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Graciosa esta historia de cómo el gran capital del Valle del Silicio encabezado por Zuckerberg invirtió en una reforma radical del sistema educativo de la ciudad de Newark y tres años y pucho después salieron de ahí prácticamente sin resultados y con el rabo entre las piernas. El mercado tampoco logra desenredar el problema social, apenas lo peina. La impresión que me deja es que las propuesta de reforma que se basan en la fundación de un sistema alternativo de educación pública usualmente funcionan bien en sus primeras etapas (como experimentos pequeños de intervención en una comunidad, muy localizados) pero cuando se pretenden escalar terminan padeciendo los mismos problemas de desorganización, descontrol y desviación de fondos de los sistemas que pretenden reemplazar. La plata que se propone y exige para la educación muy pocas veces llega de forma concreta a mejorar las condiciones de vida los estudiantes ni mucho menos su futuro: se pierde entre estudios, consultorías, reclamos, peleas políticas y demás mezquindades mientras que los muchachos (que supuestamente a todo el mundo le preocupan y son el futuro y la prioridad) siguen en las mismas: estafados, despreciados y abandonados.

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Siempre me entra la duda de si la baja calidad de la oferta de lecturas en español en línea es consecuencia de falta de plataformas localizadas o si hay algún tipo de tara cultural que imposibilita al mundo hispanohablante de ofrecer la misma riqueza y variedad que lo que se encuentra en inglés o francés. Tengo la impresión de que durante la primera ola de blogs hubo un intento más o menos extendido por ofrecer servicios similares localizados al español (y ofrecidos desde España o algunos países latinoamericanos) pero pocos florecieron y casi todos decayeron hasta convertirse en inmensos potreros de blogs entre aislados y muertos. Supongo que de cierta manera lo mismo pasó a largo plazo con Blogger en general, pero ahora con el renacimiento de las plataformas de publicación de textos extensos tipo Medium (que mezclan blogs, difusión y curaduría mediante filtros que configuran especies de revistas) no parece haber mayor interés (hasta donde he visto) por reproducir estos modelos en español. Óscar propuso el otro día en Twitter la teoría de que (parafraseo y hasta de pronto distorsiono) un gran obstáculo para difusión de textos en español es la fragmentación política: pese a compartir un idioma no existe realmente una consciencia de comunidad amplia y esto se refleja en los textos que se producen, mayoritariamente locales y medio intraducibles (en términos de contexto) para personas que viven incluso en un país vecino. Más o menos la misma razón por la que es tan difícil comercializar libros de autores extranjeros (aunque hispanohablantes) en Colombia o España. Por reflejo, casi, los diferentes países hispanohablantes se esfuerzan constantemente por diferenciarse de los demás tan tajantemente como sea posible (rayando con frecuencia en xenofobias). Esto por supuesto incluye un celosísimo proteccionismo cultural muy difícil de atravesar.

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De vuelta en el apartamento leí Navidad y Matanza de Carlos Labbé. Es una de esas novelas-máquina autoconscientes y protagonizadas por escritores sublimados llenas de escenas aparentemente intrigantes sin clausura y en las que la trama es una línea entrecortada y tenue en lo profundo de un enramado de lo que supongo son referencias a otros textos y saberes diversos y uno que otro comentario político o de teoría literaria en plan collage. Que los héroes de las novelas latinoamericanas sean escritores es obviamente una cuestión de marketing: la mayoría de las personas que leen literatura latinoamericana en Latinoamérica son estudiantes de literatura que quieren ser escritores (desde el exilio, por lo general) y con el héroe escritor se aumenta la probabilidad de enganchar al lector (o sea escritor en ciernes) a través del artilugio de la identificación. Van a lo seguro. De todos modos cansa eso de que los escritores y estudiantes de literatura, que en general son personas bastante pusilánimes, se representen como ideales románticos de la valentía y el sacrificio a través de su oficio. Como sea, Matanza y Navidad tiene un montón de trabajo de prosa y recursos estructurales que no se pierden pero creo que tampoco se aprovechan para montar algo de verdad significativo. La narración elude la concreción con una terquedad patológica. Un cierto nivel de misterio y vaguedad laberíntica no cae mal, pero hay que ofrecer algo con sustancia a cambio, especialmente si pretenden que uno lea casi doscientas páginas de alegorías anidadas donde intervienen varios narradores de esos postmodernos que no son de fiar. Hay mucho ingenio en esta novela y muchísimo cerebro en bruto repleto de ideas. Se nota que Labbé se va a volver un crack. Scott Esposito decía hace poco en Twitter que Labbé “is the real deal“. Yo diría que “will (surely) be“. Quisiera leerle algo más extenso, ojalá descolocado, imperfecto y jugoso, que escurra, que salga del laboratorio. Tanta pulcritud formal no deja crecer vida.

