Durante el período de suspenso en el que se sospechaba que las fotos habían sido robadas y Mordzinski promovía desde su página web un linchamiento público a Le Monde por medio de redes sociales, consideré la posibilidad de reivindicarme la desaparición de ese valiosísimo archivo de fotos deplorables, justificando mi acción como una protesta contra la tendencia a promocionar la literatura mediante la creación de una farándula/olimpo de personajes escritores atrapados en el circuito indulgente de las ferias y los festivales.