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lecturas

Brilliant

Compré mi ejemplar de Libra, de Don DeLillo, en una venta de libros donados a caridad en el parque. Me costó un dólar. Es la primera edición en pasta dura de 1988. En la página del título hay una dedicatoria escrita a lápiz en mayúsculas sostenidas:

Dear Father,

This book is brilliant. It makes the greater part of the rest of the “JFK” stuff look like the sensational junk it is. Hope you like it as much as I do.

Love Rob
Christmas 1992

Atrapa un millón (para la ciencia)

Ahora que España, como dice Germán, se volvió un país del tercer mundo, los científicos buscan maneras alternativas para financiar sus investigaciones:

—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.

Buenos rearranques

Juan Camilo retomó su viejo blog publicando regularmente artículos largos sobre asuntos de su interés, como la historia, la política y el fútbol. Creo que son producto de su participación en este taller. El último trata sobre el renacimiento del Atlético de Madrid:

La última vez que el Atlético de Madrid tuvo un inicio de Liga semejante (6 victorias y un empate) fue en la temporada 1995-1996, en la que eventualmente los rojiblancos del Manzanares salieron campeones, con un ataque comandado por Kiko Narváez y un medio campo conformado por figuras de grata recordación entre la afición colchonera, como el Cholo Simeone y José Luis Pérez Caminero, actuales director técnico y director deportivo, respectivamente. Tras esa fabulosa temporada, vinieron años oscuros, en los que para el hincha promedio tocó hacer de tripas corazón y aprender a soportar las constantes burlas de los seguidores del vecino de patio, el todopoderoso Real Madrid que no sólo ganó varias Ligas sino que también se hizo a tres Champions. Mientras Cibeles era gozo y alegría, en Neptuno reinaba el silencio. Hoy en día, la afición del Calderón se vuelve a ilusionar con una camada de jugadores que no sólo tienen el tesón de aquellos que jugaron en esa tarde de marzo en que los fui a ver, sino que además poseen un talento digno de resaltar.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga

Lo que dicen es que el cómic colombiano está pasando por una buena época. Eventos como Entreviñetas, el éxito de súper-estrellas indie como Powerpaola y publicaciones periódicas como Revista Larva lo demuestran. Curiosamente, la extensión de expresiones como “Novela Gráfica” por fuera del nicho de aficionados de siempre también ha contribuído a la causa. Cada vez hay que explicar menos por qué el cómic merece atención y respeto como medio narrativo.

El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga es uno de los primeros álbumes de Editorial Robot. Parece ser primer volumen de una serie decididamente infantil de aventuras (con ángulo educativo) dibujada y escrita por alias Ivanquio, quien ya lleva varios años afinando estos personajes. La historia transcurre en 1910 en una Colombia poblada por animales antropomórficos. Buena parte del esfuerzo de su autor se enfoca en recrear gráficamente este contexto histórico a gran nivel de detalle. Una trama sencilla le permite explorarlo: el Cuy Jacobo, un muchacho proveniente de Pasto que vende sombreros en Bogotá, pierde, en manos de un viejo arqueólogo, una moneda de la suerte que le encomendó su abuelo. Esta moneda (no es nada claro por qué) resulta ser clave a la hora de demostrar la existencia de un mítico tesoro del pueblo quillacinga. El viejo arqueólogo intenta convencer al gobierno (en medio de una crisis bélica con Venezuela) de que envíe una comisión en busca del tesoro. Uno de los asesores del presidente resuelve apoyar el proyecto con la intención oculta de apoderarse el oro. Luego de un viaje sin mayores contratiempos (descontando un intento confuso de linchamiento en la catedral de Pasto), los personajes encuentran la guaca y deben enfrentar a sus guardianes: una tribu quillacinga oculta desde siempre cerca de la laguna de la Cocha, en Nariño. También hay momias y un monstruo mágico de la mitología local que, pese a su función, no luce particularmente amenazador. Al final el Cuy Jacobo y sus amigos son liberados por la tribu pues logran demostrar que, a diferencia del enviado del presidente, nunca tuvieron la intención de robarse nada, sólo querían estudiarlo. En las páginas finales descubrimos que el presidente previno la guerra con Venezuela cediendo la mitad del tesoro quimbaya a los españoles, para que quede clara cuál hubiera sido la suerte del oro quillacinga (aunque creo que ese episodio en realidad pasó mucho antes, en los ochocientos noventa).

