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Gandalf

Algo que me intriga de Gandalf es que es evidente que sabe más de lo que admite. Al respecto del destino de Bilbo, por poner un ejemplo. Y si se piensa, encadenando, la forma como la elección de Bilbo para que acompañe a los enanos a recuperar su montaña okupada terminará desencadenando, muchos años después, el viaje de Frodo y compañía con el propósito de destruir el anillo único. Gandalf sabe, y lo reitera varias veces, que Bilbo es esencial para el viaje. Pero es igualmente evidente que Bilbo no es esencial a priori y que su carácter especial es algo que de cierta forma adquirirá durante el viaje. Así que hay algo que Gandalf sabe o puede ver pero nunca reconoce y debido a esto por momentos, durante la lectura de El Hobbit, sospecho de su estatus dimensional, por así decirlo: tal vez Gandalf, me digo, existe por fuera del tiempo y esto que vemos es apenas una sombra de su verdadero ser. Aunque por otro lado con frecuencia ese mismo Gandalf es sorprendido y emboscado por criaturitas que cualquier entidad medianamente omnisciente sabría evadir sin despeinarse. Pero para mí esa puede ser una estrategia de distracción: Gandalf no soluciona un problema al elegir a Bilbo sino que crea la premisa de una historia que luego contribuirá a desarrollar y esa historia, con sus vicisitudes, con las dudas de lo que Bilbo puede o no lograr, es crucial para que el anillo pueda ser primero encontrado y más tarde destruido. La historia, con sus emboscadas y sus derrotas temporales, con el hambre y la frustración del viaje imposible, es el catalizador que inspira al héroes a persistir. Una buena historia perdura y crece. La narrativa nos impulsa. Gandalf juega con eso.

Brujas

Ayer terminamos de leer Las brujas de Roald Dahl. Me gustó mucho el final. Al final, el niño protagonista y narrador, en una conversación con su abuela, habla de sus expectativas de vida ahora que será un ratón para siempre. Ambos reconocen que les quedan, a lo más, nueve años (los ratones normales viven tres; él, por ser un ratón-humano, vivirá un poco más). Pero esa no es una tragedia. Ambos lo ven como un reconocimiento de la importancia de aprovechar su compañía mutua y el tiempo que les queda. No hay tristeza ante esa perspectiva. El cierre, aunque enmarcado en esta conversación, resulta ser la promesa de una gran aventura. El presente siempre debería ser el inicio de una aventura.

200

Leo One River de Wade Davis con la fascinación de encontrar un libro que se siente esencial para la vida y la pena de no haberlo leído antes: sé de su existencia desde hace muchos años. Lo leo y pienso en el mundo en el que vivo y en el mundo del que vengo (mundo como lugar pero también como gente). Me entran nostalgias de pueblos y circunstancias en donde jamás he estado pero que por puro vínculo emocional siento cercanas si no propias. Y las añoro aunque sé que en el momento cuando podría haberlas apreciado no entendía su valor.

Bel Dame Apocrypha

Bel Dame Apocrypha, by Kameron Hurley

Por recomendación de Sergio empecé a leer después de su visita la trilogía Bel Dame Apocrypha de Kameron Hurley. Me costó agarrar el ritmo del primer volumen y lo leí a saltos muy cortos hasta por ahí la mitad, donde por fin la trama cogió forma y empezó a avanzar. El segundo lo leí este fin de semana en dos golpes. La serie de libros cuenta la historia de Nyx, una mercenaria (otrora boxeadora) venida a menos acompañada de otros en las mismas que terminan involucrados en intrigas alrededor de una guerra que ha durado cientos de años entre su pueblo (una monarquía islámica ultrafeminista con una fuerza paramilitar independiente de asesinas ‘de honor’ sanguinarias a la que Nyx alguna vez perteneció) y el vecino (un califato funamentalista normativo) en un planeta poblado por musulmanes de varias líneas donde la magia y la tecnología se basan en la comunicación y el control de insectos y materia orgánica. Hurley lo suelta a uno en el medio de ese mundo semi-desértico y lleno de enfermedades infecciosas sin mayor advertencia y después lo guía a través de sus peculiaridades hasta que todo suena no solo natural sino hasta casi obvio. ¿De qué otra forma puede funcionar un radio si no es por vibraciones de alas de escarabajos atrapados y conectados vía feromonas a través de una red de miles de kilómetros de ancho y largo? Aquí un párrafo sobre alguien decodificando cables diplomáticos para archivarlos en un proceso que suena bastante similar al entrenamiento de redes neuronales temperamentales:

