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lecturas

Canales hacia afuera

Una nota en la New Yorker matizando la ola de críticas y cuestionamientos recientes a “la ciencia” (e.g., en el último The Economist) y aclarando que esas críticas nacen justo al mismo tiempo que varias iniciativas para corregir los problemas que señalan. Clave esto casi al final:

[W]hat science really needs is greater enthusiasm for those people who are willing to invest the time to try to sort the truth from hype and bring that to the public. Academic science does far too little to encourage such voices.

Lectoras

Hoy, en las mesas afuera de la cafetería, vi a una mujer leerle en voz alta un libro infantil con dibujos a su mamá. Debían llevarse unos treinta años pero eran todavía muy parecidas físicamente: ambas con el pelo largo y la cara larga; ambas vestidas con faldas de flores y camisas sueltas. Tal vez la mujer joven elegía la ropa de ambas. La mamá estaba sentada muy erguida con las manos sobre las piernas y seguía la historia atenta a los dibujos que la hija señalaba mientras leía. En las páginas que alcancé a ver los protagonistas (¿tal vez eran ladrones?) escapaban en un carro muy viejo por una carretera escarpada, pasaban junto a un granero rojo y en cierto punto daban un giro, rompían una cerca y continuaban la huida por un pastizal. El rastro de las llantas del carro quedaba marcado en el pasto seco. Pensé en Alejandro y las mujeres lectoras que le gusta coleccionar.

Títulos

He is also a self-published author, writing e-books with titles such as How I Saved Someone’s Life and Marriage and Family Problems Thru Communication and How a Judgmental and Selfish Attitude Is Destroying the World We Live in Because the World Is Vanishing Beneath Our Eyes.

Fantasmas contra Extraterrestres

La edición de Fantasmas contra Extraterrestres corrió a cargo de Inga Pellisa, que contuvo con valentía el ya mítico espíritu indómito del autor. Yo hice las lecturas de rigor, sugerí unos cuantos cambios en pos de la legibilidad y monté el libro en formato digital. Todo lo que esté mal es mi culpa.

Fantasmas contra Extraterrestres es un relato de Javier Avilés que decidimos editar en formato digital y distribuir gratuitamente en línea imitando el esquema que propuso Radiohead para In Rainbows, i.e., descargue ahora y si le nace pague después (o nunca). Una vez más queremos explorar en plan punk formas de prescindir de intermediarios (o al menos reducir su cuota) para distribuir a bajo costo buena literatura, ojalá con alguna compensación para el que escribe. Dado que el autor es Avilés, la historia rehuye cualquier posibilidad de resumen así que no me desgastaré intentándolo. Sólo diré que habla sobre videojuegos, extraterrestres antropomorfos (o no), ectoplasmas, moralismo alemán, viajes en barco, descensos a los infiernos, ciencia ficción y, por supuesto, Beckett. En la primera edición que colgué había borrado por error todas las apariciones de la palabra “juego” del cuento. El efecto era inquietante, especialmente considerando que la narración orbita alrededor de un juego de video sobre una invasión extraterrestre a un mundo abandonado a los fantasmas. Varios de los primeros lectores pensaron que era un recurso deliberado. Este problema (¿por desgracia?) fue resuelto en la versión que ahora está disponible. Como siempre, lean y difundan.

Shadowplay

Uno de los recursos que usa el cómic para ilustrar el nivel de brutalidad de las guerras y masacres reseñadas es la observación de que en un adulto promedio tiene aproximadamente un galón de sangre y en una piscina grande caben más o menos 20.000 galones. Así, si en Colombia han asesinado alrededor de 700.000 personas entre 1958 y 2007, con esos muertos se podrían llenar de sangre humana treinta y cinco piscinas grandes. Piensen en esto la próxima vez que vayan a nadar.