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Mañana nos vamos de aventura por quince días a cambiar de paisaje. La vida de pueblo es agradable y tranquila pero la soledad y falta de vida de ciudad cansan. Vamos a ver amigos y a hundirnos en multitudes. Tal vez reduzca las palabras acá y compense con fotos. Sigo comprometido a la entrada diaria aunque no sé para qué. Para lo de siempre, me respondo. Laia quiere que le lea libros todo el tiempo. El mismo libro una y otra vez. Cuando se cansa trae otro y lo reemplaza. No sé bien qué le dicen esos cuentos que le leo. Son sencillos. Son las palabras reiterándose hasta que dejan de ser ruido y empiezan a decir algo. En uno de los libros, al final, la mamá le da un beso de buenas noches a la hija y le dice que aunque realmente la cansa ella la quiere de todos modos. La hija le responde que ella también la quiere de todos modos. Así se siente. Es una muy buena descripción de la mecánica de la relación a esta edad. Nos queremos de todos modos, pese a todo, desde una profunda incomprensión mutua.

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Los libros de hojas de cartón duro son ideales para esta edad. Resisten perfecto el trato característico de la motricidad fina en desarrollo. Laia elige uno y me pide que lo leamos. A veces ella pasa las páginas. Me enseña los dibujos con el dedo. Pide explicaciones. Hace sus ruidos. Reconoce gatos, elefantes y niños. Otras veces nos acostamos uno al lado del otro y yo llevo el control del libro. No le basta con que le muestre el libro sino que quiere que se lo lea, lo que implica por lo general traducir pequeñas frases o palabras pues tenemos pocos libros en español. Traducir o inventármelas. Algunos libros, la mayoría, tienen mejores dibujos que palabras así que no me importa tener libertad a ese nivel. De todos modos poco a poco necesitaremos más libros en español para que ella pueda aprender a leer. Además del libro de Isol a Laia le gustan los libros del elefante Élmer de David McKee. Tenemos dos traducidos al español: uno sobre el clima y uno sobre los animales. También tenemos algunos de Chigüiro de Ivar Da Coll. Esos son de hojas de papel así que requieren más cuidado. Había uno de animales de hojas compuestas de algo parecido a espuma que ella esencialmente se comió durante la ansiedad por morder que acompaña el nacimiento de los primeros dientes. La edición de hojas duras de Olivia, de Ian Falconer, ha sido muy apreciada. Y The Big Book of Words and Pictures de Ole Könnecke es un tesoro al que siempre se puede regresar con gusto. También tenemos algunos libros baratos de dibujos que le permito deshojar libremente. Cada tanto le leo unas páginas de alguna novela de Roald Dahl o de la edición con comentarios de Martin Gardner de Alicia. Todavía no le llaman mucho la atención. Prefiere los dibujos coloridos.

The-Big-Book-of-Words-and-Pictures-Muiscal-Instruments

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Una serie más de gráficas de Pisa Colombia 2012 alrededor de una pregunta de autovaloración en matemática:

autovaloracion
En un eje su autovaloración y en el otro el puntaje que sacan en la prueba de matemática diferenciado por género.
autoevaluacion-genero
Fracción de muchachos y de muchachas en cada respuesta.
autovaloracion-total
Porcentaje en cada respuesta sin diferenciar por género.

Canales hacia afuera

Una nota en la New Yorker matizando la ola de críticas y cuestionamientos recientes a “la ciencia” (e.g., en el último The Economist) y aclarando que esas críticas nacen justo al mismo tiempo que varias iniciativas para corregir los problemas que señalan. Clave esto casi al final:

[W]hat science really needs is greater enthusiasm for those people who are willing to invest the time to try to sort the truth from hype and bring that to the public. Academic science does far too little to encourage such voices.