Un problema recurrente entre los ilustradores devenidos en autores de historietas es que inicialmente desconfían de la capacidad narrativa de sus dibujos. Para compensar, sobrepueblan sus cómics con palabras que en lugar de enriquecer la historia la frenan. Cuando los dibujos son tan pulidos como en El Cuy Jacobo, el contraste con el guión se convierte casi que en un obstáculo para disfrutarlo. Adicionalmente, aunque la historia es sencilla, depende demasiado de casualidades para avanzar y debido a esto se siente forzada. Por momentos parece que la trama es lo de menos y el verdadero protagonista era el contexto histórico (y la lección (encomiable, seguro) sobre la defensa del patrimonio autóctono). Tan es así que el personaje que da nombre al libro nunca deja de ser un observador distante y no particularmente activo de lo que pasa. Estos detalles, sin embargo, son más que naturales al inicio de una carrera (para constatarlo relean Tintin en el Congo) y estoy seguro de que si Ivanquio continúa trabajando con la disciplina y entusiasmo que le endilgan quienes lo conocen en los siguientes episodios de la serie serán mucho mejor manejados. Por eso, porque entiendo las dificultades y valoro el esfuerzo inmenso que hay detrás, El Cuy Jacobo y el tesoro quillacinga me deja contento y esperanzado.

La luna en los almendros

La luna en los almendros, de Gerardo Meneses Claros, es una novela sobre dos niños en el campo profundo colombiano (cuasi-selvático) inmersos en (el rumor de) la guerra. Los niños no son ingenuos ni (como es tradición en el género) viven engañados en una realidad paralela fantasiosa creada por sus papás para protegerlos. Ven cuadrillas de la guerrilla y patrullas militares cruzar el caserío donde queda su escuela. A veces hablan con ellos. Tal vez desconocen la naturaleza de la guerra, pero los hombres armados son parte de su vida diaria, lo que no quiere decir que sean insensibles a la violencia: entienden la amenaza o al menos el riesgo; saben que las balas matan y que hay cosas de las que es mejor no hablar. El marco de la historia, sin embargo, no es la guerra sino (para contrastar) la vida bucólica infantil idealizada que perderán cuando el rumor explote. En los intermedios que separan los encuentros in crescendo con la guerra, los niños juegan en el campo y se sorprenden tal vez con demasiada frecuencia de la belleza natural que los rodea. Esta extrañeza recurrente ante lo cotidiano (los atardeceres, la luna, los animales, la lluvia) es incómoda en parte porque el narrador (aunque de estilo normativamente literario y sobre-lírico por momentos) pretende ser uno de los protagonistas (i.e., un niño campesino de unos diez años). En suma la novela, pese a la trama agridulce, siempre va sobre seguro y, sin ser abiertamente política, tiene un propósito pedagógico de conscientización/denuncia buenista casi explícito, lo que siempre es apreciado por el establecimiento cultural nacional. La luna en los almendros ganó en 2011 el premio de literatura infantil El Barco de Vapor – Bibioteca Luis Ángel Arango. Fue uno de los libros que nos trajo mi mamá cuando vino a recibir a Laia. Ayer por la noche la leímos en la cama.

Hay otros mundos

La clase de los ordinales de Cantor tiene una estructura natural (debida a Conway) como cuerpo de característica dos (y bajo esa estructura la clausura algebraica de $\mathbb{F}_2$ es isomorfa a $\omega^{\omega^\omega}$) ¶ Cirugías cósmicas de Alma Haser ¶ Catálogo (pdf) de los nuevos rituales creados por la interacción frecuente con aparatos electrónicos ¶ Los representantes del gobierno y FARC en el proceso de paz no podrían ser más estereotípicos ¶ Si algo enseña la historia de Felipe López (largo artículo de Daniel Pardo) es que en la vida tener éxito y tener conocidos (ojalá parientes) influyentes son condiciones (casi) intercambiables (aunque algo de talento bien administrado nunca sobra) ¶ El anterior enlace es producto de una cadena de lecturas que se inició con esta entrada del (recomendadísimo) blog de Carlos Cortés (Al margen: ¿los blogs de La silla vacía no tienen RSS?).

Hay otros mundos

Miguel Gualdrón resucita tras leer El Rey Pálido ¶ Laura Acosta defiende a la Tigresa de Oriente ¶ Inés Gallo recomienda Person, de Sam Pink ¶ Jorge Aranda recuerda a un amigo muerto ¶ Tatiana Luján piensa en las enfermedades de los viejos de su familia ¶ Gloria Esquivel responde un cuestionario de Sophie Calle ¶ El papá de Óscar Rodríguez descubre una partida de bautismo que lo vuelve dos años mayor ¶ Constantino Villegas confronta a los gramáticos apocalípticos ¶ Y Helen DeWitt publica un cuento titulado Recovery en Electric Literature.

