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La luna en los almendros

La luna en los almendros, de Gerardo Meneses Claros, es una novela sobre dos niños en el campo profundo colombiano (cuasi-selvático) inmersos en (el rumor de) la guerra. Los niños no son ingenuos ni (como es tradición en el género) viven engañados en una realidad paralela fantasiosa creada por sus papás para protegerlos. Ven cuadrillas de la guerrilla y patrullas militares cruzar el caserío donde queda su escuela. A veces hablan con ellos. Tal vez desconocen la naturaleza de la guerra, pero los hombres armados son parte de su vida diaria, lo que no quiere decir que sean insensibles a la violencia: entienden la amenaza o al menos el riesgo; saben que las balas matan y que hay cosas de las que es mejor no hablar. El marco de la historia, sin embargo, no es la guerra sino (para contrastar) la vida bucólica infantil idealizada que perderán cuando el rumor explote. En los intermedios que separan los encuentros in crescendo con la guerra, los niños juegan en el campo y se sorprenden tal vez con demasiada frecuencia de la belleza natural que los rodea. Esta extrañeza recurrente ante lo cotidiano (los atardeceres, la luna, los animales, la lluvia) es incómoda en parte porque el narrador (aunque de estilo normativamente literario y sobre-lírico por momentos) pretende ser uno de los protagonistas (i.e., un niño campesino de unos diez años). En suma la novela, pese a la trama agridulce, siempre va sobre seguro y, sin ser abiertamente política, tiene un propósito pedagógico de conscientización/denuncia buenista casi explícito, lo que siempre es apreciado por el establecimiento cultural nacional. La luna en los almendros ganó en 2011 el premio de literatura infantil El Barco de Vapor – Bibioteca Luis Ángel Arango. Fue uno de los libros que nos trajo mi mamá cuando vino a recibir a Laia. Ayer por la noche la leímos en la cama.

Hay otros mundos

La clase de los ordinales de Cantor tiene una estructura natural (debida a Conway) como cuerpo de característica dos (y bajo esa estructura la clausura algebraica de $\mathbb{F}_2$ es isomorfa a $\omega^{\omega^\omega}$) ¶ Cirugías cósmicas de Alma Haser ¶ Catálogo (pdf) de los nuevos rituales creados por la interacción frecuente con aparatos electrónicos ¶ Los representantes del gobierno y FARC en el proceso de paz no podrían ser más estereotípicos ¶ Si algo enseña la historia de Felipe López (largo artículo de Daniel Pardo) es que en la vida tener éxito y tener conocidos (ojalá parientes) influyentes son condiciones (casi) intercambiables (aunque algo de talento bien administrado nunca sobra) ¶ El anterior enlace es producto de una cadena de lecturas que se inició con esta entrada del (recomendadísimo) blog de Carlos Cortés (Al margen: ¿los blogs de La silla vacía no tienen RSS?).

Hay otros mundos

Miguel Gualdrón resucita tras leer El Rey Pálido ¶ Laura Acosta defiende a la Tigresa de Oriente ¶ Inés Gallo recomienda Person, de Sam Pink ¶ Jorge Aranda recuerda a un amigo muerto ¶ Tatiana Luján piensa en las enfermedades de los viejos de su familia ¶ Gloria Esquivel responde un cuestionario de Sophie Calle ¶ El papá de Óscar Rodríguez descubre una partida de bautismo que lo vuelve dos años mayor ¶ Constantino Villegas confronta a los gramáticos apocalípticos ¶ Y Helen DeWitt publica un cuento titulado Recovery en Electric Literature.

Direcciones desde el infierno

London a 33 grados centígrados. FedEx dice que mi computador llega mañana por la tarde. Mientras tanto leo The Scar de Miéville. A continuación algunos enlaces que he recopilado durante la última semana cuando Mónica me suelta su computador:

