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De mujeres y hombres

La columna de hoy (malísimo título, lo admito — por un rato se llamó Jennifer versus John pero eso me sonaba todavía peor) es el resumen de una charla a la que asistí la semana pasada durante el congreso de neurociencias aprovechando que Laia estaba dormida (sobre mí). La vi desde la puerta del auditorio por si acaso. Mónica se interesó hace unos años en el trabajo de Melissa Hines y compró su libro, así que cuando nos enteramos de que hablaría la incluímos en la agenda. Valió la pena: es un trabajo muy bien hecho y lleno de preguntas buenísimas (e.g., ¿por qué los seres humanos somos la única especie con “identidad de género”? ¿por qué la variabilidad de intereses sexuales entre los seres humanos es tan vasta? ¿a qué corresponden esos fenómenos a nivel cerebral?) Al salir de la charla hablamos con Mónica de la proporción de mujeres contra hombres en el congreso. No encontré datos oficiales pero estoy casi seguro de que las mujeres eran mayoría. Más del sesenta por ciento, estimo. Las mujeres en ciencia están subrepresentadas en posiciones de poder, como digo en la columna, pero en biología y afines son el grueso de la fuerza de trabajo ya sea como estudiantes, técnicos de laboratorio o postdocs mal pagadas, mientras que los hombres dominan las plazas como profesores y directores de laboratorio. Los resultados del estudio de Moss-Racusin (pdf) que resumo en la columna muestran que esta situación está lejos de cambiar sin reformas estructurales serias y muy probablemente una buena dosis de discriminación positiva (en caso de que todo lo demás falle).

Curiosamente estaba por escribir esta entrada cuando Jaime me envió este enlace. No me sorprende. Es lo que se espera de los miembros hombres de una comunidad que funciona así. Seguro que ese tipo piensa que tienen a las mujeres en sus laboratorios y conferencias para consumo sexual a conveniencia, como en Lightning Rods, de Helen DeWitt.

Aprendizaje

Aprendemos por el ejemplo y el contacto intenso con entusiasmos que deformamos y adaptamos a nuestras motivaciones personales, i.e., nuestro sentido de lo bello y de lo verdadero.

El aprendizaje es inspiración y transformación. Nunca se inicia y nunca se detiene. Vivir es aprender. Aprender es una necesidad vital. Hay aprendizaje en la exploración de cualquier fuente de información.

Aprendemos mediante la práctica y el error. El fracaso es la base fundacional de nuestras mejores creaciones. El fracaso nos impulsa y nos guía. Es un consejero confiable. Nos dice Este no es el camino.

La confianza en el talento innato, la tranquilidad que nos confiere habitar sus dominios, nos aturde. El aprendizaje es lo que pasa cuando aceptamos incapacidades e ignorancias, cuando dejamos la solidez falsa de lo familiar, de lo aparentemente conocido, y nos arriesgamos a adentrarnos en la confusión para llegar a nuevas confusiones.

Sabemos que hemos aprendido de verdad cuando podemos contagiar a otros de nuestros propios entusiasmos y en la retroalimentación de este proceso renovamos lo asimilado.

El aprendizaje nunca es solitario.