Direcciones desde el infierno

London a 33 grados centígrados. FedEx dice que mi computador llega mañana por la tarde. Mientras tanto leo The Scar de Miéville. A continuación algunos enlaces que he recopilado durante la última semana cuando Mónica me suelta su computador:

  • Ojo a los cortos documentales de Sean Dunne disponibles en Vimeo. Mención especial merece American Juggalo, sobre la comunidad de fanáticos de la banda Insane Clown Posse (aquí una introducción a la banda publicada hace un par de años en Wired). La estética sucia de Donne y sus temas, lugares y tratamientos me recuerdan lo mejor de los hermanos Coen. Todavía quedan algunos días para apoyar Oxyana su proyecto de documental financiado vía Kickstarter.
  • La colombiana Diana Beltrán Herrera hace pájaros de papel (y estructuras geométricas).
  • Cultvana es una nueva revista digital en español. La diagramación de los artículos (aquí por ejemplo uno sobre la obra de Todd Solondz) es novedosa y trabajada. Me gusta muchísimo (aunque apreciaría una tipografía principal más grande). En el primer número la oferta es diversa pero se nota el ánimo tan juvenil y español por popularizar el análisis cultural académico (que nunca me ha entusiasmado mucho). Creo que al formato que proponen le convendrían números temáticos ocasionales. De resto la veo muy bien encaminada.
  • Robert Hodgin hace simulaciones de creación, exploración y destrucción utilizando la librería Cinder, una especie de Processing de alto desempeño en C++.
  • Educación Prohibida, un documental y proyecto argentino para sacar a la educación pública de su inercia perniciosa. Las reflexiones y críticas aplican sin dificultad al panorama educativo global.
  • Iñigo Quilez explica los fundamentos del warping. Aquí algunos experimentos básicos de Amnon Owed usando Processing. Intentaré algo parecido.
  • El Toronto Star compiló los artículos que escribió Ernest Hemingway entre 1920 y 1924 y los publicó en formato periódico, página a página, tal y como aparecieron originalmente. Aquí hay un pequeño abrebocas en línea (otro sitio de artículos con diagramación novedosa, por cierto). Me impresiona la fuerza de la redacción del joven Hemingway (que atribuyo en parte a la exigencia editorial que tenían los periódicos de entonces) pero sobre todo su seguridad al abordar los temas que trata. Cuesta creer que tenga sólo veinte años.
  • Retratos de Kumi Yamashita hechos con clavos e hilo. Ver para no creer.
On Juggalo Island we can be one.

Fuera del tiempo

Hace treinta años que se murió Philip K. Dick. Cuando uno es así como es uno es fácil sentir complicidad cercanía al leer lo que Dick escribió. Escribió muchas cosas y todo lo que escribió se siente no sólo cercano sino verdadero a un nivel súper primario. Yo lo leo ocasionalmente. No he sido sistemático con él como si he sido con otros autores porque a veces me altera mucho leerlo y no quiero que se me acabe tan rápido para que no se muera de verdad. Lo que Dick dice en todas sus historias es que uno está aquí y lo que está afuera es difuso y difícil de agarrar pero de todas maneras uno trata porque el espíritu humano y ajá. Uno quiere vivir entonces uno no se deja aplastar por la realidad que a veces parece tan elusiva y falsa. Hay mucha miseria y mucho dolor. Hay tedio. Todo es tremendamente confuso. Las personas son muy pequeñas dentro del gran esquema cósmico y así es muy complicado inventarse un propósito perdurable para lo que uno es o representa o lo que sea, pero aún así todos lo intentan con una tosudez brutal. Hay gente que dice que Dick estaba loco pero yo no creo que una persona desequilibrada pueda hacer todo lo que él hizo. A mí me parece que hay personas que tienen esa sensibilidad, que entienden mejor que el resto ciertas cosas muy básicas de lo que somos porque las ven sin esfuerzo. Viven en una perspectiva privilegiada, adelantados o incluso fuera del tiempo. Grothendieck les decía mutantes. No mencionaba a Dick en su lista de dieciocho mutantes pero seguro que si lo hubiera conocido ahí estaría (o de pronto no porque Grothendieck era bien raro). Otra cosa que creo que a Dick le preocupaba era la comunicación con los demás. Que uno pueda decir cosas y quien quiera que lo oiga de verdad reciba lo que uno le dice entre todo el ruido que hay. Y también que le crean, que es todavía más difícil. Dick insistía muchísimo en ese miedo a la desconexión. A veces sugería que había algo intrínseco en las máquinas, en la tecnología y el uso que le dan los que la controlan, que nos aisla cada vez más a los unos de los otros o al menos limita nuestro contacto genuino, sin filtros impuestos por alguien más.

