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lectura

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El resumen ejecutivo de los datos de Colombia en PISA 2012 preparado por el Icfes se concentra en comparar a Colombia con otros países evaluados en diferentes variables. Un dato clave (p. 13) que sirve para poner este gráfico en perspectiva: entre todos los países evaluados, Colombia es el país donde la ventaja de los muchachos sobre las muchachas en matemática es la mayor y también (por si acaso quedan dudas) es el país donde la ventaja de las muchachas sobre los muchachos en lectura es la menor después de Albania. El machismo colombiano y sus consecuencias.

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Gráfica de libros en casa y la distribución de puntajes de los estudiantes colombianos en matemática y lectura:

libros
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Fiebre de Laia y poca cabeza en general. Sigo mirando los resultados de Pisa. Esta es una de esas gráficas que siempre me impresionan:

puntajes de pisa colombia
Puntajes de matemática y lectura de todos los colombianos evaluados por Pisa 2012, con un código de color los diferencio por género.

Y otra que me parece graciosa:

numeros propios
Los números propios son un concepto inventado por los evaluadores. Incluyen esa pregunta para medir overclaiming (¿traducción?) de los estudiantes. Clic para verla grande.

En su defensa, no siempre son así de descarados (o de pronto “números propios” suena muy cercano a otros conceptos de uso común y los confunde):

escsubj
Clic para verla grande. De nuevo, la escala subjuntiva es un invento de los evaluadores.

Pisa Nostra

Las pruebas internacionales Pisa no sólo evalúan a los estudiantes sino que los clasifican socioeconómicamente con mucho detalle. La prueba está acompañada de una encuesta con la cual se pretende conocer las condiciones de vida de los evaluados tanto dentro como fuera del colegio. Los resultados de Colombia son discutidos recurrentemente en los medios como prueba definitiva de la baja calidad de nuestro sistema escolar. En la columna del sábado pasado, Julio César Londoño explica el mal puntaje en lenguaje con una serie de estadísticas sobre los niveles de lectura nacionales. Coincidencialmente, las pruebas Pisa preguntan a los estudiantes evaluados si leen por placer. ¿Cómo le va a Colombia?

Algo así como el 62% de los niños colombianos evaluados y un 75% de las niñas colombianas evaluadas leen por placer. En promedio, Colombia supera en esta estadística a países como Canadá, Finlandia, Francia, Noruega, Alemania o Japón. ¿Intrigante? Claro. ¿Explicable? Tal vez. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que niños colombianos que generalmente no cuentan con libros en casa ni con bibliotecas accesibles (según Londoño “en el 47% de los hogares colombianos hay menos de cinco libros y en el 22% hay cero libros”) digan que leen por placer? Hipótesis: los niños colombianos responden lo que creen que esperan que respondan. Están entrenados en la complacencia como técnica de supervivencia escolar.

¿Tengo pruebas? No realmente. Pero en Pisa también le preguntan a los estudiantes qué tan frecuentemente el profesor debe esperar para que se haga silencio en clase. A continuación la tabla de resultados que cuenta el porcentaje de evaluados que aseguraron que eso no pasaba o pasaba sólo de vez en cuando:

silencio en clase pisa

Es decir, 81% de los niños colombianos evaluados no sufren interrupciones frecuentes en clase. Algo muy difícil de creer pero de nuevo explicable con la hipótesis de la complacencia como regla principal de supervivencia: la escuela colombiana promueve la idea de que el silencio respetuoso hacia el profesor es la situación deseable así que los niños responden acorde. En esta tabla también viene bien notar que Finlandia, un país reconocido mundialmente por la calidad de su sistema educativo, reporta el tercer porcentaje más bajo (63%). De pronto esa disciplina superficial de guardar silencio y asentir no es tan importante.

(De paso, aquí una nota de Daniel Vaughan sobre los valores que los padres colombianos quieren que sus hijos tengan. El comentario al final sobre las observaciones de Gadwell al respecto del accidente de Avianca en 1990 es particularmente relevante.)