  • Ojo a los cortos documentales de Sean Dunne disponibles en Vimeo. Mención especial merece American Juggalo, sobre la comunidad de fanáticos de la banda Insane Clown Posse (aquí una introducción a la banda publicada hace un par de años en Wired). La estética sucia de Donne y sus temas, lugares y tratamientos me recuerdan lo mejor de los hermanos Coen. Todavía quedan algunos días para apoyar Oxyana su proyecto de documental financiado vía Kickstarter.
  • La colombiana Diana Beltrán Herrera hace pájaros de papel (y estructuras geométricas).
  • Cultvana es una nueva revista digital en español. La diagramación de los artículos (aquí por ejemplo uno sobre la obra de Todd Solondz) es novedosa y trabajada. Me gusta muchísimo (aunque apreciaría una tipografía principal más grande). En el primer número la oferta es diversa pero se nota el ánimo tan juvenil y español por popularizar el análisis cultural académico (que nunca me ha entusiasmado mucho). Creo que al formato que proponen le convendrían números temáticos ocasionales. De resto la veo muy bien encaminada.
  • Robert Hodgin hace simulaciones de creación, exploración y destrucción utilizando la librería Cinder, una especie de Processing de alto desempeño en C++.
  • Educación Prohibida, un documental y proyecto argentino para sacar a la educación pública de su inercia perniciosa. Las reflexiones y críticas aplican sin dificultad al panorama educativo global.
  • Iñigo Quilez explica los fundamentos del warping. Aquí algunos experimentos básicos de Amnon Owed usando Processing. Intentaré algo parecido.
  • El Toronto Star compiló los artículos que escribió Ernest Hemingway entre 1920 y 1924 y los publicó en formato periódico, página a página, tal y como aparecieron originalmente. Aquí hay un pequeño abrebocas en línea (otro sitio de artículos con diagramación novedosa, por cierto). Me impresiona la fuerza de la redacción del joven Hemingway (que atribuyo en parte a la exigencia editorial que tenían los periódicos de entonces) pero sobre todo su seguridad al abordar los temas que trata. Cuesta creer que tenga sólo veinte años.
  • Retratos de Kumi Yamashita hechos con clavos e hilo. Ver para no creer.
On Juggalo Island we can be one.

Fuera del tiempo

Hace treinta años que se murió Philip K. Dick. Cuando uno es así como es uno es fácil sentir complicidad cercanía al leer lo que Dick escribió. Escribió muchas cosas y todo lo que escribió se siente no sólo cercano sino verdadero a un nivel súper primario. Yo lo leo ocasionalmente. No he sido sistemático con él como si he sido con otros autores porque a veces me altera mucho leerlo y no quiero que se me acabe tan rápido para que no se muera de verdad. Lo que Dick dice en todas sus historias es que uno está aquí y lo que está afuera es difuso y difícil de agarrar pero de todas maneras uno trata porque el espíritu humano y ajá. Uno quiere vivir entonces uno no se deja aplastar por la realidad que a veces parece tan elusiva y falsa. Hay mucha miseria y mucho dolor. Hay tedio. Todo es tremendamente confuso. Las personas son muy pequeñas dentro del gran esquema cósmico y así es muy complicado inventarse un propósito perdurable para lo que uno es o representa o lo que sea, pero aún así todos lo intentan con una tosudez brutal. Hay gente que dice que Dick estaba loco pero yo no creo que una persona desequilibrada pueda hacer todo lo que él hizo. A mí me parece que hay personas que tienen esa sensibilidad, que entienden mejor que el resto ciertas cosas muy básicas de lo que somos porque las ven sin esfuerzo. Viven en una perspectiva privilegiada, adelantados o incluso fuera del tiempo. Grothendieck les decía mutantes. No mencionaba a Dick en su lista de dieciocho mutantes pero seguro que si lo hubiera conocido ahí estaría (o de pronto no porque Grothendieck era bien raro). Otra cosa que creo que a Dick le preocupaba era la comunicación con los demás. Que uno pueda decir cosas y quien quiera que lo oiga de verdad reciba lo que uno le dice entre todo el ruido que hay. Y también que le crean, que es todavía más difícil. Dick insistía muchísimo en ese miedo a la desconexión. A veces sugería que había algo intrínseco en las máquinas, en la tecnología y el uso que le dan los que la controlan, que nos aisla cada vez más a los unos de los otros o al menos limita nuestro contacto genuino, sin filtros impuestos por alguien más.

Philip K. Dick
Philip K. Dick cuando no sabía escribir.