Philip K. Dick
Philip K. Dick cuando no sabía escribir.

Consciencia

Václav Havel propone en su discurso Politics and Conscience una revaloración (revaluación) de las personas, su bienestar y sus necesidades como prioridad de la sociedad. Asimismo abjura de la supuesta objetividad que se ha convertido en el valor esencial de organización política: una tecnología impersonal del ejercicio del poder.

Para Havel tras esta objetividad cientificista se oculta una tiranía ideológica que, en un giro político perverso, pone a las personas al servicio de abstracciones sin consciencia, responsabilidad ni sentido moral. El totalitarismo, dentro de esta perspectiva, es una consecuencia directa, la etapa final, de la fe acrítica en los sistemas invisibles que saben más y toman mejores decisiones que nosotros porque crecen libres de la demasiado humana subjetividad que aturde, parcializa y avergüenza.

Havel escribe desde su posición de disidente atrapado contra su voluntad en la Checoslovaquia comunista de 1984 (qué apropiado), pero sus observaciones siguen sólidas y relevantes. Piensen en el valor que tienen actualmente la vida y la dignidad de las personas dentro del sistema económico global que tanto nos esforzamos en estabilizar y proteger. Piensen en China comunista y su alianza abierta con el capitalismo norteamericano más radical. Piensen en los analistas que pretenden convencernos de que las plantas industriales esclavistas que hacen todo lo que consumimos son mejores que lo que había antes, porque ciertos índices financieros suben y otros bajan, que es lo que de verdad importa.

What is most dangerous to that evil are not the rockets aimed at this or that state but the fundamental negation of this evil in the very structure of contemporary humanity: a return of humans to themselves and to their responsibility for the world; a new understanding of human rights and their persistent reaffirmation, resistance against every manifestation of impersonal power that claims to be beyond good and evil, anywhere and everywhere, no matter how it disguises its tricks and machinations, even if it does so in the name of defense against totalitarian systems.

Václav Havel en 1978

Clasismo

Donde se propone la hipótesis de que el conflicto central en Star Wars surge no de un desbalance de la fuerza sino del inconveniente de que un criado de baja ralea, prácticamente un esclavo, tenga más midiclorias por centímetro cúbico de sangre que el consejo Jedi entero. Esto es inaceptable. La trama, por tanto, sugiere de modo sutil que su falta de casta es la razón que justifica su inestabilidad/debilidad moral/emocional. Esta lectura es corroborada por el hecho de que el simple cruce con sangre real produzca dos hijos virtuosos, prácticamente inmunes al lado oscuro (incluso cuando uno de ellos es criado en condiciones de pobreza evidentes), sin rastro alguno de la peligrosa naturaleza “caótica” de su padre.

HermanoCerdo.com

Ayer iniciamos operaciones en la nueva versión de HermanoCerdo (ahora —¡por fin!— en dominio propio). Parece que ha sido bien recibida, pese al poco contenido todavía disponible. En esta nueva etapa, publicaremos un mínimo de dos artículos semanales y ahora contamos con una sección de reseñas que crecerá, esperamos, también semanalmente. Como parte de la inauguración de la nueva versión, ayer publicamos la entrevista que realizamos a principio de año al talentosísimo Sergio de la Pava. Es la primera entrevista que De la Pava, un autor reconocidamente reclusivo, concede a medio alguno en cualquier idioma. También para destacar, este ensayo de Jane Goodall que tradujo Jorge Salavert. Esperamos que el nuevo formato de la revista aumente la regularidad de visitas. Asímismo, queremos ampliar nuestro nucleo de colaboradores y fortalecer el contenido de la revista con ensayos y crónica que se alejen así sea sólo un poco del solipsista terreno de lo literario y tal vez interesen a un público más amplio (sueño con reflexiones sobre ciencia o la sociedad tecnológica, o con análisis de la cultura del deporte como las que Mauricio Salvador explora de vez en cuando, o con crónicas políticas o económicas) sin que eso implique abandonar a nuestra fiel y cada vez más fuerte audiencia de letraheridos base dispersos por toda latinoamérica y España.

