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Menos

El proceso de desconexión tecnológica, de modulación paulatina (incluso si es apenas parcial) del consumo de servicios de interacción social masiva en línea, desencadena procesos complementarios de conexión a interacciones acotadas más significativas y tranquilas, más enfocadas, que tal vez siempre habían estado disponibles pero costaba valorar desde la saturación de atención constante que promueve todo el aparato de redes comerciales globalizantes y maximalistas.

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Mi predicción es que cuando Twitter se acabe nadie se dará cuenta. Seguiremos hablando para siempre en oraciones cortas y entrecortadas, ahogados en el presente rabioso e inmenso, ansiosos de una señal que indique de que dijimos lo correcto para alguien más.

Instagram

Si es cierto que, como dice Sergio, a nadie le interesan las fotos de los demás, probablemente también es cierto que a nadie le interesan las ideas de los demás. O las palabras. O los demás en general. Muchas personas viven en un mundo (triste) cuyo axioma central es ese. Mi sospecha, sin embargo, es que los demás si le interesan a los demás mucho más de lo que no les interesan o se permitirían reconocer. Y eso incluye en ocasiones las fotos de los demás y hasta las palabras. En especial cuando cada vez estamos todos más lejos y hay poquísimas oportunidades (cuando no ninguna) para compartir un lugar. Todos estos intercambios son formas de conversar.

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Siempre me entra la duda de si la baja calidad de la oferta de lecturas en español en línea es consecuencia de falta de plataformas localizadas o si hay algún tipo de tara cultural que imposibilita al mundo hispanohablante de ofrecer la misma riqueza y variedad que lo que se encuentra en inglés o francés. Tengo la impresión de que durante la primera ola de blogs hubo un intento más o menos extendido por ofrecer servicios similares localizados al español (y ofrecidos desde España o algunos países latinoamericanos) pero pocos florecieron y casi todos decayeron hasta convertirse en inmensos potreros de blogs entre aislados y muertos. Supongo que de cierta manera lo mismo pasó a largo plazo con Blogger en general, pero ahora con el renacimiento de las plataformas de publicación de textos extensos tipo Medium (que mezclan blogs, difusión y curaduría mediante filtros que configuran especies de revistas) no parece haber mayor interés (hasta donde he visto) por reproducir estos modelos en español. Óscar propuso el otro día en Twitter la teoría de que (parafraseo y hasta de pronto distorsiono) un gran obstáculo para difusión de textos en español es la fragmentación política: pese a compartir un idioma no existe realmente una consciencia de comunidad amplia y esto se refleja en los textos que se producen, mayoritariamente locales y medio intraducibles (en términos de contexto) para personas que viven incluso en un país vecino. Más o menos la misma razón por la que es tan difícil comercializar libros de autores extranjeros (aunque hispanohablantes) en Colombia o España. Por reflejo, casi, los diferentes países hispanohablantes se esfuerzan constantemente por diferenciarse de los demás tan tajantemente como sea posible (rayando con frecuencia en xenofobias). Esto por supuesto incluye un celosísimo proteccionismo cultural muy difícil de atravesar.

Otro prisma

“Every payphone in the world was tapped. Or if it wasn’t, some crew somewhere just hadn’t gotten around to it. The taps fed electronically onto storage reels at a central point, and about once every second day a print-out was obtained by an officer who listened to many phones without having to leave his office. He merely rang up the storage drums and, on signal, they played back, skipping all dead tape. Most calls were harmless. The officer could identiffy ones that weren’t fairly readily. That was his skill. Some officers were better at it than others.”

— Philip K. Dick, A Scanner Darkly

La columna de hoy es una reiteración de vainas que ya he dicho acá varias veces: estamos entregando un montón de control a las empresas del Valle del Silicio no sólo sobre nuestra interacción social sino nuestra información privada sin que nos sintamos en lo más mínimo agredidos por sus prácticas y falta absoluta de fiscalización. La enseñanza que deja por lo pronto el escándalo de Snowden y Prisma es que NSA y las empresas que monopolizan el tráfico en línea comparten mucho más de lo que deberíamos estar dispuestos a aceptar (no solo información, sino intereses y prácticas). En Medium puse la columna decorada, con enlaces y con unos cuantos comentarios al margen.

Medio

Hoy recibí una invitación para probar Medium. La idea, si entiendo bien, es montar un sistema centralizado de blogs con algo de curaduría en portada y diferentes colecciones temáticas. Lo más novedoso por lo pronto es la interfaz de edición. El diseño fijo facilita mucho todo. Es muy intuitiva y sencilla. Me gusta. Los comentarios asociados a cada párrafo todavía no los aprecio en parte porque nunca he sentido la necesidad de comentar párrafos específicos en ningún blog. Por lo pronto Medium me parece perfecto para publicar textos cortos en un formato limpio y de lectura sencilla. Para probarlo, subí algunas columnas viejas endulzadas con enlaces y fotos y un comienzo de un cuento que no prosperó. También creé una colección de artículos para tal vez montar ahí adentro el sitio de divulgación científica que hace rato que queremos armar con Óscar.

