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ingenuidad

Compliance

Mi experiencia de Compliance fue determinada seriamente por el efecto del pastorcito mentiroso. Me explico: estamos tan acostumbrados a ver películas “Basadas en la vida real” donde los guionistas toman libertades para convertir la historia en una trama digerible y comercializable que cuando encontramos una película que se toma esa premisa en serio, cuando de verdad se ciñen a lo que pasó incluso si lo que pasó es absolutamente inverosímil/incomprensible, nuestra primera reacción es dudar de la capacidad de los guionistas para ofrecernos esa papilla regurgitada a la que estamos acostumbrados. Como consecuencia, ver la película se convirtió en un conflicto constante entre mis expectativas narrativas y la inverosimilitud brutal de la historia real. Me tomó más de dos tercios de la película entender que era improbable que un equipo de guionistas razonables (que estrenan películas en Sundance) montaran un guión sobre una situación tan absurda sin que ese absurdo no fuera sino un retrato (casi) exacto de algo que había pasado en realidad (recomiendo seguir el enlace sólo después de ver la película). La advertencia al inicio (GIGANTE) no bastó.

Una vez asumí consciencia de la inevitable realidad de lo que pasaba, Compliance se volvió una película devastadora. Todavía no sé qué pensar de lo que cuentan ahí.

Uróboros político

Hoy Capriles debería ganar. Sería no sólo correcto sino sano y necesario. Esa es mi reacción primaria (e ingenua) ante las elecciones en Venezuela. Mi reacción secundaria (y paranóica) es: si Capriles gana, las milicias de Chávez responderán. Pregunta: ¿Qué sentido tiene un proceso de elecciones supuestamente democrático en un país donde el movimiento en el poder cuenta con más hombres armados (sin contar frentes de las FARC) que el ejército? ¿Qué garantías tiene una oposición en esas circunstancias? Por otro lado, si Chávez gana continuará desintegrando económica y socialmente a Venezuela, así que Capriles en principio debería ser preferible. Vargas Llosa dice que se nota que a Chávez le quedan pocos años de vida útil, y que cuando el cáncer no le permita gobernar la constitución ordena la convocatoria de elecciones en un plazo de tres meses. Según Vargas Llosa, Capriles ganaría esas elecciones hipotéticas con contundencia gracias al caos que se desataría dentro de las fragmentadísimas filas chavistas para decidir quién es el sucesor del comandante. Probablemente en este escenario (agregaría yo) las milicias también se desintegrarían en facciones, lo que facilitaría su manejo desde el gobierno una vez Capriles ganara las elecciones. La pregunta entonces es si Venezuela puede darse el lujo de esperar hasta que al chavismo lo tumben sus propias células (biológicas, paramilitares y políticas). No es claro. Incapaz de responder a esta pregunta concluyo que hoy Capriles debería ganar y, nervioso, me persigno. Por eso pierde.

La desinformación al poder

La campaña Kony 2012 es un subproducto de la misma cultura que desarrolló TED. Comparte su filosofía básica: para difundir es necesario diluir hasta que sea efectivo en una red social (aparato que privilegia (y premia) la vacuidad). Su objetivo, no importa lo que digan los románticos, no es popularizar una causa o crear interés genuino en un proyecto o problema sino establecer un producto adquirible que simbolice, para el consumidor ingenuo conmovido por el drama, su compromiso con (o su interés en) algo que parece importante/respetable. En últimas, se ofrece superioridad moral (o intelectual) certificada a escala global a precios módicos. ¿Quién puede resistirse? No debería sorprender que la organización detrás del video esté vinculada a iglesias cristianas norteamericanas. La religión organizada lleva siglos en el negocio y jamás ha tenido inconvenientes en diversificar. En Kony 2012 la perversión es flagrante: se usa la exposición casi pornográfica al sufrimiento de niños para justificar una intervención militar (a todas luces innecesaria (y dudosamente legal)) en Uganda. La historia es manipulada libremente con el propósito crear indignación viral airada que se traduzca en donaciones proporcionales (¿Para qué? Dios sabrá). Qué importa que Kony no esté en Uganda desde 2006. Qué importa que nadie haya sugerido que la asesoría militar norteamericana al equipo internacional de la ONU que lidera la cacería de Kony esté en peligro (de hecho, como señala Angelo Izama, hay tropas gringas en África central desde octubre de 2011 participando en terreno en la búsqueda (¡y fuerzas internacionales desde 2005-2006!)). Qué importa que Uganda esté bajo el yugo de una dictadura criminal por veinticinco años (con el beneplácito de Estados Unidos). Qué importa que en Uganda (y en África en general) el hambre, la miseria y la enfermedad destruyan la vida de más niños que cualquier cuadrilla de asesinos. Aquí lo que importa es lo que se puede vender. Lo de menos es informar.

Donald
El pato Donald te necesita. No lo decepciones.

Divulgación

Aquí una propuesta: un científico actual, especialmente si está al servicio de instituciones públicas, debería dedicar al menos un cuarenta y siete por ciento de su tiempo y esfuerzo (porcentaje tentativo) a la difusión de sus investigaciones e intereses profesionales dentro de un público amplio, ya sea como docente o como divulgador. El contacto permanente del investigador con personas por fuera del ámbito científico contribuiría a anclar la ciencia a la sociedad a la que pretende servir y al mismo tiempo permitiría que el científico aclarara y revaluara constantemente el propósito y motivaciones de su trabajo, reduciendo así el riesgo de caer en esas investigaciones vacías, atrapadas en sí mismas, que son frecuentes hoy en día.

Evolución en Marte, por Hugo Gernsback (Ilustraciones de Frank R. Paul)
(En Science and Invention, agosto de 1924 — Aquí en buen tamaño.)