Rango Finito

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japón

一命

Ciertos grupos sociales se definen por unas reglas de conducta que de alguna manera los sitúan a la cabeza de la (¿o una?) jerarquía moral. Desde ahí establecen, mediante cálculos legales, quién es digno de su respeto y atención y quién merece castigo. Los formalismos son una forma de opresión pasiva poderosa. El sistema de reglas de conducta sirve de fachada para fortalecer una posición de autoridad. Su rigor es, por ende, selectivo. Confrontar el código para evidenciar su carácter ficticio requiere sacrificios inmensos. Sólo en derrota honorable hay victoria.

Innombrable

Una vez instalado, el Comando Supremo de las Fuerzas de Ocupación en Japón prohibió en su Código de Prensa (publicado en septiembre de 1946) que la bomba fuera mencionada en libros, revistas, periódicos, programas de radio, boletines de prensa y películas. También prohibió la divulgación en Japón de estudios científicos y médicos sobre los daños de la bomba y sus consecuencias, incluso entre los médicos que atendían a los afectados por la radiación.

No sé si el propósito de estas normas era construir una campana de negación artificial sobre las víctimas (y así facilitar la seguridad de las fuerzas de ocupación) o, más bien, reforzar la negación propia sobre el evidente carácter criminal del ataque (que de muchas maneras subsiste aún hoy).

Convertirlo en olvido.

La poeta Shōda Shinoe, víctima directa de la bomba en Hiroshima, resistió la censura imprimiendo sus poemas y distribuyéndolos personalmente entre los sobrevivientes.

A continuación algunos de sus tanka (traducidos tal vez demasiado libremente de una traducción al inglés que encontré acá):

Relámpago y explosión
En el espacio de un instante

Ese silencio
Transformado en la carnicería sangrienta de Asura
Ese silencio.

Alguien me carga en su espalda
Al centro de primeros auxilios
Frente a mí
Junto a un cuerpo gritan “¡Agua, agua!”
las últimas horas de un niño.

Como los guardianes protectores del templo
Negros, inflamados y chamuscados
Cuerpos desnudos
Apilados unos sobre otros.

Sobresale en la tierra ardiente
La maleta del maestro de escuela
Derrama las calificaciones
de sus pupilos.

Huesos enterrados
En una lonchera quemada
Sólo esto
Tiene alguna realidad.

Y otro más:

Los huesos grandes
Deben ser del maestro
Cerca están acumulados
Los cráneos más pequeños.

Shōda enfermó de cáncer en 1963 y murió en 1965. Tenía 55 años.

原子爆弾

Es como en el chiste del señor Tanaka, un japonés rico e influyente de la ciudad de Hiroshima que por meses denunció infundadamente a un pastor metodista japonés como traidor porque el cristianismo es, obvio, anti-japonés y americano, y luego de la bomba, atrapado en el dolor y consciente de su agonía, con llagas supurantes cubriendo casi la totalidad de su cuerpo y sus ojos transformados por las quemaduras en contenedores hediondos de pus, pidió desesperado a su sirviente (o tal vez a su hija) que buscara a un hombre de fe, de cualquier fe, que lo consolara, pero sólo encontraron al pastor, quien le leyó el salmo 90 (“Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche. Tú los has barrido como un torrente, son como un sueño; son como la hierba que por la mañana reverdece; por la mañana florece y reverdece; al atardecer se marchita y se seca. Porque hemos sido consumidos con tu ira, y por tu furor hemos sido conturbados. Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia. Porque por tu furor han declinado todos nuestros días; acabamos nuestros años como un suspiro.“). Cuando el pastor terminó la lectura, el señor Tanaka murió.

Mapa de daño en hiroshima

告白

Confesiones, de Tetsuya Nakashima, se entiende mejor con un esquema de puntos y flechas. Los puntos son personajes y las flechas verdes son transferencias de culpa. Las flechas rojas, por su parte, son venganzas ejecutadas. Hay un punto especial que es la masa. Así me lo imagino. Recomiendo hacer el esquema mientas la ven. Ayuda a apreciar el juego de justificaciones de violencias interconectadas sobre la imposibilidad del perdón. Me recuerda al Señor de las Moscas y a Rashomon. Suicide Circle es un predecesor obvio. La dinámica de venganzas e intercambios de culpas en Confesiones permite que todos los personajes tengan su momento de redención y su momento de castigo desproporcionado. También promueve la confusión moral, lo que siempre es apreciado. Liberar temporalmente al psicópata interior en un ambiente controlado es un ejercicio sano.

Confessions
Los niños japoneses dan miedo.

Viernes

Esto ya se llama primavera. Seis grados esta mañana al salir a coger el bus. Las flores explotan de repente en los antejardines y los árboles se llenan de cogollos tiernos y dispuestos a todo (pero especialmente a crecer) a cambio de un poco de sol. Por primera vez en lo que va del año dejé mi chaqueta de supervivencia polar en la casa. En clase discutiremos la representación de funciones como series de potencias y durante el viaje en tren redacté el resumen de mi charla del martes en McMaster. Ayer en televisión canadiense entrevistaban pasajeros recién llegados en un vuelo Tokio-Toronto. En su mayoría, muchachitas post-punk mimadas con tapabocas estilo japonés convencidas de que acababan de salvarse de terminar con rabo, tres tetas y poderes piro-telequinéticos por cuenta de la siempre inminente nube radioactiva. Las mamás, aliviadas de tenerlas de regreso, decían que en Japón los medios y el gobierno ocultaban la verdad: negaban los riesgos, aseguraban que no había nada que temer (a diferencia de los siempre confiables, mesurados y objetivos canales de noticias norteamericanos). Cunde la desinformación, y me temo que es parcialmente intencional: el pánico cautiva, sostiene al televidente frente a la pantalla a la espera (amenizada por los patrocinadores) de una nueva materialización del Horror ojalá peor que la anterior. Desinformar a costa de tragedias es un buen negocio.

Doce fotos de doce días