Hablar

Pecas me preguntó hace unos días por qué escribo acá. Hace unos años mi excusa era la distancia. Supongo que la distancia sigue siendo un factor pero no tanto como antes porque mi vida está más acá que en cualquier otra parte. El registro ocasional de lo que siento/pienso, ideas sueltas asentadas sobre el peso del texto, parece acomodarse mejor, pero es insuficiente: siempre podría hacerlo en privado. La duda grande es por qué hacer todo esto en público. Y no sé. Tal vez preservo la esperanza de que las conversaciones vuelvan a los blogs. En el juego de roles de las “redes sociales” nunca he sentido que se pueda hablar de verdad.

Auge y declive

Esta entrada describe acertadamente un aspecto del ciclo vital de las “redes sociales” y por qué su éxito las aniquila. Un fragmento:

Finalmente todos llegan a que, si se pasa el tiempo suficiente en un lugar y este se hace muy concurrido, se piensa un poco más en la imagen que se ha construido y proyectado a los lectores regulares, por lo que el espacio otrora reservado a pocos hoy resulta muy ruidoso para exponerse y nuevamente comienza la búsqueda de nuevos canales para continuar con “las conversaciones importantes” en las que se es un poco más uno mismo y un poco menos lo que los demás esperan.

Autopublicados

Daniel Ferreira me incluye (con Inframundo) en esta lista de autopublicadores digitales colombianos.

Alternativas a Google Reader

Con Sergio estamos probando tiny tiny rss como posible sustituto de Google Reader. La importación de feeds fue trivial. Por lo pronto parece una buena opción. Lo modificamos ligeramente para que haga algunas cosas que nos gustan. No tiene sentido seguir dependiendo de empresas para contar con un lector de noticias. La próxima desactivación de Google Reader es una nueva evidencia de la transición de una internet de creadores/contribuidores descentralizados a una de proveedores/canalizadores centralizados de contenidos.

Contenidos ágiles y conocimiento libre

La columna de hoy es una respuesta a esta columna tendenciosa y/o desinformadísima de Carlos Granés publicada ayer. El asunto es extenso así que decidí restringirme a dos puntos específicos: el primero es que la piratería no es consecuencia de los activistas sino, más que nada, de la ineptitud de los comerciantes que se niegan a ofrecer alternativas digitales de sus productos (o se adaptan a una lentitud pasmosa). Lo segundo es que Granés mete en el mismo costal de la libertad de la información a varios grupos disímiles (piratas, activistas de diferentes líneas, vándalos enmascarados) y los describe como utopistas moralistas e ingenuos anticapitalistas con propensión al crimen (muy en la línea de Fernando Savater y Vargas Llosa, por cierto). Las imprecisiones evidentes en su párrafo dedicado a Aaron Swartz (a quien designa como símbolo más visible de ese conglomerado que imagina) dejan clarísimo que no sabe de qué habla (omite, por ejemplo, que la red de MIT es abierta y por ende es perfectamente legítimo entrar a la universidad, conectarse y bajar un par de artículos de JSTOR — Swartz abusó de la infraestructura descargando volúmenes muy grandes de golpe, no por bajar nada en particular. Por algo JSTOR finalmente se desligó del proceso contra Swartz). Este perfil en Slate es un buen punto de partida para hablar educadamente de los méritos y fallas de Swartz. Aquí su manifiesto de acceso abierto a documentos gubernamentales y académicos y aquí una columna de Jorge Orlando Melo sobre el acceso abierto a publicaciones académicas en Colombia.

Dilemas de la ciberenseñanza

La columna de hoy va sobre los cursos abiertos masivos en línea. Es una idea viejísima que ha sido revitalizada por los adelantos recientes en infraestructura de comunicaciones. Por curiosidad he asistido a un par de cursos en ese formato. Ahora mismo tomo el curso de análisis de datos en Coursera y recién me registré para el curso de aprendizaje creativo que ofrece el MediaLab de MIT. Los que he tomado me gustan porque sirven de guía para avanzar en el estudio de un tema (usualmente técnico), pero al tiempo no me gustan porque los encuentro monstruosamente superficiales y simplistas en sus explicaciones para justificar los métodos que explican (la matemática complacientemente vaga me incomoda). La audiencia amplia obliga a sostener la clase en un nivel más bien bajo para mi gusto. Esto es algo que he sentido cuando dicto cursos con más de cincuenta estudiantes. Es muy difícil apuntar al nivel correcto cuando la interacción personal con los estudiantes es tan limitada. En cursos de más de cien personas los estudiantes están por su cuenta. La diferencia entre estos con un curso en línea, por ende, es insignificante. Y creo que con práctica la metodología se puede mejorar. Me encantaría hacer el experimento de dictar uno.