Sábado

Mónica me regaló de cumpleaños una suscripción anual de McSweeney’s. Es una revista que disfruto mucho desde que la descubrí, hace varios años, cuando (ya en Urbana) empecé a leer (con bastante dificultad al principio) cosas en inglés. Por nuestra parte hemos comprado varios números (y las selecciones de cuentos que editan cada tanto), pero nunca me había suscrito (soy tacaño). El primer número (37) tardó un poco (Problema adicional: los gastos de envío internacional (incluso a Canadá) son altos). Esta edición contiene, entre otras cosas, una crónica/ensayo excelente de J. Malcom García sobre un caso de violencia en Irlanda del Norte relacionado con la evolución de IRA en una banda de matones frustrados de haber perdido el control social (armado) que tenían antes de los procesos de paz (que me recuerda el estado actual del departamento de Córdoba en Colombia, dominado por bandas organizadas que antes componían el aparato de vigilantismo de derecha (aunque en el caso colombiano al caldo sangriento es necesario agregar la guerra por el control de las zonas de cultivo, procesamiento y despacho de drogas)). También hay un cuento muy agradable e ingenioso (basado en combinar narrativa y datos estadísticos) de Jess Walter sobre la vida en Spokane, Washington (un sitio deprimente, al parecer). Además, el número incluye cinco cuentos de escritores kenianos contemporáneos (que todavía no he mirado). Hay cierta tendencia high brow a despreciar (y llamar vacío) el esfuerzo de McSweeney’s por hacer que la lectura sea una etiqueta de estilo (dentro del enramado de pequeñas modas hipster), algo que denote sofisticación juvenil general, coolness, en aras de llegar a un público menos restringido (Nota: que las personas detrás de McSweeney’s sean las mismas personas detrás de esa maravilla que es 826 Valencia demuestra, para mí, cuán genuino y serio es ese propósito. Que además editen libros como este o este(s) sólo fortalece esa creencia). Los puristas exigen que el compromiso con la lectura sea estrictamente intelectual (si no (ugh) académico). Esta exigencia es, por supuesto, falaz. La verdad es que estos puristas también consideran a la lectura como un factor de sofisticación (¡y hasta una marca de clase!) y veneran los libros como objeto de exactamente la misma manera que McSweeney’s (que, por cierto, lleva el diseño y montaje de libros a una nueva dimensión estética). Lo que realmente les molesta de estas revistas que intentan hacer de la literatura algo atractivo (de moda) es que ensucia y populariza (saca del nicho tradicional) un gusto que ellos consideran exclusivo de esa sociedad (clase/casta) de personas altamente inteligentes y educadas que componen (en su opinión, las únicas acreditadas para leer correctamente). Por mi parte, estoy totalmente a favor de cualquier iniciativa que debilite esas barreras y le quite el monopolio de la lectura (y la literatura) a esa gentuza presumida.

Lunes

Me pregunto si alguien lee esto e inmedatamente me pregunto si lo leería de no ser yo. Probablemente no. Probablemente no me interesaría. Sobrevolaría los párrafos, tal vez, y leería las entradas breves. Hoy recolecté seis huevos. Una de las gallinas, la negra, está enferma. Tiene gripa, parece. Llamamos al veterinario y nos recomendó aislarla del resto para prevenir una epidemia. No sabemos dónde ponerla. Alguien propuso que la matáramos e hicéramos un caldo. Aparentemente acá nadie ha escuchado hablar de la gripa aviar. Creo que la llevaré al sótano y la encerraré en una de las jaulas. No sé para qué tendrán esas jaulas. Son grandes, de metal, cada una con un buen candado. Un perro grande cabría sin problema, o incluso una persona sentada. El sótano no es un lugar que me guste visitar.

A medio día me reuní con los estudiantes. Les hablé del examen final. Intenté resumir en cuarenta minutos las herramientas más importantes que discutimos durante el primer mes. No me pareció productivo. Intentaré algo distinto el miércoles. Tal vez ejemplos. Tal vez preguntaré más y responderé menos.

Mañana continuaremos refinando nuestra definición de σ-variedad, cada vez más lejos de la definición natural propuesta por Anand y Piotr. Queremos demostrar que todo conjunto definible sin cuantificadores y finito-dimensional en un modelo de ACFA es isomorfo a los puntos sharp de una σ-variedad. El objetivo es encontrar el contexto más general posible donde podamos hablar de ecuaciones de diferencias no lineales y teoría de Galois.