Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

jóvenes

Película

Al principio hay doce jóvenes al borde de la edad que legaliza sus vicios. Uno a uno, los jóvenes son asesinados en circunstancias por aclarar. Algunos aparecen empalados. Otros son crucificados. Uno de ellos es troceado y sus partes aparecen entre los armarios de la cocina de su abuela. La vieja los encuentra y entra en catatonia. No hay patrón ni lógica reconocible. Son muertes vulgares, sin la sofisticación visual y mecánica característica del género sangriento moderno. Los jóvenes no se conocen, ni siquiera viven en la misma ciudad, y por fuera de su vínculo generacional evidente no hay ningún detalle por mínimo que sea que los unifique más allá del hecho de que son los jóvenes muertos en esta película. La crueldad de los asesinatos escala a medida que los jóvenes se agotan. Ninguno sabe lo suficiente como para sospechar que será la próxima víctima. Uno de los jóvenes está enamorado de una mujer mayor que se aprovecha de su inocencia. Otro tiene problemas con su cuerpo que resuelve en peleas con desconocidos en centros comerciales. Otra más, una de esas veinteañeras con actitud y porte de adolescente, se odia en pose por ser tan perfectamente única que nadie está a la altura de su excentricidad. El protagonista, que podría ser cualquiera, quiere ser músico pero no siente que tenga lo que se necesita para triunfar. En realidad es una película sobre jóvenes, no sobre sus muertes. Sus muertes son exabruptos que impiden que la película progrese y los personajes alcancen la dimensionalidad plena que prometen. La primera víctima indirecta del asesino es el guionista, que presencia impotente como sus mejores personajes (los que guardó celosamente para la película que sería suya) son torturados por una fuerza sobrenatural que les niega su verdadero destino dramático. Los actores, inmersos en su papel, lloran al descubrir que su personaje también será asesinado. Nadie les avisó que terminaría así pero no hay alternativa. No es la primera película que se deshace en una masacre sin sentido pero nadie quiere que sea la suya. A veces pasa. Es necesario. La entidad pide un sacrificio y debe ser complacida. La entidad elige. Todo es ficción pero la muerte es real. La muerte siempre es real.

Tratamiento

Son jóvenes. Doce semanas de entrenamiento y directo al monte. Les dicen que están preparados. Los engañan. La zona está infestada. No reconocen las señales de riesgo que anuncian el ataque. El ruido blanco que corta el chirrido de los grillos y reconfigura el silencio. Los he visto actuar, es mi trabajo: los dientes flotantes despedazan a su víctima en segundos. Su diseño es óptimo. El elegido se deshace en un murmullo de sangre y vísceras que parece levitar momentáneamente mientras es digerido por el enjambre. Quienes sobreviven hablan del abrazo de calor acogedor que súbitamente desgarra la carne y del ronroneo de la nube lechosa que los envuelve y reduce a esos muñones purulentos de pensamiento puro que ahora flotan frente a mí protegidos por burbujas psicogénicas. Somos el futuro, nos advierten con insistencia.