She fed the pages into the com. Beetles chittered and stirred. She adjusted the chemical compositio of the plate accordingly. The best types of com specialists were shifters. Magicians didn’t need the inorganic components of a com to speak to one another, and regular deadtech specialists and tissue mechanics—though useful for repair work for inorganic components—often didn’t have the gut feel for what the bugs needed. It was about sound, smell, impressions, just as much as intuition. You learned when and how to physically alter the environment of the bugs to get the results you desired. She did with chemical potions what magicians did with will alone.

Hurley logra armar todo esto, llenarlo de violencia brutal y agregarle sin desafinar un montón de comentario social sobre el lugar de las mujeres en diferentes comunidades con configuraciones totalmente opuestas de lo que se espera de ellas y lo que pueden o no hacer. Aquí un pedacito:

It had taken her a long time to realize that it was not her and her behavior that was at issue, though she had often thought God has simply punished her for stealing her dead husband’s bakkie. But no, it was not God that had caused the events on that night, just as it was not God who beat her mother in the street for being a shifter. It was men, not God, who had done those things, and it was she herself who had retaliated.

And it will always be like that, Inaya thought, watching them walk back to the food tables, chatting and laughing as if nothing ill was said while she stood alone, feeling oily and vaguely dirty for the implication that she would abort her own wanted babies. It will be like that until someone decides to change it. All of it. But how did you change an entire culture? Revolutions were about politics, not perceptions, weren’t they?

Ahora voy por el tercero.

Despegue

despegue

Cuando empecé a escribir Despegue se llamaba Para poder llegar. Lo escribí durante las mañanas del verano de 2011, en el intermedio entre mis dos semestres como postdoc en la universidad de Waterloo. La escritura tomó un mes y algo. Escribía un capítulo diario. Borré muchos capítulos durante las correcciones. Tomaba notas de posibles capítulos en hojas que no sé dónde habrán terminado. La idea era expandir un relato mínimo y críptico titulado Prodigio que aparecía en Inframundo donde un niño hablaba con admiración de un primo que se había ido y mencionaba de pasada, como si no fuera nada, varias experiencias fuera del cuerpo. Quería sostener el tono infantil pero oscuro de ese relato en algo con aspiraciones de ser una novela infantil con componentes de ciencia ficción y fantasía paranormal. Rápidamente, mientras lo escribía, me di cuenta de que al fondo de la historia estaba mi dificultad por dejar ir la muerte de nuestro hijo. A un año de distancia todavía me atormentaba muchísimo. Me tenía mental y anímicamente incapacitado. Me costaba mucho redactar párrafos y pensar en general. Escribirlo me sirvió para salir de ahí, o al menos para empezar a salir. Fue una forma de reconciliarme con lo que nos había pasado. El protagonista de la historia era un niño que ayudaba a su primo enfermo a organizar una fuga hacia el espacio (el Arriba-Afuera de Cordwainer Smith). Quería que fuera una novela infantil sobre asuntos duros donde el niño protagonista no evadiera la realidad hundiéndose en ensoñaciones fantásticas sino que, al contrario, la encarara usando lo que tenía a su mano: unos poderes y saberes misteriosos heredados de su papá ausente. Quería que él los describiera como cosas naturales, como una ciencia más a la que por cualquier razón tenía acceso. Pese al tema, creo que el libro es más esperanzador que triste. Es una victoria. Aunque mi objetivo era hacer algo lineal, muy rápido (por algo que es más vicio que estilo) terminé escribiendo fragmentos a saltos que al ser encajados cuentan varias reflexiones y anécdotas sobre la partida. Entrelíneas es un ensayo pequeño sobre la soledad, las responsabilidades con los otros y las despedidas. Todavía me gusta el resultado. Es raro e intrigante. Creo que sería un libro que habría disfrutado de haberlo encontrado a los nueve o diez años. Espero poder leérselo a Laia pronto.