Lectoras

Hoy, en las mesas afuera de la cafetería, vi a una mujer leerle en voz alta un libro infantil con dibujos a su mamá. Debían llevarse unos treinta años pero eran todavía muy parecidas físicamente: ambas con el pelo largo y la cara larga; ambas vestidas con faldas de flores y camisas sueltas. Tal vez la mujer joven elegía la ropa de ambas. La mamá estaba sentada muy erguida con las manos sobre las piernas y seguía la historia atenta a los dibujos que la hija señalaba mientras leía. En las páginas que alcancé a ver los protagonistas (¿tal vez eran ladrones?) escapaban en un carro muy viejo por una carretera escarpada, pasaban junto a un granero rojo y en cierto punto daban un giro, rompían una cerca y continuaban la huida por un pastizal. El rastro de las llantas del carro quedaba marcado en el pasto seco. Pensé en Alejandro y las mujeres lectoras que le gusta coleccionar.

Títulos

He is also a self-published author, writing e-books with titles such as How I Saved Someone’s Life and Marriage and Family Problems Thru Communication and How a Judgmental and Selfish Attitude Is Destroying the World We Live in Because the World Is Vanishing Beneath Our Eyes.

Fantasmas contra Extraterrestres

La edición de Fantasmas contra Extraterrestres corrió a cargo de Inga Pellisa, que contuvo con valentía el ya mítico espíritu indómito del autor. Yo hice las lecturas de rigor, sugerí unos cuantos cambios en pos de la legibilidad y monté el libro en formato digital. Todo lo que esté mal es mi culpa.

Fantasmas contra Extraterrestres es un relato de Javier Avilés que decidimos editar en formato digital y distribuir gratuitamente en línea imitando el esquema que propuso Radiohead para In Rainbows, i.e., descargue ahora y si le nace pague después (o nunca). Una vez más queremos explorar en plan punk formas de prescindir de intermediarios (o al menos reducir su cuota) para distribuir a bajo costo buena literatura, ojalá con alguna compensación para el que escribe. Dado que el autor es Avilés, la historia rehuye cualquier posibilidad de resumen así que no me desgastaré intentándolo. Sólo diré que habla sobre videojuegos, extraterrestres antropomorfos (o no), ectoplasmas, moralismo alemán, viajes en barco, descensos a los infiernos, ciencia ficción y, por supuesto, Beckett. En la primera edición que colgué había borrado por error todas las apariciones de la palabra “juego” del cuento. El efecto era inquietante, especialmente considerando que la narración orbita alrededor de un juego de video sobre una invasión extraterrestre a un mundo abandonado a los fantasmas. Varios de los primeros lectores pensaron que era un recurso deliberado. Este problema (¿por desgracia?) fue resuelto en la versión que ahora está disponible. Como siempre, lean y difundan.

Shadowplay

Uno de los recursos que usa el cómic para ilustrar el nivel de brutalidad de las guerras y masacres reseñadas es la observación de que en un adulto promedio tiene aproximadamente un galón de sangre y en una piscina grande caben más o menos 20.000 galones. Así, si en Colombia han asesinado alrededor de 700.000 personas entre 1958 y 2007, con esos muertos se podrían llenar de sangre humana treinta y cinco piscinas grandes. Piensen en esto la próxima vez que vayan a nadar.

Brought to Light es una dupleta de cómics de denuncia política (Flashpoint y Shadowplay) publicados en 1988. Shadowplay fue escrito por Alan Moore y dibujado por Bill Sienkiewicz y está basado en la documentación anexa a una demanda a la CIA interpuesta (a través del Christic Institute) por periodistas heridos por una bomba en una rueda de prensa que tenía el propósito de matar a Edén Pastora, el líder de la Alianza Revolucionaria Democrática (uno de los frentes Contras). Los periodistas estaban convencidos de que el atentado había sido organizado por la CIA para acallar a Pastora, quien cada vez parecía menos dócil. Mientras Flashpoint se concentra específicamente en el atentado, Shadowplay: The Secret Team es un monólogo de un águila antropomorfa ebria en un bar que cuenta con orgullo, en plan documental apologético, la historia de la CIA y sus operaciones de dudosa (o nula) legalidad enmarcadas dentro de la cruzada global anticomunista. La perspectiva sugerida por Moore bordea la conspiranoia gringa tradicional (e.g. nexos con el asesinato de Kennedy y demás delicias) pero se sostiene la mayoría del tiempo sobre hechos documentados. El monólogo resalta con insistencia, por ejemplo, cómo unos cuantos nombres aparecen recurrentemente conectados a actuaciones non-sanctas de la CIA desde Laos hasta Nicaragua con escalas en Teherán y La Habana, entre otros balnearios. Que una veintena de sociópatas con vocación de héroes de la libertad tuvieran semejante nivel de influencia (e impunidad) sobre la política global en medio de la guerra fría (con su amenaza de holocausto nuclear correspondiente) es escalofriante. Otro punto clave del monólogo es el proceso de privatización de la CIA mediante la creación de empresas fachada y el mantenimiento de negocios turbios (más que nada relacionados con el tráfico de drogas y armas) que les permitieran deshacerse de los controles políticos establecidos y al mismo tiempo contar con un presupuesto acorde a sus aspiraciones de dominación.


