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Donde mueren los payasos (Tráiler)

La farsa política desmadrada de Luis ya salió en España. Llega a Colombia en abril. Este es el video promocional:

Martes (El Botánico)

El Botánico responde preguntas en la radio todos los días por una hora. Lo llaman Maestro, Dóctor o Santo. Le piden ayuda. El Botánico recomienda infusiones y mejunjes por lo general amargos porque, como él dice, el amargo es el sabor del veneno pero también es el sabor de la magnitud de La Verdad. El Botánico nació en la ciudad pero a los veinte años viajó a La Sierra, donde aprendió El Arte directamente de los Viejos Espíritus y descubrió su Nombre Auténtico, Mallasca, que en la lengua antigua quiere decir El Mensajero de la Última Revelación. También allá perdió el pelo. Maestro, cúreme, le dice una señora por teléfono. Qué te aqueja, hermanita, le pregunta el sabio. Estoy perdiendo la vista, Maestro. Percibo miedo en tu voz, hermanita. Cuéntame, ¿has renunciado a La Maldad? He renunciado, Maestro. He seguido sus instrucciones y he preparado el Repositorio de la Luz. ¿Lo tienes contigo? Sí, señor, aquí está. ¿Sobre el aparato de radio? Sí, Maestro. Haz hecho bien. Dime, hermanita, ¿crees en el poder de La Luz? Creo, Dóctor, sí creo. Entonces levanta tu corazón. Ya lo tengo levantado hacia El Señor, Maestro. Más alto, amiga, El Señor te escucha ahora. El Señor sabe lo que quieres. Lo siento adentro mío, Maestro, ¡se mueve! Háblale, hermanita, dile lo que sientes. Señor, no me abandones. Hermanita, el poder del Señor te alcanza a través del Repositorio de la Luz. Bebe el brebaje bendecido y siente cómo La Luz del Señor te cobija. No desperdicies una sóla gota del Simiente Santo. Siente El Poder Infinito de La Luz en ti. Siente cómo recorre tu cuerpo. Lo siento, Maestro. No pidas disculpas, hermanita, más bien repite conmigo: Soy un Receptáculo de su Voluntad. ¡Soy un Espectáculo de su Voluntad! Soy un Siervo de la Bondad. ¡Soy un Siervo de la Bondad! Soy un Esclavo de su Misericordia. ¡Soy un Esclavo de su Discordia! ¿Has pecado, hermanita? Sí, Maestro, he pecado. ¿Te arrepientes? He pedido perdón al Señor. El Señor es Pura Compasión, hermanita. El Señor te escucha y te perdona. ¡Maestro, siento calor! Desnúdate, hija mía. ¡Maestro, veo Tigres! Aleluya, hermanita. Aleluya. Maestro, siento que estoy en otro cuerpo. ¡Puedo volar, Maestro! Elévate, hermanita en Cristo, eres un Cóndor. Extiende tus alas y elévate, surca el cielo. (Graznido incomprensible, ruido de alas.) Hermanitos, este es otro Testimonio del Poder del Señor Todopoderoso, nuestro Pastor, nuestro Pescador. Esta hermanita en Cristo ha recibido La Orden y ha adquirido su Cuerpo Natural. El Repositorio de la Luz ha obrado el Milagro. El Señor se manifiesta hoy una vez más. Acepta la Fe. Ábrele las puertas de tu Espíritu al Señor y Dador de Luz.

Sábado (El problema de Randy y otras historias)