Adios a los números

Escribo desde las pausas entre las vidas que me corresponden. En realidad es solo una vida pero fluctúa y se transforma. Laia mordía hace poco un muñeco pollo que reclamamos en una promoción de Kokoriko hace quince años. Cuando reclamamos ese pollo a cambio de una hamburguesa (probablemente la mejor promoción de comida rápida jamás ofrecida por un negocio colombiano) no pensamos que algún día una hija hecha de los dos jugaría con él. Pero aquí está: ya tiene dos años, hace algo parecido a hablar, es caprichosa y malgeniada ocasionalmente pero también genuinamente cariñosa. Le gusta ser independiente y libre. Todavía le da duro la llegada a la guardería.

Estoy a punto de terminar mi curso de seis semanas en la universidad. Como siempre, el trabajo con estudiantes es edificante. Lástima que sea tan efímero. En todo caso yo me esfuerzo y preparo las clases e intento ofrecerles algo más que una reiteración de contenidos más o menos insustanciales. Desde mi posición como instructor temporal muy ocasional no hay mucho más que pueda hacer. Los profesores oficiales de la universidad (quienes sí podrían tener una influencia positiva y sostenida en los muchachos y que son responsables del futuro que esos programas les ofrecen) tienden a evadir esos cursos básicos y los desprecian como ejercicios menores, casi castigos, que deben soportar con renuencia a cambio del tiempo y fondos que reciben para hacer esencialmente lo que les plazca bajo la promesa de que sus ombliguismos intelectuales son determinantes para el desarrollo de la sociedad. En los intermedios entre clases trabajo en varios proyectos, más que todo relacionados con exploración y organización de conjuntos de datos. Parece que habrá más trabajo en esa línea durante este otoño. Conseguir cursos para dictar es muy difícil. Tengo una prioridad bajísima debido a que no tengo vínculos profesionales con la universidad. Soy la opción cuando no tienen más opción. Igual seguiré presentándome cada año porque disfruto hacerlo aunque a veces me agobie. Mi molestia con todo lo “académico” (sus pretensiones y sus engaños) es cada vez más intensa.

Mi hermana y mis tías estuvieron de visita hace un mes. Mi hermana estuvo por tres semanas dedicada a Laia. Se hicieron amigas. Fuimos un fin de semana a Toronto y de resto estuvimos en el pueblo.

Cuando termine el curso quiero dedicarle tiempo a las correcciones del libro que escribimos con Luis. Estamos a poco de tener una versión pulida pero no hemos encontrado el tiempo para poder trabajar. Por otro lado se supone que Despegue (originalmente llamada Para poder llegar), la cortísima novela infantil que escribí en verano de 2011 (durante mi año en Waterloo), sale a la venta en librerías colombianas esta semana. Al final salió en el sello juvenil (Gran angular) de SM (los mismos de El barco de vapor). Les dio miedo venderla como un libro para niños.

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Andrés nos regaló Jerusalem: A Family Portrait y anoche lo leí. Es un cómic sobre el nacimiento del estado de Israel desde la perspectiva de una familia judía que vive en Jerusalén entre 1940 y 1948. La historia está pensada para que la mirada microscópica a los conflictos familiares sirva de reflejo a las situaciones políticas macro que se entretejen en Palestina por ese entonces (que a su vez sirven de reflejo a situaciones políticas actuales): la ocupación (y manipulación) británica, los movimientos pacifistas de corte comunista, los movimientos radicales sionistas o árabes, la diversidad de proveniencias, la llegada de los judíos que escapan de los nazis, los campos de concentración en Europa, etcétera.