Jueves (Dimensions)

Cuenta Lola que este cuento no la dejó dormir. Le digo que con Alice Munro hay que ser cauto. No es una escritora que uno pueda tomarse a la ligera. Le prometo que lo leeré. Empiezo a medio día, mientras espero a Mónica para ir a nuestra cita con la trabajadora social. Lo termino en la sala de espera. Pienso. Es un cuento sobre la muerte, los vínculos con la muerte, y las maneras de seguir. Una mujer busca un refugio, físico y mental, luego de asistir al asesinato a sangre fría de sus tres hijos. Las descripciones son secas. El mayor, el único que intentó escapar, está junto a la puerta de la cocina. Fue estrangulado. Los otros están en sus camas, asfixiados con almohadas. En la historia son menos de tres líneas. La mujer entra a su casa y encuentra eso. La narración gira temporalmente alrededor del evento. Su hijo mayor, el de la puerta de la cocina, nace, y un párrafo más tarde la mujer, post-horror, sigue viva. Trabaja en un motel, en un sitio donde no la conozcan, con otro nombre, con otro color de pelo, para escapar, para que la vuelvan a ver como alguien real que no ha vivido lo que ella vivió. Pero a veces necesita recordar, así que toma tres buses y viaja cien kilómetros para hablar con alguien que la entienda, la única persona que sabe realmente lo que ella está viviendo, que los extraña y comparte el peso insoportable de sus ausencias.

Le hablé a la trabajadora social del cuento. Discutimos, una vez más, lo difícil que es continuar. Es largo, eterno, el proceso.

Sábado (Constatación brutal del presente)

No sé qué clase de libro es este. No sé, ni siquiera, si es un libro o algo más que un libro. En esas estoy. Lo acabo de leer, no por primera vez, no por segunda vez, no por… y no sé qué es esto ni cómo abarcarlo en tres párrafos que le hagan justicia a lo que es o lo que pretende ser (que creo que son lo mismo). Entonces me digo que yo lo vi crecer. Lo leí en intercambios de correos (con propuestas, sugerencias y batallas estilísticas casi a muerte) y en versiones preliminares, y siempre me preguntaba para dónde va Javier con todo esto, qué es lo que nos (me) quiere decir. Y no se puede decir que no conozca a Javier (que es mi amigo, como él aclararía con esa corrección que lo caracteriza) ni que no entienda sus preocupaciones. Son asuntos de los que hemos hablado antes (como en siempre). Es la idea de que la literatura permite disposiciones de información que niegan el tiempo o que lo pervierten pero todavía más: es la idea de que la literatura permite narrativas que se niegan (se refutan (se destrozan)) a sí mismas (o, peor, que todas de alguna manera lo hacen). La Constatación Brutal del Presente es la realidad pero también es la negación violenta de cualquier intento de condensarla. Es el hecho de que el tiempo es en esencia discreto y cada paso (salto cuántico) es una patada salvaje a la cara. Este es un libro muy serio. No es un libro para tomarse a la ligera. No es un libro que se pueda leer en una tarde de tedio ni sentado en un balcón con una copa de vino dulce en la mano ni desinteresadamente en un tren entre el punto A y el punto B, protegido de la tormenta. Es un libro confuso. Es difícil (de leer, de escribir, de digerir, de aceptar). Es intencionalmente desorientador. Es un acto de contorsionismo extremo: la reflexión entera (total (absoluta (definitiva))) sobre sí mismo; la teoría y la práctica de una cierta preocupación por escapar de los esquemas (¿para encontrar qué? ¿para evadir qué? ¿para llegar a dónde?). Yo, que soy católico, creo que esos esquemas existen por una razón pero Javier es entre otras cosas sindicalista (y por ende terco) y siente que son opresivos. Lo entiendo. También cree que no son efectivos (que hay cosas que se quedan por fuera; que la confusión y lo truncado no pueden ser ignorados; que su adopción general artificializa la experiencia). Eso lo entiendo todavía más. Digo Javier y siento que hablo de mí mismo pero no es así. Hablo de Javier, no de javier (que es el otro). Leo Constatación Brutal del Presente por enésima vez y todavía hoy es como si fuera la primera vez. Todavía me pierdo. Me cuesta. Pienso en las maneras como he intentado leer este libro. (1) Como un guión (o un tratamiento de un guión) de una película imposible de filmar porque los actores (no sus personajes) son asesinados en la primera escena. (2) Como un ensayo práctico sobre la narratividad que es incapaz de prosperar (¿de escapar?) por su compulsión de ser consciente de que ocurre. (3) Como una parábola de la vida atenta a la cinta transportadora vacía. (4) Como un homenaje tipo Enrique Vila Matas meets David Lynch meets Сталкер meets David Cronenberg meets Михаи́л Алекса́ндрович Баку́нин meets Raymond Roussel meets… meets 三池 崇史 meets itself (and implodes). (5) Como el primer capítulo del libro al que hace referencia esa secuencia interminable de notas al pie de página que se hace llamar El Lamento de Portnoy. (6) Como un panfleto político para desesperanzados extremistas. (7) Como la no-ficción postapocalíptica pesadillesca que por fin entiende que la idea del final del mundo y del tiempo (que es hoy, ahora mismo (¡suena pólvora afuera para celebrar!)) es precisamente que no queda nada (¡nada!) y por ende probablemente lo que haya por narrar sea tan o más indescriptible que las peores bestias que se ocultan por eones bajo el mar. Pienso, cuando lo cierro —estoy sentado en el balcón con una copa de Pedro Ximénez en la mano ya casi vacía—, en lo que tuvo que pasar para que llegáramos hasta acá (en lo que perdimos, en lo que vimos partir, en lo que dejamos, en lo poco que aprendimos, en los golpes, en el dolor, en la fuerza de vivir). Y en lo que falta por pasar. Creo que ya no tengo miedo. Hago, por precaución, un inventario de lo que llevo en mis bolsillos. Es suficiente. Es apenas lo esencial.

