciudad. La radio transmite anuncios automatizados de manera esporádica entre bips y baladas viejas. Promesas de calma. Sitios y horarios de distribución de víveres y servicio crematorios. Una mujer que llora y pide a Dios por la suerte de sus hijos, desaparecidos en el primer bombardeo. Instrucciones para sobrevivir a un ataque biológico. Lista de refugios con vacantes. Ayer no llovió pero cayeron volantes rojos con amenazas y nombres. La sabana no es segura. Los perros están nerviosos: sienten el rumor de los tanques. He iniciado un cuaderno nuevo donde consigno en limpio los progresos de las últimas semanas. Será lo único que me lleve. Eso y el diccionario. No sé todavía para qué. Qué sentido tiene seguir. El viejo dice que se queda. A nadie le importa. Ni a mí. Se quiere morir. Lo entiendo. En últimas es sensato. Casi no puede caminar. ¿Qué futuro le espera? La casa es nuestra. La doctora no volvió. Las enfermeras huyeron tras la estampida de avestruces. El viejo dice que nos engañan. “Se burlan de nosotros, no sé por qué no pueden verlo”. En la televisión, por las noches, sólo hay musicales y películas de terror.

Lunes (Rumores)

Que es superficial; que no significa nada ni tendrá consecuencias reales; que se hizo justicia; que dónde queda el sentido de la justicia; que es de verdad increíble que haya personas que hagan eso o eso otro; que si usted, madre, se siente reparada (responda sí o no y por qué); que es una muerte de un ser humano y la vida es sagrada; que todo el mundo tiene la muerte que se merece; que el que a rejo mata a rejo muere; que hell yeah we can, motherfuckers, we can mother-fist you up the ass with a locked hand grenade, shove the rifle cannon in and then shoot (enjoy the fireworks); que es de cierta manera una clausura; que cómo se atreven; que era sólo un viejo (de 54 años); que quiénes somos para juzgar; que estamos éticamente trastornados; que nadie sabe/entiende realmente; que la amenaza persiste; que eso es lo que él quería/esperaba/deseaba; que déjenme yo les digo lo que hay que sentir; que no hay muerte sin cuerpo; que somos más emocionales que racionales; que somos zombis alienados por los medios, incapaces de reconocer lo correcto de lo incorrecto, ofuscados por la propaganda; que la venganza no se hará esperar; que la amenaza persiste; que la muerte es irreparable; que somos una especie deplorable; que lo importante es el simbolismo; que dónde están las fotos; que la venganza nunca es buena (mata el alma y la envenena); que hay una razón para todo esto; que ahora el mundo es un lugar más seguro, seguro; que qué horror esos gringos brutos sanguinarios; que cuál es el sentido de la celebración; que damos asco; que todo es un espectáculo y nada es real; que me perdonarán pero se siente un fresco; que I remember when it happened, that shit, man, that horribly painful shit, and I cannot stop thinking on that day and what it meant for us, what it did to us; que la geoestrategia cambiará; que este es un evento, más que bélico, político; que seguro, en el fondo, los que no se regocijan lloran; que la estructura de Al-qaeda es altamente descentralizada y redundante; que esa alegría es inmoral/inaceptable/incomprensible; que no hay esperanza; que somos mejores que los que no son tan mejores como nosotros; que esta es una victoria; que las circunstancias no excusan; que no tenemos nada de qué temer: la guerra contra el terror no bajará la guardia; que esto se resuelve con una confrontación interminable de teorías morales; que esto nos revela lo que somos; que da igual; que Él regresará.

