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Psíquicos

Salió la niña con que cuando Netflix se congela y aparece el contador de porcentaje del buffer descargado la forma de hacerlo avanzar a buen ritmo y que el programa regrese es leer los números en voz alta a medida que cambian. Todo aquel que no cuente debe hacer mientras tanto silencio absoluto. Llevo dos semanas explicándole que mi contar o no contar no hace diferencia en el progreso pero ella insiste, y como nuestra conexión no es la mejor la escena angustiosa de reclamo de conteo en voz alta y pelea si cualquiera dice algo más se ha vuelto ritual familiar. A falta de religión tiene eso.

Recuerdo mis propias versiones de esa superstición cuando niño. La más recurrente, tal vez, era la creencia en que con el poder de mi mente podía hacer que volviera la luz cuando se iba. Requería un esfuerzo inmenso y casi siempre horas de concentración (no sé por qué ahora siento que también involucraba algún tipo de conteo) pero adjunto al alivio que llegaba con el final del apagón venía el orgullo secreto de haber contribuido psíquicamente a resolver lo que quiera que hubiera cortado el fluido eléctrico del pueblo. No sobra decir que durante algunos años de mi infancia la luz de iba por término indefinido con regularidad semi-diaria, así que las oportunidades para fortalecer mis habilidades psíquicas abundaban. A ese entrenamiento severo debo mi fama de vidente y sanador.

Culturas

1. En el parque en bicicleta esta mañana nos pasó un pequeño bus estilo carrito de golf con seis ancianos. Laia lo reconoció inmediatamente como una chiva, vehículo mitológico que solo conoce gracias a las lecturas recurrentes de Chigüiro viaja en chiva.

2. En The Furchester Hotel el monstruo comegalletas aparece en el reparto como huésped permanente: un monstruo viejo desempleado con un problema de adicción que sirve como comodín cómico de la serie debido a su torpeza y desenfreno. Uno de los papeles más (emocionalmente) complejos de su larga carrera. Tal vez autobiográfico.

3. La principal lealtad de Baby Driver se concentra en la captura meticulosa de la acción (entendida como manifestación de lo sobrehumano). En ese sentido sus parientes más cercanos son las viejas películas intensas de Buster Keaton y similares, con el ritmo como regente, cuando el silencio era más compromiso que limitación.

Sol

Ando inapetente de lectoescrituras tal vez por culpa de la calor, que llegó con fuerza hace pocos días tras un mes de lances tímidos. Queda apenas un mes para el quinto cumpleaños de Laia, quien anda de buen paladar y entusiasmada con las letras. Hoy le pedí que me escribiera SOL, le di un par de pistas, y volvió con SOL en un papel. Quiero ver cuánto aprende sin ajustarla dentro de un método, a punta de puro interés propio (y exposición). A esta edad aprenden más rápido de lo que asimilan que aprendieron y muchas veces el verdadero problema es cómo inculcarles la seguridad que necesitan para sentir que saben lo que todavía no saben que saben. En el trabajo hoy cumplí tres meses, o sea que ya estoy por fuera del período de prueba, sea lo que sea que eso signifique. El ambiente sigue siendo entretenido y agradable; aprendo vainas cada día. Por las noches leemos con Laia el primer volumen de His Dark Materials de Philip Pullman. El oso la maravilla e intriga tanto como a mí cuando lo leí por allá hace veinte años, recién traducido al español. Hace un par de semanas compramos pasajes para visitar Barcelona a final de agosto. Espero aprovisionarme de libros largos en español que resistan al menos dos años de lecturas para antes de dormir.

Inevitable

Today Laia learned that everybody eventually dies. Naturally, she does not want me to die. As I tell her that this is inevitable, I consider adding a promise of a return or a new opportunity to meet again maybe somewhere else (somewhere out there, far away). It just pops up. Perhaps that is the way religions were born: out of fear of telling children our time together is rather short. Fear of leaving them alone. Fear, really, of hurting them. Being my daughter, Laia is of course well aware of the ontology of ghosts (and monsters and zombies, she would add), so she actually looks forward to my reemergence as a semitransparent immortal entity; a presence she imagines both haunting and comforting. I suspect she would be thrilled to have her own personal ghost. Later, she will learn they are also essential to keep life on track. I will make sure to teach her that.

Compáñeme

Hay una forma de satisfacción particular que proviene de cerrar un día intenso en compañía de la hija. Me gusta rendirme ocasionalmente a su voluntad y permitirle que decida horas enteras de actividades (“Compáñeme, compáñeme, así bailando así”, me dice cantando). Pero por momentos también me alejo y solo la dejo ser: la miro e intento imaginar qué piensa, cómo ve el mundo, en qué enfoca su atención, y siempre me sorprende cuando al cabo de un rato de distancia me mira, se sonríe y vuelvo a ser su amigo viejo que siempre pierde en todos los juegos que se inventa. Me pregunto si cuando desde los cuarenta recuerde su infancia pensará en estos días que pasamos juntos dando vueltas por la ciudad.

Encuentro

En el tranvía, junto a mí, iba una mujer de unos cuarenta y cinco años con la que yo imagino será la apariencia de Laia a esa edad. Era algo que iba más allá de lo físico. Tenía cierta actitud desafiante que asocio con ella. Y bailaba con la música en los audífonos mientras escribía notas a la carrera con letra redonda gigante en un cuaderno. No sé si la vida me dé para alcanzar a ver a Laia a esa edad. Muy probablemente no. De cualquier forma por ahí estaré.