Click en Listen para oír a Alan Moore leer este fragmento de Shadowplay.

El punto débil de Brought to Light es su vínculo con la demanda contra la CIA por parte del Christic Institute. Supongo que los demandantes estaban convencidos de que tenían un caso fuertísimo y bajo ese precepto encargaron el cómic, como complemento que divulgara las motivaciones generales de la demanda y por qué las acciones de la CIA afectaban negativamente al hombre de a pie. Por desgracia (?), el juez concluyó que no había suficientes pruebas que vincularan al supuesto autor del atentado con la CIA y ordenó a los demandantes el pago de un millón de dólares en gastos de la defensa. Años después, los mismos demandantes reconocieron que la demanda había sido un error y que probablemente los responsables del atentado habían sido los sandinistas (contra quienes Pastora luchaba) en colaboración con guerrilleros argentinos. La conclusión de la demanda facilita al descreído la tarea de despachar el discurso entero del águila como teoría insustentable. Tal vez por lo mismo es uno de los trabajos de Moore menos conocidos aunque está lejos de desmerecer.

Como de la familia

Nadie había señalado hasta ahora el hecho para mí obvio de que la explotación de una menor de edad, con o sin violaciones y maltratos físicos, es una atrocidad inaceptable. Cuando los hermanos de Mónica Sánchez dicen que la niña era bien tratada se refieren a que era tratada de acuerdo a su condición. Y esa condición, aún hoy, no los perturba. Incluso la describen como un acto de generosidad por parte de su familia. Esa es la perspectiva predominante. La explotación es aún tolerada y elogiada siempre y cuando el abuso no sea excesivo.

Aura

Anoche leí Aura, una novela de sesenta páginas que Carlos Fuentes publicó el mismo año que parió La muerte de Artemio Cruz. Luis me dijo advirtió que tenía su culto. Me recordó a La invención de Morel. Podría decirse incluso que es una precuela (¿no intencional?) de La invención de Morel. Pero La invención de Morel está mejor escrita y fue publicada veintidós años antes. Si Aura tuviera cincuenta páginas menos sería un cuento memorable.

Autopublicados

Daniel Ferreira me incluye (con Inframundo) en esta lista de autopublicadores digitales colombianos.

Literatura en duelo

A raíz de la publicación en Colombia de un libro de Piedad Bonnett sobre el suicidio de su hijo, dije en Twitter que aunque entendía las motivaciones que podían llevar a una mamá en duelo a escribir algo así, me intrigaba y perturbaba que luego lo hubiera publicado (convertido en un artículo a la venta). Para mí esa parte tiene algo de macabro. Esto obviamente no aplica sólo al caso de Bonnett. Ayer por casualidad encontré este artículo reciente de Alberto Olmos sobre lo mismo. Un fragmento:

Porque después de la muerte no se entiende nada, se acaba recurriendo a la literatura. No es necesario indagar entonces en los motivos por los cuales un escritor deja testimonio de la pérdida de su padre o de su madre, de su pareja o de su hijo; si pudiera -si le asistiera la escritura- cualquier persona lo haría. El duelo justifica muchas terapias, muchas extracciones y cirugías de urgencia, y escribir seguramente es la forma más profunda de hundir un cuchillo.

Sin embargo, sí vamos a preguntarnos aquí por qué un autor publica su panegírico, su elogio fúnebre, y por qué ese autor cree que otras personas van a leerlo o deben siquiera mostrar interés en su desgracia. ¿Qué se supone que debe hacer un lector con el dolor de un escritor?

Desde la otra perspectiva, leí hace unos meses este artículo de Francisco Goldman (sobre el libro que escribió al respecto de la pérdida de su mujer) que por desgracia no está entero en línea. Otra lectura relacionada es este ensayo de Jorge Salavert que publicamos en HermanoCerdo. (Y Mercedes me recuerda en los comentarios este ensayo de Aleksandar Hemon sobre la muerte de su hijita.)

Se me ocurre ahora que tal vez el problema es que después de la pérdida (y hasta mucho tiempo después de la pérdida) todo lo que se escribe es inevitablemente parte del duelo: la memoria del muerto siempre encontrará alguna forma de colarse en los textos y enfatizar el peso de su ausencia. De pronto los escritores profesionales no pueden darse el lujo de no publicar lo que escriben.