Brought to Light es una dupleta de cómics de denuncia política (Flashpoint y Shadowplay) publicados en 1988. Shadowplay fue escrito por Alan Moore y dibujado por Bill Sienkiewicz y está basado en la documentación anexa a una demanda a la CIA interpuesta (a través del Christic Institute) por periodistas heridos por una bomba en una rueda de prensa que tenía el propósito de matar a Edén Pastora, el líder de la Alianza Revolucionaria Democrática (uno de los frentes Contras). Los periodistas estaban convencidos de que el atentado había sido organizado por la CIA para acallar a Pastora, quien cada vez parecía menos dócil. Mientras Flashpoint se concentra específicamente en el atentado, Shadowplay: The Secret Team es un monólogo de un águila antropomorfa ebria en un bar que cuenta con orgullo, en plan documental apologético, la historia de la CIA y sus operaciones de dudosa (o nula) legalidad enmarcadas dentro de la cruzada global anticomunista. La perspectiva sugerida por Moore bordea la conspiranoia gringa tradicional (e.g. nexos con el asesinato de Kennedy y demás delicias) pero se sostiene la mayoría del tiempo sobre hechos documentados. El monólogo resalta con insistencia, por ejemplo, cómo unos cuantos nombres aparecen recurrentemente conectados a actuaciones non-sanctas de la CIA desde Laos hasta Nicaragua con escalas en Teherán y La Habana, entre otros balnearios. Que una veintena de sociópatas con vocación de héroes de la libertad tuvieran semejante nivel de influencia (e impunidad) sobre la política global en medio de la guerra fría (con su amenaza de holocausto nuclear correspondiente) es escalofriante. Otro punto clave del monólogo es el proceso de privatización de la CIA mediante la creación de empresas fachada y el mantenimiento de negocios turbios (más que nada relacionados con el tráfico de drogas y armas) que les permitieran deshacerse de los controles políticos establecidos y al mismo tiempo contar con un presupuesto acorde a sus aspiraciones de dominación.


Click en Listen para oír a Alan Moore leer este fragmento de Shadowplay.

El punto débil de Brought to Light es su vínculo con la demanda contra la CIA por parte del Christic Institute. Supongo que los demandantes estaban convencidos de que tenían un caso fuertísimo y bajo ese precepto encargaron el cómic, como complemento que divulgara las motivaciones generales de la demanda y por qué las acciones de la CIA afectaban negativamente al hombre de a pie. Por desgracia (?), el juez concluyó que no había suficientes pruebas que vincularan al supuesto autor del atentado con la CIA y ordenó a los demandantes el pago de un millón de dólares en gastos de la defensa. Años después, los mismos demandantes reconocieron que la demanda había sido un error y que probablemente los responsables del atentado habían sido los sandinistas (contra quienes Pastora luchaba) en colaboración con guerrilleros argentinos. La conclusión de la demanda facilita al descreído la tarea de despachar el discurso entero del águila como teoría insustentable. Tal vez por lo mismo es uno de los trabajos de Moore menos conocidos aunque está lejos de desmerecer.

Como de la familia

Nadie había señalado hasta ahora el hecho para mí obvio de que la explotación de una menor de edad, con o sin violaciones y maltratos físicos, es una atrocidad inaceptable. Cuando los hermanos de Mónica Sánchez dicen que la niña era bien tratada se refieren a que era tratada de acuerdo a su condición. Y esa condición, aún hoy, no los perturba. Incluso la describen como un acto de generosidad por parte de su familia. Esa es la perspectiva predominante. La explotación es aún tolerada y elogiada siempre y cuando el abuso no sea excesivo.

Aura

Anoche leí Aura, una novela de sesenta páginas que Carlos Fuentes publicó el mismo año que parió La muerte de Artemio Cruz. Luis me dijo advirtió que tenía su culto. Me recordó a La invención de Morel. Podría decirse incluso que es una precuela (¿no intencional?) de La invención de Morel. Pero La invención de Morel está mejor escrita y fue publicada veintidós años antes. Si Aura tuviera cincuenta páginas menos sería un cuento memorable.

Autopublicados

Daniel Ferreira me incluye (con Inframundo) en esta lista de autopublicadores digitales colombianos.