Es una novela agresivísima no solo por las escenas muy explícitas de guerra y terrorismo como por las evidencias (sutiles pero constantes) de desequilibrio emocional de los personajes. Son personas seriamente afectadas por la vida. Tienen rabia. Son rabia. Han transmutado en resonancias de la guerra. El comentario general que propone de la situación política en Palestina en ese entonces (y de cierta forma también ahora) es descorazonador.

El dilema sobre cómo y por qué ejercer violencia contra otras personas (o recibirla) es un punto de contacto entre las diferentes tramas. Las respuestas difieren. Ninguna es fácil. Hay mucha resignación, mucha impotencia, cunde la derrota.

Tal y como anota Andrés en su reseña, aunque hay una línea de tiempo clara y las situaciones están encadenadas, algo (no soy capaz de puntualizarlo) en la forma como se cuentan las historias hace que se sientan confusas. Como si fueran los cuentos que le llegan del exterior cada día a los que se resguardan en un refugio contra artillería: intentos de comprimir lo incomprensible en narración.

La guerra destruye todo. Por dentro y por fuera.

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jerusalem

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Jordi Sánchez Navarro ahora tiene un nuevo blog de lectura de cómics. Atentos ahí.

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Anoche por fin pude leer Aún no era grande, el libro que Estefanía Uribe publicó el año pasado. Hace rato que le tenía ganas. Este es un libro corto (60 páginas nomás) compuesto por once textos autobiográficos que se interconectan a través de senderos que recorren apartes de la infancia de la autora. Narraciones de pasados cercanos y lejanos surgen y se mezclan constantemente con reflexiones personales sobre pérdidas, enfermedades y melancolías. En conjunto los relatos/ensayos conforman una mitología muy íntima de objetos y personas (reales o imaginadas, da igual) a través de las cuales diferentes versiones de la autora se protegen de los golpes de la realidad o la filtran; constantes que son faro, ancla y salvavidas al tiempo. Aunque los textos son descarnados, cada tanto dejan entrever un aprecio dulce por la vida y sus conflictos que es reconfortante. Me impresiona la potencia emocional que logra alcanzar en tan pocas páginas. Hay mucha fuerza y sinceridad dura ahí adentro.

El libro fue publicado por Sílaba y ahora se consigue en formato digital en Amazon.

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Bueno este comentario sobre El Principito. Nunca lo había pensado como una fábula de la guerra. Me gusta esa idea.

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El fin de semana leí Showa, A History of Japan – 1926-1939, el primero de una serie de cuatro volúmenes sobre la historia de la era Showa, escritos y dibujados por Mizuki Shigeru. Este volumen presenta el contexto histórico y social que sirvió de antesala a la guerra y la suma de circunstancias sociales y políticas que terminan volcando a Japón en el fascismo. Mizuki se vale de tres arcos paralelos: el primero es casi documental e ilustrado con dibujos realistas, el segundo es autobiográfico, paranormal y caricaturesco, y el tercero, que sirve de puente entre los dos, es la un comentario ácido-crítico a la historia oficial narrada en las secciones documentales por parte de un demonio antropomórfico con cabeza de conejo. El siguiente volumen traducido, ya en camino, cubre los años de la guerra.

Ayer leí The Book of Dolores, una compilación de auto-fotografías de William Vollmann transformado en Dolores, una mujer que encarna como parte de sus investigaciones para escribir la novela How You Are (sobre un hombre que se enamora de su versión femenina, una prostituta mexicana creada durante juegos eróticos con su amante). De cierta forma es una secuela de Kissing The Mask y sus preguntas sobre la naturaleza simulada de los femenino.