Lunes (Prado)

Por las mañanas, antes del desayuno, salgo descalzo a caminar por el patio, cerca a los gallineros. Es mi nueva costumbre. El prado siempre está mojado y frío a esa hora. Un perro me sigue. Toma un rato que los pies se habitúen, que deje de doler, pero luego la sensación de caminar junto al perro se torna placentera, suave, me despierta. Siento el quiebre del pasto podado a mi paso, la resistencia y el quiebre. Es temprano, muy temprano, y todavía no sale el sol. Pasan bandadas de ganzos hacia el norte. Me gustaría volar con ellos y salir de aquí. Hacerme pequeño y volar sobre un ganzo que me lleve al norte, más allá de los lagos, al reino de los osos. Aunque sería duro dejar al perro. Durante el desayuno oímos las noticias en la radio, entrevistan a los muertos, les preguntan qué se siente (morir), y los muertos no dicen nada. Sin las luces de los bombardeos durante la noche sería difícil creer que la guerra esté tan cerca. La doctora me pregunta por eso. ¿Dónde estaba cuando todo empezó? ¿Por qué no me gusta hablar de la guerra? Le respondo que tengo rabia, que estoy lleno de rabia, que intento mantenerme sereno y en control, fiel a las directivas del Programa, pero que en este momento sólo tengo rabia y no sé qué hacer con ella, no sé hacia dónde llevarla o sacarla para que sane y me deje vivir de nuevo. En busca de sosiego, voy a la sala de estudio y dedico la tarde a mis cálculos. Avanzo a marchas cortas. Sería más sencillo si tuviera la máquina conmigo. Debo verificar todo de nuevo a mano de acuerdo a las nuevas definiciones. Necesito cotas mejores si quiero proseguir. Necesito controlar el límite de expansión del modelo. Voy a la capilla antes de la comida. Me arrodillo en un reclinatorio por primera vez en veinte años y le pido a Dios que me dé sabiduría, que me proteja, que me saque de aquí, de mí.

Anthem for Doomed Youth, by Wilfred Owen

What passing-bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles’ rapid rattle
Can patter out their hasty orisons.
No mockeries for them; no prayers nor bells,
Nor any voice of mourning save the choirs,
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires.

What candles may be held to speed them all?
Not in the hands of boys, but in their eyes
Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
The pallor of girls’ brows shall be their pall;
Their flowers the tenderness of patient minds,
And each slow dusk a drawing-down of blinds.

Bruja

Desde hace años que mi mamá consulta a una bruja en el barrio cada mes. La bruja lee cosas y da buenos consejos. Dice que no puede prometer futuros pero tiene una ventana directa al alma de la gente, ese es su verdadero poder. “La gente no oye lo que le dice el alma”, me explica. “Para eso estoy yo. Yo sé oír”. Cobra poco. Vive de los regalos de la gente y una pequeña tienda. No es una mujer muy vieja pero tuvo una vida difícil. Luce acabada y sonríe poco. Aunque es de Pereira por mucho tiempo vivió en Medellín, era ama de casa, pero un día llegó del mercado y su marido y su hijo de cuatro años estaban muertos en la sala. Los habían matado a quemarropa. Habían escrito cosas en las paredes. Llamaban a su marido TRAIDOR y MENTIROSO. Luego vino la policía y le preguntó si su marido, quien trabajaba en una panificadora, estaba involucrado en negocios ilegales, con la mafia, con las milicias. La policía quería saber muchas cosas pero ella no tenía cabeza para responder. Ella miraba a su niño debajo de la sábana en la sala y pensaba ahora qué voy a hacer, ahora qué voy a hacer. Ese mismo día salió de esa casa y nunca regresó. Pensó que regresaría más tarde, pero allá abajo decidió que no. No le pidió ayuda a nadie. No llamó a nadie. Salió de la casa y se puso a caminar por el centro de Medellín, a mirar la gente, a preguntarse cuántos de esos malparidos sabrían lo que ella estaba sintiendo y por qué no se notaba. Por qué todos se veían tan felices, tan bien puestos, en esas vidas tranquilas que llevaban. La mujer que luego se volvió bruja no entendía por qué tenía que tragarse el dolor sola, tampoco entendía por qué su hijo no salía en las noticias con ese hueco en la frente que le desfiguró la cara para que vieran, para que sintieran lo que pasa allá arriba, en lo alto, donde se deciden las cosas importantes de esta ciudad.

Waiting

(Raiding party waiting for the word to go)