Consciencia

Václav Havel propone en su discurso Politics and Conscience una revaloración (revaluación) de las personas, su bienestar y sus necesidades como prioridad de la sociedad. Asimismo abjura de la supuesta objetividad que se ha convertido en el valor esencial de organización política: una tecnología impersonal del ejercicio del poder.

Para Havel tras esta objetividad cientificista se oculta una tiranía ideológica que, en un giro político perverso, pone a las personas al servicio de abstracciones sin consciencia, responsabilidad ni sentido moral. El totalitarismo, dentro de esta perspectiva, es una consecuencia directa, la etapa final, de la fe acrítica en los sistemas invisibles que saben más y toman mejores decisiones que nosotros porque crecen libres de la demasiado humana subjetividad que aturde, parcializa y avergüenza.

Havel escribe desde su posición de disidente atrapado contra su voluntad en la Checoslovaquia comunista de 1984 (qué apropiado), pero sus observaciones siguen sólidas y relevantes. Piensen en el valor que tienen actualmente la vida y la dignidad de las personas dentro del sistema económico global que tanto nos esforzamos en estabilizar y proteger. Piensen en China comunista y su alianza abierta con el capitalismo norteamericano más radical. Piensen en los analistas que pretenden convencernos de que las plantas industriales esclavistas que hacen todo lo que consumimos son mejores que lo que había antes, porque ciertos índices financieros suben y otros bajan, que es lo que de verdad importa.

What is most dangerous to that evil are not the rockets aimed at this or that state but the fundamental negation of this evil in the very structure of contemporary humanity: a return of humans to themselves and to their responsibility for the world; a new understanding of human rights and their persistent reaffirmation, resistance against every manifestation of impersonal power that claims to be beyond good and evil, anywhere and everywhere, no matter how it disguises its tricks and machinations, even if it does so in the name of defense against totalitarian systems.

Václav Havel en 1978

Clasismo

Donde se propone la hipótesis de que el conflicto central en Star Wars surge no de un desbalance de la fuerza sino del inconveniente de que un criado de baja ralea, prácticamente un esclavo, tenga más midiclorias por centímetro cúbico de sangre que el consejo Jedi entero. Esto es inaceptable. La trama, por tanto, sugiere de modo sutil que su falta de casta es la razón que justifica su inestabilidad/debilidad moral/emocional. Esta lectura es corroborada por el hecho de que el simple cruce con sangre real produzca dos hijos virtuosos, prácticamente inmunes al lado oscuro (incluso cuando uno de ellos es criado en condiciones de pobreza evidentes), sin rastro alguno de la peligrosa naturaleza “caótica” de su padre.

HermanoCerdo.com

Ayer iniciamos operaciones en la nueva versión de HermanoCerdo (ahora —¡por fin!— en dominio propio). Parece que ha sido bien recibida, pese al poco contenido todavía disponible. En esta nueva etapa, publicaremos un mínimo de dos artículos semanales y ahora contamos con una sección de reseñas que crecerá, esperamos, también semanalmente. Como parte de la inauguración de la nueva versión, ayer publicamos la entrevista que realizamos a principio de año al talentosísimo Sergio de la Pava. Es la primera entrevista que De la Pava, un autor reconocidamente reclusivo, concede a medio alguno en cualquier idioma. También para destacar, este ensayo de Jane Goodall que tradujo Jorge Salavert. Esperamos que el nuevo formato de la revista aumente la regularidad de visitas. Asímismo, queremos ampliar nuestro nucleo de colaboradores y fortalecer el contenido de la revista con ensayos y crónica que se alejen así sea sólo un poco del solipsista terreno de lo literario y tal vez interesen a un público más amplio (sueño con reflexiones sobre ciencia o la sociedad tecnológica, o con análisis de la cultura del deporte como las que Mauricio Salvador explora de vez en cuando, o con crónicas políticas o económicas) sin que eso implique abandonar a nuestra fiel y cada vez más fuerte audiencia de letraheridos base dispersos por toda latinoamérica y España.

