Andrés nos regaló Jerusalem: A Family Portrait y anoche lo leí. Es un cómic sobre el nacimiento del estado de Israel desde la perspectiva de una familia judía que vive en Jerusalén entre 1940 y 1948. La historia está pensada para que la mirada microscópica a los conflictos familiares sirva de reflejo a las situaciones políticas macro que se entretejen en Palestina por ese entonces (que a su vez sirven de reflejo a situaciones políticas actuales): la ocupación (y manipulación) británica, los movimientos pacifistas de corte comunista, los movimientos radicales sionistas o árabes, la diversidad de proveniencias, la llegada de los judíos que escapan de los nazis, los campos de concentración en Europa, etcétera.

Es una novela agresivísima no solo por las escenas muy explícitas de guerra y terrorismo como por las evidencias (sutiles pero constantes) de desequilibrio emocional de los personajes. Son personas seriamente afectadas por la vida. Tienen rabia. Son rabia. Han transmutado en resonancias de la guerra. El comentario general que propone de la situación política en Palestina en ese entonces (y de cierta forma también ahora) es descorazonador.

El dilema sobre cómo y por qué ejercer violencia contra otras personas (o recibirla) es un punto de contacto entre las diferentes tramas. Las respuestas difieren. Ninguna es fácil. Hay mucha resignación, mucha impotencia, cunde la derrota.

Tal y como anota Andrés en su reseña, aunque hay una línea de tiempo clara y las situaciones están encadenadas, algo (no soy capaz de puntualizarlo) en la forma como se cuentan las historias hace que se sientan confusas. Como si fueran los cuentos que le llegan del exterior cada día a los que se resguardan en un refugio contra artillería: intentos de comprimir lo incomprensible en narración.

La guerra destruye todo. Por dentro y por fuera.

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jerusalem

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Jordi Sánchez Navarro ahora tiene un nuevo blog de lectura de cómics. Atentos ahí.