Infrahistoria: La versión que tengo de El problema de Randy y otras historias de Luis Noriega está compuesta por diez relatos relativamente extensos que en un libro físico ocuparían unas doscientas páginas. Como en el caso de Razones para destruir una ciudad, este es un libro parcialmente inédito que le pedí a su autor a través de Twitter. Digo parcialmente inédito porque cuatro de los diez cuentos aparecieron publicados ya sea en revistas (El Malpensante) o en antologías (Calibre 39 y Relatos Caníbales). Yo conocía a Luis pero no sabía que lo conocía. Cuando leí Soluciones ad hoc, publicado dentro de la antología Calibre 39, no caí en cuenta de que era el amigo de mi amiga con quien nos encontramos varias veces en fiestas y comidas en Barcelona. No recuerdo cómo fue que me di cuenta, tal vez hablando con ella. Rencor: Estos cuentos de Luis encajan dentro del género de la Literatura del Rencor. Encajan y lo inauguran. En la Literatura del Rencor el personaje principal, que es usualmente el mismo narrador, resiente (por razones diversas) su situación actual y en respuesta (tras algún tiempo de pasividad que sólo exacerba la molestia) actúa con violencia (ya sea verbal o física). El rencor del personaje está relacionado con la pérdida del orgullo o de los ideales, con la constatación de que no es lo que esperaba ser, o con la frustración que le produce su dificultad para interactuar con el mundo. El personaje, por lo general, es incapaz de entablar relaciones significativas y duraderas con otras personas y, cuando lo hace, su rencor (que muchas veces no es otra cosa sino una suma de inseguridades enquistadas) lo hace dudar del valor de estas relaciones o de su propia sinceridad con respecto a ellas. Los relatos de la Literatura del Rencor son antiparábolas donde no hay redención: al final los personajes se dejan llevar por (o se resignan a) sus motivaciones mezquinas (muchas veces delirantes) y salen relativamente bien librados. Suena serio y duro pero Luis hace esto sin solemnidad alguna. No hay siquiera una pretención burlesca de solemnidad. La Literatura del Rencor es, en contra de la intuición, desparpajada y humorística (la prosa de Luis es casi costumbrista) porque los personajes rencorosos son también hombres más bien buenos (aunque en evidente crisis moral) que se esfuerzan demasiado por encarnar la maldad, no siempre con los resultados deseados. Ingredientes: En estos cuentos aparecen y reaparecen elementos. Recolecté unos cuantos: un profesor/escritor, un arma, un taxista con una varilla, la evolución de Darwin como religión de incitación a la reproducción, Sherlock Holmes y la literatura criminal como modelos antimodélicos, la teoría literaria como falso transfondo, la escritura (frustrada) de literatura y el fracaso en general, una puntilla clavada (para colgarse y/o para acumular rechazos), La Guerra de las Galaxias, los conflictos familiares, la sociedad del un güisquicito, atracos, una pieza de construcción que cae del cielo por accidente, Bogotá, España, inmigración como huída, el autodesprecio, muertos con violencia, asesinos improvisados, y, naturalmente, la venganza.

Martes (¡Calcio!)

Primero la base histórica: el 17 de febrero de 1530, la ciudad de Florencia, bajo el sitio imperial español impuesto en colaboración con el Papa, burla las reglas impuestas por Carlos V (que impedían, entre otras cosas, la celebración del carnaval) con la organización de un partido de calcio, ese deporte de pelota de la familia del cuju, tradicional en la región y asociado principalmente con las ferias y el entrenamiento para la guerra. El imperio, desde las afueras de la ciudad, dispara cañonazos contra la plaza de la Santa Cruz, donde discurre la partida, para amedrentar a los republicanos envalentonados, pero el juego nunca se detiene. No se sabe cómo terminó el partido, pero se sabe que la ciudad de Florencia recuperó ese día la moral perdida y resistió valiente el sitio por muchos meses más. Esa es la historia.

Pero las historias son sólo historias. El pasado es una cosa, una incomodidad perceptual propia de sociedades de individuos con suficientes conexiones neuronales, y la historia es otra. La historia, como la veo yo, es una herramienta que sirve a un propósito dentro de un contexto. Permite, por ejemplo, establecer un precedente que a su vez sirva para alcanzar un objetivo futuro, o al menos defender un honor, un símbolo, o simplemente la nostalgia (i.e., el derecho agridulce a creer que fuimos). La fortaleza de las historias que componen la historia no se mide en la constatación empírica porque el pasado no existe, no está, es opaco, etereo, disperso y basado en documentos que son, también, parte de ese juego de versiones en el que se debate el establecimiento de la historia, así que sólo queda el debate, generalmente dentro del hermetismo académico, tan solemne, que es como una justa por el derecho a decretar la verdad de manera local basada en el acuerdo puntual entre dos o más individuos en un ambiente cerrado y controlado donde, por un instante, la certeza difusa se manifiesta, a ojos de los presentes, pura y plena. El proceso es recurrente. La historia, esa herramienta para iluminar lo que somos, es el debate reiterativo e imperfecto de la misma historia.

