En Reality is Broken su autora dice que las personas se vuelcan cada vez con más frecuencia en juegos de video porque la realidad se quedó corta como fuente de emociones. El mundo sobre-estimulado ya no puede tolerar la frustración y la monotonía de la cotidianidad moderna. Su propuesta, descrita en el libro, consiste en ludificar la realidad para que ofrezca los retos, recompensas y satisfacciones que los juegos de video son tan efectivos en proporcionar. Suena bien. La idea es repensar cada actividad humana como un juego y luego sobreponer un sistema de reglas, misiones y puntos (mediado por aparatos electrónicos muy probablemente interconectados) que controlen su realización y registren el progreso de sus participantes. Las llamadas redes sociales son un ejemplo no totalmente intencional de esta estrategia. La actividad que pretenden enriquecer/reemplazar es la socialización misma. A cambio de atención y alimentación del flujo informativo, ofrecen vínculos, interacción y retroalimentación inmediatas. Con muy poco esfuerzo mitigan la (temible) soledad. Mi sensación, sin embargo, es que este esfuerzo no es opcional cuando se trata de crear vínculos perdurables con otras personas. No es algo que se pueda de verdad obviar y sustituir con sobre-conexión intensa. Sin duda las redes son útiles para sostener/crear algunas conversaciones y algunos tipos de relaciones, pero debido a las restricciones que sus administradores imponen para incentivar su uso (al fin y al cabo antes que nada son negocios) generan una suerte de minimalismo social basado en la urgencia (de saber, de tener, de recibir, de decir, de estar y ser). Esto sin duda determina la calidad y el carácter de las relaciones que generan. Las redes sociales no son herramientas neutras. Sus diseños están basados en ideas concretas del funcionamiento de la sociedad. Personalmente prefiero las viejas herramientas descentralizadas (como los blogs o el email) que no limitan mi control de la información que intercambio a través de ellas ni me imponen condiciones de acceso reducidas. Hay un precio a pagar (en audiencia o disponibilidad, por ejemplo), pero me siento más cómodo y tranquilo aquí.