Literatura en duelo

A raíz de la publicación en Colombia de un libro de Piedad Bonnett sobre el suicidio de su hijo, dije en Twitter que aunque entendía las motivaciones que podían llevar a una mamá en duelo a escribir algo así, me intrigaba y perturbaba que luego lo hubiera publicado (convertido en un artículo a la venta). Para mí esa parte tiene algo de macabro. Esto obviamente no aplica sólo al caso de Bonnett. Ayer por casualidad encontré este artículo reciente de Alberto Olmos sobre lo mismo. Un fragmento:

Porque después de la muerte no se entiende nada, se acaba recurriendo a la literatura. No es necesario indagar entonces en los motivos por los cuales un escritor deja testimonio de la pérdida de su padre o de su madre, de su pareja o de su hijo; si pudiera -si le asistiera la escritura- cualquier persona lo haría. El duelo justifica muchas terapias, muchas extracciones y cirugías de urgencia, y escribir seguramente es la forma más profunda de hundir un cuchillo.

Sin embargo, sí vamos a preguntarnos aquí por qué un autor publica su panegírico, su elogio fúnebre, y por qué ese autor cree que otras personas van a leerlo o deben siquiera mostrar interés en su desgracia. ¿Qué se supone que debe hacer un lector con el dolor de un escritor?

Desde la otra perspectiva, leí hace unos meses este artículo de Francisco Goldman (sobre el libro que escribió al respecto de la pérdida de su mujer) que por desgracia no está entero en línea. Otra lectura relacionada es este ensayo de Jorge Salavert que publicamos en HermanoCerdo. (Y Mercedes me recuerda en los comentarios este ensayo de Aleksandar Hemon sobre la muerte de su hijita.)

Se me ocurre ahora que tal vez el problema es que después de la pérdida (y hasta mucho tiempo después de la pérdida) todo lo que se escribe es inevitablemente parte del duelo: la memoria del muerto siempre encontrará alguna forma de colarse en los textos y enfatizar el peso de su ausencia. De pronto los escritores profesionales no pueden darse el lujo de no publicar lo que escriben.

Menos joven

El debut de Rubén Martín Giráldez fue Thomas Pynchon, un escritor sin orificios, un libráculo editado por los pop-vanguardistas de Alpha Decay que en su momento puse en su lugar en una reseña para HermanoCerdo. De mi lectura de ese libro aprendí que Martín Giráldez es un escritor de cuidado de prosa incontenible muy-muy afilada y violenta (si acaso un tanto saturada) y un arsenal de referencias (cultas y no) digno del posmodernismo radical que profesa (y lo digo sin ánimo peyorativo). Menos joven, editado por los artistas de Jekyll & Jill (no exagero un ápice decribiéndolos así), no debe pero puede leerse como una continuación/extensión ideológica del libro anterior, donde el esquema de la destrucción del ídolo (en el primer libro entendido como un proyecto personal del narrador, obsesionado con aniquilar a Pynchon) se enmarca ahora dentro de una especie de reality show radial post-apocalíptico para audiencia infantil donde tanto el concursante como los oyentes y hasta el narrador van a caballo (la metáfora que justifica esto, si hay alguna, se me escapa). El concursante, un joven no tan joven llamado Bogdano, tiene la misión (difusa) de “localizar a sus ídolos y darles caza”. Para Bogdano la identificación de los ídolos es en sí mismo un problema casi irresoluble pues Bogdano fue víctima de un esquema formativo coordinado por su papá (con la complicidad pasiva de su mamá) donde los títulos, contenidos y autores de sus lecturas se mezclaban sistemáticamente con el propósito de — tal vez tiene sentido dejar hablar al libro justo acá:

¿Cuál era la razón para que el padre hurtara la realidad o propusiese una nueva a sus hijos? También él, en su juventud, había contemplado durante años esfinges que lo pusieron en trance. Cuando despertó de aquella admiración, su vida ya había pasado. Buscó la explicación de este fracaso en sus bestias negras, en la enormidad de aquellos héroes que le habían dado por comparación una medida exacta de su valor, que lo habían llevado a su adolescencia de Estudiante Ligero a la irreversible asunción de lo que ya no podría ser: la ilustración que durante años él mismo se había encargado de administrarse lo había transformado en un ganso sucio y lo había incapacitado para ser un salvaje. Pensó que educando a sus dos hijos en la literatura que generalmente consideramos vulgar tal vez podría darles una oportunidad de salvación, y los mantuvo apartados cuanto pudo de cualquier tipo de excelencia.