Jueves (Dimensions)

Cuenta Lola que este cuento no la dejó dormir. Le digo que con Alice Munro hay que ser cauto. No es una escritora que uno pueda tomarse a la ligera. Le prometo que lo leeré. Empiezo a medio día, mientras espero a Mónica para ir a nuestra cita con la trabajadora social. Lo termino en la sala de espera. Pienso. Es un cuento sobre la muerte, los vínculos con la muerte, y las maneras de seguir. Una mujer busca un refugio, físico y mental, luego de asistir al asesinato a sangre fría de sus tres hijos. Las descripciones son secas. El mayor, el único que intentó escapar, está junto a la puerta de la cocina. Fue estrangulado. Los otros están en sus camas, asfixiados con almohadas. En la historia son menos de tres líneas. La mujer entra a su casa y encuentra eso. La narración gira temporalmente alrededor del evento. Su hijo mayor, el de la puerta de la cocina, nace, y un párrafo más tarde la mujer, post-horror, sigue viva. Trabaja en un motel, en un sitio donde no la conozcan, con otro nombre, con otro color de pelo, para escapar, para que la vuelvan a ver como alguien real que no ha vivido lo que ella vivió. Pero a veces necesita recordar, así que toma tres buses y viaja cien kilómetros para hablar con alguien que la entienda, la única persona que sabe realmente lo que ella está viviendo, que los extraña y comparte el peso insoportable de sus ausencias.

Le hablé a la trabajadora social del cuento. Discutimos, una vez más, lo difícil que es continuar. Es largo, eterno, el proceso.

Sábado (Constatación brutal del presente)

No sé qué clase de libro es este. No sé, ni siquiera, si es un libro o algo más que un libro. En esas estoy. Lo acabo de leer, no por primera vez, no por segunda vez, no por… y no sé qué es esto ni cómo abarcarlo en tres párrafos que le hagan justicia a lo que es o lo que pretende ser (que creo que son lo mismo). Entonces me digo que yo lo vi crecer. Lo leí en intercambios de correos (con propuestas, sugerencias y batallas estilísticas casi a muerte) y en versiones preliminares, y siempre me preguntaba para dónde va Javier con todo esto, qué es lo que nos (me) quiere decir. Y no se puede decir que no conozca a Javier (que es mi amigo, como él aclararía con esa corrección que lo caracteriza) ni que no entienda sus preocupaciones. Son asuntos de los que hemos hablado antes (como en siempre). Es la idea de que la literatura permite disposiciones de información que niegan el tiempo o que lo pervierten pero todavía más: es la idea de que la literatura permite narrativas que se niegan (se refutan (se destrozan)) a sí mismas (o, peor, que todas de alguna manera lo hacen). La Constatación Brutal del Presente es la realidad pero también es la negación violenta de cualquier intento de condensarla. Es el hecho de que el tiempo es en esencia discreto y cada paso (salto cuántico) es una patada salvaje a la cara. Este es un libro muy serio. No es un libro para tomarse a la ligera. No es un libro que se pueda leer en una tarde de tedio ni sentado en un balcón con una copa de vino dulce en la mano ni desinteresadamente en un tren entre el punto A y el punto B, protegido de la tormenta. Es un libro confuso. Es difícil (de leer, de escribir, de digerir, de aceptar). Es intencionalmente desorientador. Es un acto de contorsionismo extremo: la reflexión entera (total (absoluta (definitiva))) sobre sí mismo; la teoría y la práctica de una cierta preocupación por escapar de los esquemas (¿para encontrar qué? ¿para evadir qué? ¿para llegar a dónde?). Yo, que soy católico, creo que esos esquemas existen por una razón pero Javier es entre otras cosas sindicalista (y por ende terco) y siente que son opresivos. Lo entiendo. También cree que no son efectivos (que hay cosas que se quedan por fuera; que la confusión y lo truncado no pueden ser ignorados; que su adopción general artificializa la experiencia). Eso lo entiendo todavía más. Digo Javier y siento que hablo de mí mismo pero no es así. Hablo de Javier, no de javier (que es el otro). Leo Constatación Brutal del Presente por enésima vez y todavía hoy es como si fuera la primera vez. Todavía me pierdo. Me cuesta. Pienso en las maneras como he intentado leer este libro. (1) Como un guión (o un tratamiento de un guión) de una película imposible de filmar porque los actores (no sus personajes) son asesinados en la primera escena. (2) Como un ensayo práctico sobre la narratividad que es incapaz de prosperar (¿de escapar?) por su compulsión de ser consciente de que ocurre. (3) Como una parábola de la vida atenta a la cinta transportadora vacía. (4) Como un homenaje tipo Enrique Vila Matas meets David Lynch meets Сталкер meets David Cronenberg meets Михаи́л Алекса́ндрович Баку́нин meets Raymond Roussel meets… meets 三池 崇史 meets itself (and implodes). (5) Como el primer capítulo del libro al que hace referencia esa secuencia interminable de notas al pie de página que se hace llamar El Lamento de Portnoy. (6) Como un panfleto político para desesperanzados extremistas. (7) Como la no-ficción postapocalíptica pesadillesca que por fin entiende que la idea del final del mundo y del tiempo (que es hoy, ahora mismo (¡suena pólvora afuera para celebrar!)) es precisamente que no queda nada (¡nada!) y por ende probablemente lo que haya por narrar sea tan o más indescriptible que las peores bestias que se ocultan por eones bajo el mar. Pienso, cuando lo cierro —estoy sentado en el balcón con una copa de Pedro Ximénez en la mano ya casi vacía—, en lo que tuvo que pasar para que llegáramos hasta acá (en lo que perdimos, en lo que vimos partir, en lo que dejamos, en lo poco que aprendimos, en los golpes, en el dolor, en la fuerza de vivir). Y en lo que falta por pasar. Creo que ya no tengo miedo. Hago, por precaución, un inventario de lo que llevo en mis bolsillos. Es suficiente. Es apenas lo esencial.