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Viernes (Personae)

Tal vez la mejor manera de describir Personae, el nuevo libro de Sergio de la Pava, es como un relato de misterio policial breve con apéndices sobredimensionados. Uno de los apéndices es otro cuento de un hombre que camina en el mar. Otro es una obra de teatro minimalista, una tragedia abstracta-moral-metafísica en dos actos titulada (ejem) Personae. Otro son fragmentos dispersos de lo que parecen reflexiones sobre, entre otras cosas, la traducción de Cien años de soledad al inglés (y en general el uso literario del inglés desde la perspectiva de un hispanohablante nativo). Otro más es la introducción (dividida en tres partes) a un ensayo sobre la percepción personal del tiempo y la edad (diría yo) basado en dos interpretaciones (¿clásicas?) de Glenn Gould de las Variaciones Goldberg de Bach. Otro son dos obituarios del New York Times. Y, a manera de epílogo totalizador, la última es una novela corta pero no tan corta (con meditaciones teológicas) sobre un hombre que busca venganza tras una toma guerrillera salvaje (con masacre y secuestro masivo) y otro hombre (que podría ser el mismo, años más tarde) que es el pionero de la venta de café colombiano bien preparado en Nueva York (este apéndice, agrego, es una de las mejores novelas que he leído sobre la guerra colombiana junto a Los Ejércitos de Evelio Rosero y esa otra novela sobre la redacción del informe de la masacre de unos indios cuyo nombre ahora no recuerdo pero que ni es colombiana ni habla de Colombia específicamente). Simplifico, claro. En realidad, Personae es la red de conexiones entre (y sobre) estos textos (que a su vez es una red (vaga) de conexiones entre personas y momentos ficticios y reales) y lo que parecería ser un capítulo más en la me atreveré a llamar la Gran-Novela-de-De-la-Pava sobre la verdad y la perfección como trampas cuya introducción extendida sería A Naked Singularity. Si esta fuera una reseña en la norma (cosa que no me interesa escribir acá) debería decir más, citar, evidenciar. Debería explicar por qué este mosaico que describo a grandes rasgos tiene sentido. Por qué su dispersión se siente compacta. Por qué la obra de De la Pava, en su oscuridad intencional de autoediciones e invisibilidades, es tan importante y relevante a la hora de entender qué significa ser hispanohablante (o incluso colombiano) hoy en este mundo (me aguanto las ganas de decir qué significa estar vivo). Por qué De la Pava necesita ser traducido y difundido con urgencia. Por qué su lectura exige paciencia y sí que la recompensa. Tal vez lo haga después en otro lugar. Hay muchas cosas que no entiendo y muchas más que no aspiro a entender. Personae me supera y, sin embargo, me siento tremendamente cómodo, a gusto, en ella. Es un libro para mí.