Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

impotencia

Amiga (3)

Llovió toda la mañana. Bajamos a las 14:30 a visitar las ardillas. La última vez que las habíamos visto había sido ayer por la mañana. Lucían bien. Nos aseguramos durante el día de que tuvieran siempre nueces y agua pero al parecer no fue suficiente. Encontramos el cuerpo muerto de una de ellas entre los matorrales alrededor del árbol, cerca del bebedero de agua. Probablemente las otras dos corrieron igual suerte. Impotencia y tristeza.

Bruja

Desde hace años que mi mamá consulta a una bruja en el barrio cada mes. La bruja lee cosas y da buenos consejos. Dice que no puede prometer futuros pero tiene una ventana directa al alma de la gente, ese es su verdadero poder. “La gente no oye lo que le dice el alma”, me explica. “Para eso estoy yo. Yo sé oír”. Cobra poco. Vive de los regalos de la gente y una pequeña tienda. No es una mujer muy vieja pero tuvo una vida difícil. Luce acabada y sonríe poco. Aunque es de Pereira por mucho tiempo vivió en Medellín, era ama de casa, pero un día llegó del mercado y su marido y su hijo de cuatro años estaban muertos en la sala. Los habían matado a quemarropa. Habían escrito cosas en las paredes. Llamaban a su marido TRAIDOR y MENTIROSO. Luego vino la policía y le preguntó si su marido, quien trabajaba en una panificadora, estaba involucrado en negocios ilegales, con la mafia, con las milicias. La policía quería saber muchas cosas pero ella no tenía cabeza para responder. Ella miraba a su niño debajo de la sábana en la sala y pensaba ahora qué voy a hacer, ahora qué voy a hacer. Ese mismo día salió de esa casa y nunca regresó. Pensó que regresaría más tarde, pero allá abajo decidió que no. No le pidió ayuda a nadie. No llamó a nadie. Salió de la casa y se puso a caminar por el centro de Medellín, a mirar la gente, a preguntarse cuántos de esos malparidos sabrían lo que ella estaba sintiendo y por qué no se notaba. Por qué todos se veían tan felices, tan bien puestos, en esas vidas tranquilas que llevaban. La mujer que luego se volvió bruja no entendía por qué tenía que tragarse el dolor sola, tampoco entendía por qué su hijo no salía en las noticias con ese hueco en la frente que le desfiguró la cara para que vieran, para que sintieran lo que pasa allá arriba, en lo alto, donde se deciden las cosas importantes de esta ciudad.