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Viernes (Personae)

Tal vez la mejor manera de describir Personae, el nuevo libro de Sergio de la Pava, es como un relato de misterio policial breve con apéndices sobredimensionados. Uno de los apéndices es otro cuento de un hombre que camina en el mar. Otro es una obra de teatro minimalista, una tragedia abstracta-moral-metafísica en dos actos titulada (ejem) Personae. Otro son fragmentos dispersos de lo que parecen reflexiones sobre, entre otras cosas, la traducción de Cien años de soledad al inglés (y en general el uso literario del inglés desde la perspectiva de un hispanohablante nativo). Otro más es la introducción (dividida en tres partes) a un ensayo sobre la percepción personal del tiempo y la edad (diría yo) basado en dos interpretaciones (¿clásicas?) de Glenn Gould de las Variaciones Goldberg de Bach. Otro son dos obituarios del New York Times. Y, a manera de epílogo totalizador, la última es una novela corta pero no tan corta (con meditaciones teológicas) sobre un hombre que busca venganza tras una toma guerrillera salvaje (con masacre y secuestro masivo) y otro hombre (que podría ser el mismo, años más tarde) que es el pionero de la venta de café colombiano bien preparado en Nueva York (este apéndice, agrego, es una de las mejores novelas que he leído sobre la guerra colombiana junto a Los Ejércitos de Evelio Rosero y esa otra novela sobre la redacción del informe de la masacre de unos indios cuyo nombre ahora no recuerdo pero que ni es colombiana ni habla de Colombia específicamente). Simplifico, claro. En realidad, Personae es la red de conexiones entre (y sobre) estos textos (que a su vez es una red (vaga) de conexiones entre personas y momentos ficticios y reales) y lo que parecería ser un capítulo más en la me atreveré a llamar la Gran-Novela-de-De-la-Pava sobre la verdad y la perfección como trampas cuya introducción extendida sería A Naked Singularity. Si esta fuera una reseña en la norma (cosa que no me interesa escribir acá) debería decir más, citar, evidenciar. Debería explicar por qué este mosaico que describo a grandes rasgos tiene sentido. Por qué su dispersión se siente compacta. Por qué la obra de De la Pava, en su oscuridad intencional de autoediciones e invisibilidades, es tan importante y relevante a la hora de entender qué significa ser hispanohablante (o incluso colombiano) hoy en este mundo (me aguanto las ganas de decir qué significa estar vivo). Por qué De la Pava necesita ser traducido y difundido con urgencia. Por qué su lectura exige paciencia y sí que la recompensa. Tal vez lo haga después en otro lugar. Hay muchas cosas que no entiendo y muchas más que no aspiro a entender. Personae me supera y, sin embargo, me siento tremendamente cómodo, a gusto, en ella. Es un libro para mí.