Menos joven funciona como una alegoría compleja y abierta a interpretación, con delirios cómicos eventuales, sobre el proceso de crecer. Su formato es más ensayístico que narrativo. Los eventos de la aventura de Bogdano son casi irrelevantes pero sobre ellos avanza rauda una reflexión biográfica sobre la (in)capacidad real que tiene una persona para desprenderse de lo que siente que es (o sea, lo que la atrapa y condena) y recrearse de acuerdo a los que cree (tal vez ingenuamente) que son sus propios criterios. Esta angustia sincera de Bogdano por encontrarse pese a que su empresa sea un fracaso asegurado es lo que permite que el humor corrosivo circundante no sucumba en el cinismo.

Menos joven tiene efectos tipográficos y notas al margen escritas a mano, lo que lo hace apto sólo para cierto público con tolerancia suficiente para el experimentalismo agresivo. Hay apartes que me superan. Hay otros en los que los caballos hablan. Los símbolos son símbolos de otros símbolos más oscuros. El nivel de confusión varía. Es laberíntico, manipulador y absurdista. Los saltos temáticos y lances referenciales contribuyen a aumentar la dificultad. Por fortuna la prosa es todo menos débil y eso permite sostener la lectura durante los contados trechos fangosos. Mención aparte merece el diseño del libro, que supera lo cuidadoso para entrar en la obsesión casi enfermiza (que bajo la funda se oculte un diseño de portada y lomo estilo Gallimard me hace sonreír cada vez que lo recuerdo, por no hablar de los tatuajes temporales adjuntos de, entre otros, Pound, Weber y la hija loca de James Joyce (de quien no sabía nada antes de leer este libro)). Menos joven es raro y orgulloso de serlo. Martín Giráldez no escribe novelas sino que construye engendros ingeniosos descontrolados y el juego es adentrarse en ellos y sobrevivir. No quiero imaginarme qué viene después de esto. Que Shiva nos proteja.

Lucia, la hija loca de James Joyce

Formidables

El segundo manual de comportamiento para gente formidable está acá (pdf). Doce reflexiones sobre el sentido de la existencia en un mundo saturado de conexiones y sin embargo totalmente disconexo. Incluye contribuciones de Mónica Sánchez Lázaro, Andrés Gualdrón, Norman García, Olavia Kite, Mauricio Duque Arrubla, Javier G. Cozzolino, Macky Chuca, María Camila Vera, Ana Malagón, Maximiliano Vega y Óscar Rodríguez. El genio formidable detrás de todo esto es Óscar Rodríguez.

Brilliant

Compré mi ejemplar de Libra, de Don DeLillo, en una venta de libros donados a caridad en el parque. Me costó un dólar. Es la primera edición en pasta dura de 1988. En la página del título hay una dedicatoria escrita a lápiz en mayúsculas sostenidas:

Dear Father,

This book is brilliant. It makes the greater part of the rest of the “JFK” stuff look like the sensational junk it is. Hope you like it as much as I do.

Love Rob
Christmas 1992

Atrapa un millón (para la ciencia)

Ahora que España, como dice Germán, se volvió un país del tercer mundo, los científicos buscan maneras alternativas para financiar sus investigaciones:

—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.

Buenos rearranques

Juan Camilo retomó su viejo blog publicando regularmente artículos largos sobre asuntos de su interés, como la historia, la política y el fútbol. Creo que son producto de su participación en este taller. El último trata sobre el renacimiento del Atlético de Madrid:

La última vez que el Atlético de Madrid tuvo un inicio de Liga semejante (6 victorias y un empate) fue en la temporada 1995-1996, en la que eventualmente los rojiblancos del Manzanares salieron campeones, con un ataque comandado por Kiko Narváez y un medio campo conformado por figuras de grata recordación entre la afición colchonera, como el Cholo Simeone y José Luis Pérez Caminero, actuales director técnico y director deportivo, respectivamente. Tras esa fabulosa temporada, vinieron años oscuros, en los que para el hincha promedio tocó hacer de tripas corazón y aprender a soportar las constantes burlas de los seguidores del vecino de patio, el todopoderoso Real Madrid que no sólo ganó varias Ligas sino que también se hizo a tres Champions. Mientras Cibeles era gozo y alegría, en Neptuno reinaba el silencio. Hoy en día, la afición del Calderón se vuelve a ilusionar con una camada de jugadores que no sólo tienen el tesón de aquellos que jugaron en esa tarde de marzo en que los fui a ver, sino que además poseen un talento digno de resaltar.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga

