Pecas me preguntó hace unos días por qué escribo acá. Hace unos años mi excusa era la distancia. Supongo que la distancia sigue siendo un factor pero no tanto como antes porque mi vida está más acá que en cualquier otra parte. El registro ocasional de lo que siento/pienso, ideas sueltas asentadas sobre el peso del texto, parece acomodarse mejor, pero es insuficiente: siempre podría hacerlo en privado. La duda grande es por qué hacer todo esto en público. Y no sé. Tal vez preservo la esperanza de que las conversaciones vuelvan a los blogs. En el juego de roles de las “redes sociales” nunca he sentido que se pueda hablar de verdad.