Sábado

Mónica me regaló de cumpleaños una suscripción anual de McSweeney’s. Es una revista que disfruto mucho desde que la descubrí, hace varios años, cuando (ya en Urbana) empecé a leer (con bastante dificultad al principio) cosas en inglés. Por nuestra parte hemos comprado varios números (y las selecciones de cuentos que editan cada tanto), pero nunca me había suscrito (soy tacaño). El primer número (37) tardó un poco (Problema adicional: los gastos de envío internacional (incluso a Canadá) son altos). Esta edición contiene, entre otras cosas, una crónica/ensayo excelente de J. Malcom García sobre un caso de violencia en Irlanda del Norte relacionado con la evolución de IRA en una banda de matones frustrados de haber perdido el control social (armado) que tenían antes de los procesos de paz (que me recuerda el estado actual del departamento de Córdoba en Colombia, dominado por bandas organizadas que antes componían el aparato de vigilantismo de derecha (aunque en el caso colombiano al caldo sangriento es necesario agregar la guerra por el control de las zonas de cultivo, procesamiento y despacho de drogas)). También hay un cuento muy agradable e ingenioso (basado en combinar narrativa y datos estadísticos) de Jess Walter sobre la vida en Spokane, Washington (un sitio deprimente, al parecer). Además, el número incluye cinco cuentos de escritores kenianos contemporáneos (que todavía no he mirado). Hay cierta tendencia high brow a despreciar (y llamar vacío) el esfuerzo de McSweeney’s por hacer que la lectura sea una etiqueta de estilo (dentro del enramado de pequeñas modas hipster), algo que denote sofisticación juvenil general, coolness, en aras de llegar a un público menos restringido (Nota: que las personas detrás de McSweeney’s sean las mismas personas detrás de esa maravilla que es 826 Valencia demuestra, para mí, cuán genuino y serio es ese propósito. Que además editen libros como este o este(s) sólo fortalece esa creencia). Los puristas exigen que el compromiso con la lectura sea estrictamente intelectual (si no (ugh) académico). Esta exigencia es, por supuesto, falaz. La verdad es que estos puristas también consideran a la lectura como un factor de sofisticación (¡y hasta una marca de clase!) y veneran los libros como objeto de exactamente la misma manera que McSweeney’s (que, por cierto, lleva el diseño y montaje de libros a una nueva dimensión estética). Lo que realmente les molesta de estas revistas que intentan hacer de la literatura algo atractivo (de moda) es que ensucia y populariza (saca del nicho tradicional) un gusto que ellos consideran exclusivo de esa sociedad (clase/casta) de personas altamente inteligentes y educadas que componen (en su opinión, las únicas acreditadas para leer correctamente). Por mi parte, estoy totalmente a favor de cualquier iniciativa que debilite esas barreras y le quite el monopolio de la lectura (y la literatura) a esa gentuza presumida.

Viernes (Lecturas)

Irene tiene problemas con su desnudez pública. Laura y Pedro escriben poemas. Joe Milutis explora el uso de esto. René lee The Pale King. Javier lee Against The Day (y no es el único, Martín Cristal también anda en ello (¡y hace diagramas ilustrativos!)). Kunkel sobre David Wallace muerto (y Jim Santel sobre lo que Franzen opina sobre el mismo tema). Gloria no sabe cómo hacer las paces son sí misma. Roger propone una lista de expresiones prohibidas. Lucía y la videotienda mítica en Kioto. Iñigo comenta los archivos de Guantánamo.
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Es difícil encontrar buenas lecturas en español. Hay poquísimos sitios bien hechos que compilen con cariño y cuidado lecturas variadas. Algunas cosas buenas pasan en blogs y pasan, por tanto, mayoritariamente desapercibidas porque ahora ya nadie enlaza nada (entre otras porque los blogs entraron en decadencia ya que de cierta manera van en contra del nuevo dogma). A los periódicos, por su parte, ya no les interesa publicar contenido perdurable, artículos bien armados que se sostengan y digan cosas. Con HermanoCerdo intentamos proponer una fuente de lecturas, pero la búsqueda de autores que escriban cosas bonitas gratuitamente es un lío (y en particular, es casi imposible encomendar artículos). Además nuestro impacto es pequeño. Me gustaría que habláramos menos de libros y más de gente y cosas de verdad pero nuestros contribuyentes son estudiantes de literatura, con todo lo malo y lo malísimo que tiene eso. Etiqueta Negra prometía y llegó lejos pero siento que perdió el filo. Algo parecido pasó con Gatopardo y de Letras Libres ni hablemos. En Colombia, El Malpensante hace el esfuerzo, pero cojea y se especializó en publicar firmas e intelectuales. Arcadia se siente provinciana y condescendiente. Casi todo, la verdad, se siente provinciano. Dicen que Orsai está bien, pero se rehusa a existir seriamente en línea (y lo que vi no me emocionó tanto (aunque sea menos provinciana que el resto)). Hacen falta publicaciones que intenten abarcar más que el círculo de amistades de sus editores. No, miento, eso es casi inevitable. Mejor: tal vez hacen falta más publicaciones que no estén bajo el control de literatos, que son una peste y casi nunca tienen algo sustancioso que decir. Eso ya sería un buen paso.

