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Película

Al principio hay doce jóvenes al borde de la edad que legaliza sus vicios. Uno a uno, los jóvenes son asesinados en circunstancias por aclarar. Algunos aparecen empalados. Otros son crucificados. Uno de ellos es troceado y sus partes aparecen entre los armarios de la cocina de su abuela. La vieja los encuentra y entra en catatonia. No hay patrón ni lógica reconocible. Son muertes vulgares, sin la sofisticación visual y mecánica característica del género sangriento moderno. Los jóvenes no se conocen, ni siquiera viven en la misma ciudad, y por fuera de su vínculo generacional evidente no hay ningún detalle por mínimo que sea que los unifique más allá del hecho de que son los jóvenes muertos en esta película. La crueldad de los asesinatos escala a medida que los jóvenes se agotan. Ninguno sabe lo suficiente como para sospechar que será la próxima víctima. Uno de los jóvenes está enamorado de una mujer mayor que se aprovecha de su inocencia. Otro tiene problemas con su cuerpo que resuelve en peleas con desconocidos en centros comerciales. Otra más, una de esas veinteañeras con actitud y porte de adolescente, se odia en pose por ser tan perfectamente única que nadie está a la altura de su excentricidad. El protagonista, que podría ser cualquiera, quiere ser músico pero no siente que tenga lo que se necesita para triunfar. En realidad es una película sobre jóvenes, no sobre sus muertes. Sus muertes son exabruptos que impiden que la película progrese y los personajes alcancen la dimensionalidad plena que prometen. La primera víctima indirecta del asesino es el guionista, que presencia impotente como sus mejores personajes (los que guardó celosamente para la película que sería suya) son torturados por una fuerza sobrenatural que les niega su verdadero destino dramático. Los actores, inmersos en su papel, lloran al descubrir que su personaje también será asesinado. Nadie les avisó que terminaría así pero no hay alternativa. No es la primera película que se deshace en una masacre sin sentido pero nadie quiere que sea la suya. A veces pasa. Es necesario. La entidad pide un sacrificio y debe ser complacida. La entidad elige. Todo es ficción pero la muerte es real. La muerte siempre es real.

Compliance

Mi experiencia de Compliance fue determinada seriamente por el efecto del pastorcito mentiroso. Me explico: estamos tan acostumbrados a ver películas “Basadas en la vida real” donde los guionistas toman libertades para convertir la historia en una trama digerible y comercializable que cuando encontramos una película que se toma esa premisa en serio, cuando de verdad se ciñen a lo que pasó incluso si lo que pasó es absolutamente inverosímil/incomprensible, nuestra primera reacción es dudar de la capacidad de los guionistas para ofrecernos esa papilla regurgitada a la que estamos acostumbrados. Como consecuencia, ver la película se convirtió en un conflicto constante entre mis expectativas narrativas y la inverosimilitud brutal de la historia real. Me tomó más de dos tercios de la película entender que era improbable que un equipo de guionistas razonables (que estrenan películas en Sundance) montaran un guión sobre una situación tan absurda sin que ese absurdo no fuera sino un retrato (casi) exacto de algo que había pasado en realidad (recomiendo seguir el enlace sólo después de ver la película). La advertencia al inicio (GIGANTE) no bastó.

Una vez asumí consciencia de la inevitable realidad de lo que pasaba, Compliance se volvió una película devastadora. Todavía no sé qué pensar de lo que cuentan ahí.

Lostalgia

El último proyecto de Santiago Ortiz es Lostalgic, una visualización del guión de Lost utilizando la información disponible en Lostpedia. En Creative Applications lo entrevistan al respecto:

I believe books, movies and in general stories could be visualized in ways persons not only will learn about the contents, the context and the structure of the narrative but will actually read in a different ways the story, or, if you want, will read another story out of the atoms and molecules of the allegedly analyzed one (and I use the word ‘read’ in the most wide hermeneutical possible sense). These aren’t new ideas at all, for many that’s exactly what literature and art criticism should do: build new meaning out of the previously existing one. When it comes to create interactive visualization, or, in general, interactive creation based on pre-existent narrative material, I think there are multiple unexplored ways to create new meaning, new stories… or to re-tell the same story (which is as impossible as to take a bath twice in the same river, as Borges perfectly explained in his Pierre Menard, Author of Quixote story). ‘Re-telling’ has been explored in digital arts but not so much in visualization.