Menos joven

El debut de Rubén Martín Giráldez fue Thomas Pynchon, un escritor sin orificios, un libráculo editado por los pop-vanguardistas de Alpha Decay que en su momento puse en su lugar en una reseña para HermanoCerdo. De mi lectura de ese libro aprendí que Martín Giráldez es un escritor de cuidado de prosa incontenible muy-muy afilada y violenta (si acaso un tanto saturada) y un arsenal de referencias (cultas y no) digno del posmodernismo radical que profesa (y lo digo sin ánimo peyorativo). Menos joven, editado por los artistas de Jekyll & Jill (no exagero un ápice decribiéndolos así), no debe pero puede leerse como una continuación/extensión ideológica del libro anterior, donde el esquema de la destrucción del ídolo (en el primer libro entendido como un proyecto personal del narrador, obsesionado con aniquilar a Pynchon) se enmarca ahora dentro de una especie de reality show radial post-apocalíptico para audiencia infantil donde tanto el concursante como los oyentes y hasta el narrador van a caballo (la metáfora que justifica esto, si hay alguna, se me escapa). El concursante, un joven no tan joven llamado Bogdano, tiene la misión (difusa) de “localizar a sus ídolos y darles caza”. Para Bogdano la identificación de los ídolos es en sí mismo un problema casi irresoluble pues Bogdano fue víctima de un esquema formativo coordinado por su papá (con la complicidad pasiva de su mamá) donde los títulos, contenidos y autores de sus lecturas se mezclaban sistemáticamente con el propósito de — tal vez tiene sentido dejar hablar al libro justo acá:

¿Cuál era la razón para que el padre hurtara la realidad o propusiese una nueva a sus hijos? También él, en su juventud, había contemplado durante años esfinges que lo pusieron en trance. Cuando despertó de aquella admiración, su vida ya había pasado. Buscó la explicación de este fracaso en sus bestias negras, en la enormidad de aquellos héroes que le habían dado por comparación una medida exacta de su valor, que lo habían llevado a su adolescencia de Estudiante Ligero a la irreversible asunción de lo que ya no podría ser: la ilustración que durante años él mismo se había encargado de administrarse lo había transformado en un ganso sucio y lo había incapacitado para ser un salvaje. Pensó que educando a sus dos hijos en la literatura que generalmente consideramos vulgar tal vez podría darles una oportunidad de salvación, y los mantuvo apartados cuanto pudo de cualquier tipo de excelencia.

Menos joven funciona como una alegoría compleja y abierta a interpretación, con delirios cómicos eventuales, sobre el proceso de crecer. Su formato es más ensayístico que narrativo. Los eventos de la aventura de Bogdano son casi irrelevantes pero sobre ellos avanza rauda una reflexión biográfica sobre la (in)capacidad real que tiene una persona para desprenderse de lo que siente que es (o sea, lo que la atrapa y condena) y recrearse de acuerdo a los que cree (tal vez ingenuamente) que son sus propios criterios. Esta angustia sincera de Bogdano por encontrarse pese a que su empresa sea un fracaso asegurado es lo que permite que el humor corrosivo circundante no sucumba en el cinismo.

Menos joven tiene efectos tipográficos y notas al margen escritas a mano, lo que lo hace apto sólo para cierto público con tolerancia suficiente para el experimentalismo agresivo. Hay apartes que me superan. Hay otros en los que los caballos hablan. Los símbolos son símbolos de otros símbolos más oscuros. El nivel de confusión varía. Es laberíntico, manipulador y absurdista. Los saltos temáticos y lances referenciales contribuyen a aumentar la dificultad. Por fortuna la prosa es todo menos débil y eso permite sostener la lectura durante los contados trechos fangosos. Mención aparte merece el diseño del libro, que supera lo cuidadoso para entrar en la obsesión casi enfermiza (que bajo la funda se oculte un diseño de portada y lomo estilo Gallimard me hace sonreír cada vez que lo recuerdo, por no hablar de los tatuajes temporales adjuntos de, entre otros, Pound, Weber y la hija loca de James Joyce (de quien no sabía nada antes de leer este libro)). Menos joven es raro y orgulloso de serlo. Martín Giráldez no escribe novelas sino que construye engendros ingeniosos descontrolados y el juego es adentrarse en ellos y sobrevivir. No quiero imaginarme qué viene después de esto. Que Shiva nos proteja.

Lucia, la hija loca de James Joyce