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ineptitud

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Los resultados de Pisa merecen atención pero también cuidado en su interpretación. Pisa, como todo examen, evalúa un contenido dado. Se parte del supuesto de que este contenido es estándar. Se asume que el diseño del examen toma en cuenta sesgos culturales. ¿Qué tanto? Es difícil de saber. Sin duda Pisa se acomoda mejor al sistema educativo de ciertos países que a otros. En últimas lo que Pisa mide es la cercanía del sistema educativo de un país al ideal que la organización propone. No creo que las personas al frente de la educación colombiana tengan claro cuál es ese ideal que Pisa promueve implícitamente con su examen. (Es discutible (o debería serlo) que ese sea un objetivo que debamos adoptar, por cierto.) Ni siquiera creo que esas personas tengan algún objetivo claro en mente. La verdad es que el sistema educativo colombiano está tan a la deriva y su existencia es tan difusa que es casi imposible tomar los resultados de Pisa como demostración de algo distinto a su abandono. La capacidad del examen para evaluar algo profundo (estilo “la capacidad de los muchachos para resolver problemas” — de paso: ¿cómo se puede esperar medir con un examen escrito la capacidad para resolver problemas cotidianos de unos muchachos que no saben leer ni escribir?) es contingente a que contemos con un sistema educativo relativamente organizado y mínimamente funcional, cosa que en Colombia, no nos mintamos, todavía no existe. En tanto que la calidad del sistema educativo dependa de la buena voluntad de héroes anónimos dispersos rodeados de un mar picado de mediocridad los resultados lamentables en las pruebas Pisa no hablarán de maestros ni de estudiantes ni de colegios sino de la ineptitud de los políticos y funcionarios y su desprecio más que evidente por el futuro del grueso de los colombianos.

Confusión

Eafit acaba de imprimir por error unas cuantas copias más de mi libro de relatos. El error se debió, aquí mi hipótesis, a que Javier Moreno, el director de El País de España, fue invitado al Hay Festival en Cartagena. Algún funcionario descuidado y diligente del fondo editorial leyó el nombre del invitado y recordó que hace algunos años un Javier Moreno había publicado un libro de cuentos con ellos y, para aprovechar el impulso mediático que la obra de Javier Moreno tendría, ordenó una segunda reimpresión. Hoy recibí un correo electrónico donde me informaban de la reimpresión y me preguntaban cómo podían contactarme en Cartagena para entregame las ocho copias del libro que recibiré como regalías. Muy amablemente le aclaré al remitente que yo soy el otro Javier Moreno (en realidad el otro otro) y que no estaba en Cartagena sino en Canadá. Le pedí que enviara las copias a la dirección de una amiga en Bogotá.

Harry Potter

El problema general de Harry Potter es que los personajes viven en una dimensión emocional distinta a aquella donde transcurre la historia. Esta desconexión se ha hecho más patente a medida que los riesgos que enfrentan los personajes se han vuelto más serios. Con la llegada de la madurez, digamos, argumental, la vacuidad de los personajes queda flagrantemente al descubierto. (Lo anterior exceptuando, claro, a Snape, que tanto en el libro como en la película es el único personaje en una posición moral complicada y también el único que parece tomar decisiones que van más allá de sí mismo pero por desgracia no tiene la preponderancia que le permita guiarnos dentro del conflicto.) La señora Rowling, sentada en su chalet, hace lo que puede, que es poco, para que la gravedad de la situación quede en evidencia ante su incapacidad para hacernos sentir que los personajes la entienden y pueden transmitírnosla. Su solución es abusar de la muerte como recurso. Por eso las muertes gratuitas se aglopan en este último volumen (y seguirán aglopándose en el siguiente) hasta que pierden todo valor. Su propósito es convencernos a punta de golpes de que lo que presenciamos importa y estos muchachos, aunque no lo parezca, se están jugando la vida no sólo por ellos sino por nosotros, porque recuerden que es La Humanidad en pleno la que peligra si ElInnombrable y su séquito de pálidos Comemuertos destruye al intrigante (en su ingenuidad) NiñoQueVivió. Pero no, lo siento, no lo logra. El argumento y los personajes se cruzan ortogonalmente. Harry Potter no se respeta como narración. No cree en sí misma. No acepta que puede crecer. Se resigna y nos resigna.