Domingo (Bone)

Esta mañana, después de lavar los platos, terminé de leer Bone, de Jeff Smith. Lo leí por las noches, antes de dormir, durante las últimas semanas. Leía un capítulo o dos cada noche. Nunca logró entusiasmarme lo suficiente como para volcarme en una maratón non-stop de una tarde. A partir de cierto momento, bastante temprano, perdí la esperanza de que mejorara de la manera que me gustaría que mejorara porque lo que me incomoda de Bone, lo que no me deja disfrutar la historia plenamente, está en su esencia. Tal vez haya descripciones más amables, que lo contextualicen históricamente y expliquen sus decisiones narrativas a la luz del trabajo de Walt Kelly, principalmente, pero para mí Bone es una historia épica-fantástica medianamente digna dentro de las posibilidades del género que se debate constantemente entre el humor local y la seriedad global de la trama por cuenta de tres personajes esencialmente caricaturescos a quienes Smith elige, un error serio e irreparable, como focos centrales de la historia. El resultado es lo que pasaría si las primeros tres episodios de Star Wars se centraran más (¡muchísimo más!) en Jar Jar Binks que en Anakin. Desde mi posición relativamente abierta al respecto de esa precuela trilogística, Jar Jar era un personaje prescindible cuyo propósito era simplemente cautivar al público menor de doce años, el personaje pintoresco que se tira pedos. Ese era el personaje para ellos (sí, así ven a esos niños, es triste). Desde ese sentido, acepto (a regañadientes) la decisión de incluirlo, pero sería inaceptable que la narración le diera más importancia de la que merece. Algunos comentaristas del otro lado de la fuerza aseguran que la sola presencia de Jar Jar Binks fue un atentado serio a la dignidad de la saga, pero esa me parece que es una posición dogmática que desconoce la existencia de esas películas como producto cultural comercial (al tiempo que sobrevalora la calidad y significancia general (a nivel narrativo) de las primeras tres). Lo que pasa en Bone es muchísimo más grave (exagero). Tal vez para honrar a Kelly, Smith centra su propia versión del Señor de los Anillos (porque eso es Bone) en estos tres parientes raciales de Gasparín. El resultado es una historia que no se encuenta y que, por momentos, se trata a sí misma como si fuera una idiota, como si no se creyera a sí misma. Como lector hay poco que hacer ante eso. El resultado no es tan trágico, ¡la trama nunca pierde cierto impulso!, pero cada tanto es necesario leerla pese a sí misma, desde la conciencia de que el error está en la narración (en una perspectiva y unos protagonistas mal elegidos) y no en la historia. Que la historia, con todos sus errores y cojeras, funciona, está viva.