Lo que dicen es que el cómic colombiano está pasando por una buena época. Eventos como Entreviñetas, el éxito de súper-estrellas indie como Powerpaola y publicaciones periódicas como Revista Larva lo demuestran. Curiosamente, la extensión de expresiones como “Novela Gráfica” por fuera del nicho de aficionados de siempre también ha contribuído a la causa. Cada vez hay que explicar menos por qué el cómic merece atención y respeto como medio narrativo.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga es uno de los primeros álbumes de Editorial Robot. Parece ser primer volumen de una serie decididamente infantil de aventuras (con ángulo educativo) dibujada y escrita por alias Ivanquio, quien ya lleva varios años afinando estos personajes. La historia transcurre en 1910 en una Colombia poblada por animales antropomórficos. Buena parte del esfuerzo de su autor se enfoca en recrear gráficamente este contexto histórico a gran nivel de detalle. Una trama sencilla le permite explorarlo: el Cuy Jacobo, un muchacho proveniente de Pasto que vende sombreros en Bogotá, pierde, en manos de un viejo arqueólogo, una moneda de la suerte que le encomendó su abuelo. Esta moneda (no es nada claro por qué) resulta ser clave a la hora de demostrar la existencia de un mítico tesoro del pueblo quillacinga. El viejo arqueólogo intenta convencer al gobierno (en medio de una crisis bélica con Venezuela) de que envíe una comisión en busca del tesoro. Uno de los asesores del presidente resuelve apoyar el proyecto con la intención oculta de apoderarse el oro. Luego de un viaje sin mayores contratiempos (descontando un intento confuso de linchamiento en la catedral de Pasto), los personajes encuentran la guaca y deben enfrentar a sus guardianes: una tribu quillacinga oculta desde siempre cerca de la laguna de la Cocha, en Nariño. También hay momias y un monstruo mágico de la mitología local que, pese a su función, no luce particularmente amenazador. Al final el Cuy Jacobo y sus amigos son liberados por la tribu pues logran demostrar que, a diferencia del enviado del presidente, nunca tuvieron la intención de robarse nada, sólo querían estudiarlo. En las páginas finales descubrimos que el presidente previno la guerra con Venezuela cediendo la mitad del tesoro quimbaya a los españoles, para que quede clara cuál hubiera sido la suerte del oro quillacinga (aunque creo que ese episodio en realidad pasó mucho antes, en los ochocientos noventa).

Un problema recurrente entre los ilustradores devenidos en autores de historietas es que inicialmente desconfían de la capacidad narrativa de sus dibujos. Para compensar, sobrepueblan sus cómics con palabras que en lugar de enriquecer la historia la frenan. Cuando los dibujos son tan pulidos como en El Cuy Jacobo, el contraste con el guión se convierte casi que en un obstáculo para disfrutarlo. Adicionalmente, aunque la historia es sencilla, depende demasiado de casualidades para avanzar y debido a esto se siente forzada. Por momentos parece que la trama es lo de menos y el verdadero protagonista era el contexto histórico (y la lección (encomiable, seguro) sobre la defensa del patrimonio autóctono). Tan es así que el personaje que da nombre al libro nunca deja de ser un observador distante y no particularmente activo de lo que pasa. Estos detalles, sin embargo, son más que naturales al inicio de una carrera (para constatarlo relean Tintin en el Congo) y estoy seguro de que si Ivanquio continúa trabajando con la disciplina y entusiasmo que le endilgan quienes lo conocen en los siguientes episodios de la serie serán mucho mejor manejados. Por eso, porque entiendo las dificultades y valoro el esfuerzo inmenso que hay detrás, El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga me deja contento y esperanzado.