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Mañana nos vamos de aventura por quince días a cambiar de paisaje. La vida de pueblo es agradable y tranquila pero la soledad y falta de vida de ciudad cansan. Vamos a ver amigos y a hundirnos en multitudes. Tal vez reduzca las palabras acá y compense con fotos. Sigo comprometido a la entrada diaria aunque no sé para qué. Para lo de siempre, me respondo. Laia quiere que le lea libros todo el tiempo. El mismo libro una y otra vez. Cuando se cansa trae otro y lo reemplaza. No sé bien qué le dicen esos cuentos que le leo. Son sencillos. Son las palabras reiterándose hasta que dejan de ser ruido y empiezan a decir algo. En uno de los libros, al final, la mamá le da un beso de buenas noches a la hija y le dice que aunque realmente la cansa ella la quiere de todos modos. La hija le responde que ella también la quiere de todos modos. Así se siente. Es una muy buena descripción de la mecánica de la relación a esta edad. Nos queremos de todos modos, pese a todo, desde una profunda incomprensión mutua.

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Gráfica de libros en casa y la distribución de puntajes de los estudiantes colombianos en matemática y lectura:

libros
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Los libros de hojas de cartón duro son ideales para esta edad. Resisten perfecto el trato característico de la motricidad fina en desarrollo. Laia elige uno y me pide que lo leamos. A veces ella pasa las páginas. Me enseña los dibujos con el dedo. Pide explicaciones. Hace sus ruidos. Reconoce gatos, elefantes y niños. Otras veces nos acostamos uno al lado del otro y yo llevo el control del libro. No le basta con que le muestre el libro sino que quiere que se lo lea, lo que implica por lo general traducir pequeñas frases o palabras pues tenemos pocos libros en español. Traducir o inventármelas. Algunos libros, la mayoría, tienen mejores dibujos que palabras así que no me importa tener libertad a ese nivel. De todos modos poco a poco necesitaremos más libros en español para que ella pueda aprender a leer. Además del libro de Isol a Laia le gustan los libros del elefante Élmer de David McKee. Tenemos dos traducidos al español: uno sobre el clima y uno sobre los animales. También tenemos algunos de Chigüiro de Ivar Da Coll. Esos son de hojas de papel así que requieren más cuidado. Había uno de animales de hojas compuestas de algo parecido a espuma que ella esencialmente se comió durante la ansiedad por morder que acompaña el nacimiento de los primeros dientes. La edición de hojas duras de Olivia, de Ian Falconer, ha sido muy apreciada. Y The Big Book of Words and Pictures de Ole Könnecke es un tesoro al que siempre se puede regresar con gusto. También tenemos algunos libros baratos de dibujos que le permito deshojar libremente. Cada tanto le leo unas páginas de alguna novela de Roald Dahl o de la edición con comentarios de Martin Gardner de Alicia. Todavía no le llaman mucho la atención. Prefiere los dibujos coloridos.

The-Big-Book-of-Words-and-Pictures-Muiscal-Instruments

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Una serie más de gráficas de Pisa Colombia 2012 alrededor de una pregunta de autovaloración en matemática:

autovaloracion
En un eje su autovaloración y en el otro el puntaje que sacan en la prueba de matemática diferenciado por género.
autoevaluacion-genero
Fracción de muchachos y de muchachas en cada respuesta.
autovaloracion-total
Porcentaje en cada respuesta sin diferenciar por género.

Sobrevuelo

Durante el último mes vi Pacific Rim y Upstream Color. También leí Red Handed y me zampé de un golpe Shadowrun Returns. Los recomiendo con cautela.

Títulos

He is also a self-published author, writing e-books with titles such as How I Saved Someone’s Life and Marriage and Family Problems Thru Communication and How a Judgmental and Selfish Attitude Is Destroying the World We Live in Because the World Is Vanishing Beneath Our Eyes.