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Carnaval de enlaces relacionados: Aquí hay una discusión entre los extremos que describo en la columna • Una discusión sobre el tema en Bloggingheads entre Tamar Szabo Gendler and Clay Shirky (y un comentario) • Este artículo de Alan Ryan contrastando a detalle ambas perspectivas me gusta mucho • El primer curso abierto masivo en línea fue un libroEste es un artículo sobre la historia de la educación a distancia en Colombia • Una de las formas como Coursera pretende oficializar y capitalizar sus cursos • La posición de un entusiasta utópico más o menos genérico • Este es un artículo razonablemente escéptico al respecto de estos cursos y su lugar en el sistema universitario • Pese a las críticas, Wisconsin está pensando en abrir la posibilidad de otorgar créditos por cursos gratuitos en línea • Aquí la Universitat Oberta de Catalunya ofrece su posición institucional al respecto • Reflexiones sobre los “MOOCs” de Stanford (Vía @angelamars).

Aquí es mejor

En Reality is Broken su autora dice que las personas se vuelcan cada vez con más frecuencia en juegos de video porque la realidad se quedó corta como fuente de emociones. El mundo sobre-estimulado ya no puede tolerar la frustración y la monotonía de la cotidianidad moderna. Su propuesta, descrita en el libro, consiste en ludificar la realidad para que ofrezca los retos, recompensas y satisfacciones que los juegos de video son tan efectivos en proporcionar. Suena bien. La idea es repensar cada actividad humana como un juego y luego sobreponer un sistema de reglas, misiones y puntos (mediado por aparatos electrónicos muy probablemente interconectados) que controlen su realización y registren el progreso de sus participantes. Las llamadas redes sociales son un ejemplo no totalmente intencional de esta estrategia. La actividad que pretenden enriquecer/reemplazar es la socialización misma. A cambio de atención y alimentación del flujo informativo, ofrecen vínculos, interacción y retroalimentación inmediatas. Con muy poco esfuerzo mitigan la (temible) soledad. Mi sensación, sin embargo, es que este esfuerzo no es opcional cuando se trata de crear vínculos perdurables con otras personas. No es algo que se pueda de verdad obviar y sustituir con sobre-conexión intensa. Sin duda las redes son útiles para sostener/crear algunas conversaciones y algunos tipos de relaciones, pero debido a las restricciones que sus administradores imponen para incentivar su uso (al fin y al cabo antes que nada son negocios) generan una suerte de minimalismo social basado en la urgencia (de saber, de tener, de recibir, de decir, de estar y ser). Esto sin duda determina la calidad y el carácter de las relaciones que generan. Las redes sociales no son herramientas neutras. Sus diseños están basados en ideas concretas del funcionamiento de la sociedad. Personalmente prefiero las viejas herramientas descentralizadas (como los blogs o el email) que no limitan mi control de la información que intercambio a través de ellas ni me imponen condiciones de acceso reducidas. Hay un precio a pagar (en audiencia o disponibilidad, por ejemplo), pero me siento más cómodo y tranquilo aquí.

Algunas palabras de nuestros patrocinadores

Hecho: El propósito último de las redes sociales centralizadas es controlar la atención de sus usuarios y, a mediano plazo, capitalizarla. Cualquier estrategia para amplificar este efecto será considerada. Problema evidente: Dirigir la atención de una audiencia es el primer paso para manipularla. Relacionado: El sobreflujo de información es un medio propicio de cultivo y dispersión de desinformación.

Servir al servidor

La hiperconexión informativa que generan las llamadas redes sociales reduce el riesgo de subversión y facilita la uniformización de la masa. El control de la atención (por saturación) es un método eficiente de opresión pasiva porque puede ser presentado como un servicio que el usuario adquiere voluntariamente (aunque en la práctica el adquirido/asimilado sea el llamado usuario, que provee un servicio gratuito y cede la propiedad y control de sus contribuciones a la empresa administradora de la red). Cada vez con más frecuencia la inactividad en estos servicios se equipara a la inexistencia. A cambio de muy poco (¿entretenimiento? ¿socialización ligera? ) estamos sucumbiendo a participar con sumisión en las dinámicas sociales impuestas (aquí un ejemplo) por sistemas comerciales centralizados (y cerrados) de recaudo y venta de (nuestra) información y atención.

Todos al ritmo del funk

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