Ahora procederé a contradecirme porque es necesario reconocer ciertas cosas: Bone, en términos de producción, no es una novela convencional. Bone, como tantas novelas gráficas, fue publicada por fascículos, pero incluso considerando eso el proceso fue inusual: el primer fascículo de Bone fue publicado en 1991 y el último en 2004. Trece (13) años, sí. En total fueron 55 fascículos, y el trabajo de edición, publicación y distribución fue asumido casi enteramente por Smith y su mujer. Para que entiendan lo que esto implica piensen que Watchmen duró doce fascículos, fue hecho por cinco personas (con una empresa inmensa (DC, los mismos de Superman) respaldándolos), y fue terminado en el transcurso de un año largo (1986-1987). Así, cuando hablamos de Bone estamos hablando de un proyecto paradigmáticamente independiente, improvisado, salvaje (medio inconcebible) y probablemente muy difícil de controlar. Smith, con toda seguridad, no sabía en qué se estaba metiendo ni tampoco sabía para dónde iba. Sus lectores, por su parte, recibían con regularidad tolerable nuevos capítulos de la novela pero lo que sostenía el interés no podía ser la trama, que avanzaba lentamente. Smith, por la razón que sea, pero tal vez principalmente porque su inspiración eran los cómics clásicos de Kelly, decidió que localmente Bone fuera por encima de todo una comedia casi que infantil, que el humor sostuviera a la audiencia mientras que el arco épico y serio transcurría al fondo (en el caso de Kelly lo que transcurría al fondo no era una novela épica sino un comentario político agudo). Desde esa perspectiva, su elección de centrarse en los primos Bone tiene todo el sentido del mundo y era hasta revolucionaria. El problema, claro, viene cuando su proyecto sin patas ni cabeza gana fuerza y audiencia, triunfa, y llega el momento de compilar todos esos fascículos en un solo volumen de mil cuatrocientas páginas donde, por la velocidad de la lectura, el arco principal gana muchísima más visibilidad y el humor local, la tontería innata de los Bone, empieza a sobrar.

Esa es mi relación con Bone. Entiendo por qué merece admiración y hasta postración como megaproyecto artístico-narrativo y si me concentro, si me imagino con dieciseis años menos y atrapado en un pueblo aburrido del midwest gringo donde recibía Bone en mi tienda comiquera de confianza un fascículo al tiempo, puedo comprender por qué Smith hizo lo que hizo y tomó las decisiones que tomó (y definitivamente puedo apreciar su habilidad para el dibujo y la narración, sencilla y efectiva, pánel a pánel, así como su cariño y dedicación por el trabajo evidentes en cada página), pero cuando pierdo la concentración y soy de nuevo yo y leo la monstruosa edición de un volumen, me gustaría poder tomar la historia y decir todo esto sobra, todo esto no es para mí, todo esto ya no es necesario, ya no, y cambiar algunas perspectivas y algunos énfasis y quitarle predominancia a Fone Bone, a Smiley Bone y sobre todo a Phoney Bone (el personaje más detestable de la historia del cómic universal) a cambio, tal vez, de profundidad en la mitología y contextualización del mundo, de apartes intercalados de la infrahistoria, de una aproximación más seria (no en el sentido de solemne) de la trama.

Algo parecido (si no peor) me pasa con El Incal, pero de eso mejor hablo otro día.

Adenda: Me acabo de dar cuenta de que The Abominable Charles Christopher, de Karl Kerschl, es, en más de una dimensión, un heredero casi directo de Smith y Bone. En mi opinión, este es uno de los mejores webcomics en desarrollo (lleva en pie cuatro años), y uno de los pocos que se toma en serio la misión de contar una historia. Es casi obligatorio leerlo. Aquí el inicio.

Jueves

Leo French Hats in Iran, un libro de memorias de Heydar Radjavi sobre su infancia en Tabriz que será publicado a mediados de abril. Es un compilado de historias que giran alrededor del enfrentamiento entre el tradicionalismo religioso y la occidentalización por decreto impuesta por el Shah. Las crónicas, escritas en una prosa tranquila y cuidadosa, estilizada sin ser ostentosa, están llenas de retratos de su familia y amistades cercanas y anécdotas sencillas que dejan en evidencia los contrastes de la época a través de las preocupaciones y confusiones de un niño de siete años. Mi personaje favorito es su papá: patriarca estricto y devoto dedicado a los negocios y temeroso de la electricidad cuya única fuente de sabiduría diferente al Corán era el Modicum, un viejo tratado enciclopédico que incluía datos desde datos astronómicos hasta fórmulas para preparar tinta, pasando por una guía para llevar una dieta saludable. Creo que le pediré autorización a Heydar para traducir un fragmento al español para HermanoCerdo.