Hablar

Hoy Laia me dijo, cuando la fui a recoger al colegio, que no quería hablar más porque estaba cansada de hablar. En realidad lo que me pedía, sutilmente, era que dejara de hablarle. Así pagan.

Gandalf

Algo que me intriga de Gandalf es que es evidente que sabe más de lo que admite. Al respecto del destino de Bilbo, por poner un ejemplo. Y si se piensa, encadenando, la forma como la elección de Bilbo para que acompañe a los enanos a recuperar su montaña okupada terminará desencadenando, muchos años después, el viaje de Frodo y compañía con el propósito de destruir el anillo único. Gandalf sabe, y lo reitera varias veces, que Bilbo es esencial para el viaje. Pero es igualmente evidente que Bilbo no es esencial a priori y que su carácter especial es algo que de cierta forma adquirirá durante el viaje. Así que hay algo que Gandalf sabe o puede ver pero nunca reconoce y debido a esto por momentos, durante la lectura de El Hobbit, sospecho de su estatus dimensional, por así decirlo: tal vez Gandalf, me digo, existe por fuera del tiempo y esto que vemos es apenas una sombra de su verdadero ser. Aunque por otro lado con frecuencia ese mismo Gandalf es sorprendido y emboscado por criaturitas que cualquier entidad medianamente omnisciente sabría evadir sin despeinarse. Pero para mí esa puede ser una estrategia de distracción: Gandalf no soluciona un problema al elegir a Bilbo sino que crea la premisa de una historia que luego contribuirá a desarrollar y esa historia, con sus vicisitudes, con las dudas de lo que Bilbo puede o no lograr, es crucial para que el anillo pueda ser primero encontrado y más tarde destruido. La historia, con sus emboscadas y sus derrotas temporales, con el hambre y la frustración del viaje imposible, es el catalizador que inspira al héroes a persistir. Una buena historia perdura y crece. La narrativa nos impulsa. Gandalf juega con eso.

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Primer día de colegio de la hija. Adiós a la guardería. Emocionante y aterrador verla crecer. Más que todo emocionante. Cada vez menos nuestra y más de ella. Me encanta conocerla.

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Y así llegamos al presente, donde una tarde en la playa consume el día y la energía reservada y de regreso Laia cae profunda así que la traemos cargada hasta la casa donde después de la consabida lectura y la serie de canciones acepta con cierta reticencia que tal vez sí sea el momento correcto para dormir. Desde la sala, sin embargo, la oigo todavía despierta veinte minutos después del cierre de mercado paternal.

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It takes you a while to come to terms with the fact that you need to go to sleep because you seem to believe that sleeping is this optional absurd activity adults created to keep you away from music, toys and games. After all, you are never tired. The procedure starts when I announce that in about five minutes we should all go to sleep (a blatant lie). What follows takes an hour. Sometimes you throw a tantrum right away and I let you own it but maybe a few minutes in I suggest that you could brush your teeth while at it, or maybe put on your pijamas. Manipulation is not out of the table. Nothing is out of the table. If needed I pick you up and dance you through the different service stations. Long gone are the times when I thought that at the end of this daily and frustrating iterative process there was a method that would allow me to put you to bed without tears and screams and statements about how you do not have any friends anymore. Now I just let you go your way and try to stick by your side making sure that everything that needs to happen happens at some point: brush your teeth, go to pee, take a bath, pijamas on, the essentials. As a reward, and you know it, I read you a book and sing you songs. This week we are reading Zorgamazoo once again. The first time I read it you were inside your mother and we read a chapter every night before going to sleep, hoping you would learn to recognize my voice. This time, now a breathing air independent tiny woman, you pay attention and ask me questions about the words and the story. Often I finish a verse and realize that I was not pronouncing appropriately the last word of the previous line. I notice it because the rhyme fails. You have not realized yet how awful my English is. After the chapter is over you ask for songs. Today I departed from the usual repertoire and tried to sing a few David Bowie songs. Discovered I do not know the music of Starman, only the chorus. You approved my interpretation nevertheless or at least did not reject it explicitly; just listened to the songs and finally, when I went over five or so, asked me for one kiss, one hug and your tickles. Each dose was doubled.

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Laia
Cuatro años de hija.

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Fuimos al colegio por la tarde a participar en una jornada de actividades para mejorar sus instalaciones. Pintamos tableros y Mónica hizo algo de jardinería. Mientras tanto Laia y yo comimos bolis y parchamos bajo un árbol en el parque. Laia se comió unos cuarenta bolis en dos horas. El sol estaba espantoso pero el árbol nos salvó. Mónica no respetó al sol y terminó con la espalda a medio asar. Tuve una discusión intensa con un amigo de Laia, que llevaba tercamente los zapatos al revés, sobre si el pasto se puede comer o no (él decía que no, yo que sí) que terminó en cata de las diversas variedades disponibles en el prado a modo de demostración. Más tarde Laia, el amigo de Laia y yo nos acostamos en el pasto bajo el árbol y a través de las ramas y las hojas vimos, enfatizada por la luz intensa y el contraste del azul al fondo, una bandada de semillas apelusadas que revoloteaban sobre el árbol desesperadas y sin saber hacia dónde ir, igual que tantos jóvenes acomodados. Aproveché el momento para compartir con Laia y nuestro amigo mi opinión en breve sobre el estado general del mundo.

Ahora una foto del árbol:

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Laia y sus papás

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Laia y yo
Cuando me muera recuérdenme así.