Y entonces, claro, todo vale y todo es cierto (dentro de cierto contexto). Y puede pasar, ¿por qué no?, ¿por qué dudar?, que tras el partido histórico de calcio del 17 de febrero los españoles rabiosos, desesperados, ofendidos por la insolencia republicana, hayan retado a los florentinos a un partido de calcio (uno singular e irrepetible) que decidiera la suerte de la ciudad. Y puede pasar que esta sea una historia perdida en la historia; una anécdota relatada en sus memorias, entre otros, por un joven español que algún día viajaría a América para fundar la ciudad donde nací, sólo para que cuatrocientos y algo años más tarde resurgiera, en manos de un erudito italiano-judío refugiado en la Inglaterra de la postguerra, para dirimir de una vez por todas una de las disputas más importantes (todas lo son) de nuestra era.

Sábado

Día fresco, casi frío. Cada vez estoy más convencido de que Melville tenía un propósito claramente humorístico al escribir Moby Dick. Digo esto porque en mi primera lectura de esta novela, cuando era demasiado joven para apreciarla, me pareció sobre todo seria y pesada. Esta lectura me ha reconciliado con la narración de Ishmael. Ahora me parece mucho más adolescente y divertida. Una novela de aventuras trágicas con acotaciones humorísticas. Ese humor raro de Melville, que le dedica capítulos al estudio frenológico de la cabeza del cachalote y otros a reflexionar sobre la posibilidad de que San Jorge no haya matado un dragón sino una ballena o a intentar explicar en tono enciclopédico cómo fue que Jonás pudo vivir entre una ballena, es una de las grande virtudes del libro. Me alegra haberme embarcado (verbo nunca mejor usado en este contexto) en esta relectura tranquila. Leo despacio últimamente, me cuesta muchísimo concentrarme. “You live your life as if it’s real, a thousand kisses deep.”

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(Leonard Cohen, A thousand kisses deep)

Interior: consultorio odontológico

A: Abra la boca.
B: No puedo. No debo.
A: Le digo que la abra. No tenga miedo.
B: Lo hago para protegerlo doctor. Usted no entiende.
A: Estoy acostumbrado, creame. Nada que tenga ahí adentro podrá sorprenderme.
B: Mire, doctor, yo sé que mi mujer le dijo que tenía que verme, pero mi mujer no sabe lo que dice y usted no está preparado para esto. Al menos no por lo pronto. Tal vez más tarde. Tal vez nunca. No estoy seguro de que nadie esté preparado para esto.
A: Me subestima, Benavides. Yo soy un profesional de mi oficio. Tengo más de veinte años de experiencia. Me actualizo con frecuencia. No hay nada para lo que no esté preparado. He visto esa boca muchas veces y he visto otras mucho peores. Abra, le digo. Todo va a estar bien.
B: Por favor, doctor. Esta vez es distinto. Usted no tiene que hacer esto.
A: Su mujer no me perdonaría que no lo revisara, Benavides. Le prometí que lo haría y pienso cumplirlo. Mire: aquí donde me ve yo estoy salvando su matrimonio. Y usted sabe que necesita esto. Su señora está muy preocupada. No se ponga nervioso. ¿Quiere un poco de xilocaína?
B: No, doctor, no es eso. Usted de verdad no sabe de qué habla. Lo estoy haciendo por usted.
A: No se preocupe por mí. Venga, déjeme ver. Abra, diga “Aaaa”.
B: No, por favor, no… aah…
A: Eso. No oponga resistencia. Déjeme. ¿María Cecilia, me puedes prender el aspirador, reina?
B: ¡AAAaghhhh!
A: ¡Cielo Santo!
B: ¡AAAAArrgghhaaaahhhhhhhh!
A: ¡Dios Bendito, EstoNoPuedeSer!
B: ¡Ghrhaaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
A: ¡No, María Cecilia, no! ¡No se acerque! ¡Sálvese usted! ¡Sálvese, mujer! ¡Huya ahora que…
B: Oghrughuaahh…
A: ¡AAAAAaaaaaaaaaargh!
B: ¡Ghuah-Ghuah-Ghuah!
A: (Respiración entrecortada.)
B: (Expiración.)
A: (Respiración entrecortada. Sangre. Gritos de horror en el pasillo contiguo.)