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Londres, Ontario

Mañana nos vamos. Llevamos una semana despidiéndonos de desconocidos que las rutinas que nos inventamos convirtieron en lo más parecido a amigos que tuvimos acá. No sé de qué estoy apegado. Supongo que de la seguridad que me daba mi encierro. O de la vida organizada en torno a Laia. Tal vez es eso. El lunes después de firmar el contrato de arriendo caminaba por Toronto y pensaba en lo grande que es todo allá. Me intimida de repente lo que creía añorar. Seguro que estaremos bien. De pronto incluso mejor que acá.

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La comentarista de la cafetería dejó una nota en un artículo del periódico de hoy sobre la voz del aeropuerto de Río de Janeiro. Se supone que es una voz femenina muy distintiva y, de acuerdo al articulista, sensual. En el encabezado del artículo dice que la locutora (una señora de setenta años que estuvo a punto de ser sustituida por un sistema computarizado de anuncios) no intenta sonar insinuante sino apenas calmar, con un tono suave y musical, a los pasajeros a punto de volar. La señora de la cafetería responde: “No one fears flying; one fears the cessation of flying before the plane has safely landed.

Es como un poema.

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En el parque había dos muchachos sentados en un banco conversando. Uno le dice al otro: Adults are not allowed to ask why, but we’re not adults yet. Sonaba muy serio.

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Ahora que el tiempo ha mejorado intento ir al parque todas las tardes con Laia. No queda muy lejos. Apenas a unas cinco cuadras largas. Poco a poco le ha agarrado confianza a los diferentes juegos y se lanza sin miedo del tobogán más grande. También sube una escalera de por ahí 1.80 metros de altura hasta la plataforma del tobogán. Hay otro tobogán en espiral que todavía le cuesta y generalmente llega al final patas arriba. Lo que más le gusta del parque son los niños. No todos le prestan atención. Hoy siguió un buen rato a un niño que parecía simpático pero era brusco con ella y la empujó varias veces. Por fortuna Mónica estaba al frente de la situación. Yo no hubiera sabido cómo llevarla. Mónica es más civilizada. Usualmente en el parque hay más mamás que papás y también usualmente las mamás conversan entre ellas mientras que los contados (cuando no únicos) papás siguen atentos los recorridos de sus hijos sin interactuar con nadie. En eso soy estereotípico. De hecho creo que me incomodaría la conversación. Siempre siento que no importa lo evidente que sea que estoy con la niña las mamás me miran con prevención. Y eso que me baño y me visto antes de ir. Cómo sería si no me vistiera.

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A la salida del YMCA oí a una joven muy joven decirle a otra todavía más joven en tono serio “Me di cuenta de que estar con él y deprimida no era el tipo de relación que quería tener”. Ambas estaban abominablemente maquilladas.

En la piscina vi a un papá que tenía en la espalda tatuado el logo de Nike. No me alcanzo a imaginar el proceso mental que conduce a tomar la decisión de imprimirse para siempre el logotipo de una empresa de productos deportivos en la piel.

En el bus había un señor muy grande en una silla de ruedas eléctrica que leía un libro titulado “The ABC of Murder“.

A la entrada del YMCA estaba una foto de un muchacho, un miembro de la comunidad, supongo, que había muerto recientemente. Nació en 1986. Un hijo de dos personas que se acaban de quedar muy solas.

Mientras trabajo, caliento los pies poniéndolos directamente contra el radiador empotrado en la pared.

Laia duerme largo. Tuvo una sesión intensa de ejercicio en la piscina esta mañana.

Extraer información a través del API de Twitter requiere muchísima paciencia.

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La semana pasada hablé en la cafetería con un señor de unos noventa años que trabaja como archivista en una iglesia. Me preguntó de dónde vengo y le dije que Colombia. Me preguntó en qué idioma hablaba. Dijo que Colombia debía ser un lindo país. Me preguntó el nombre de la niña también. Dijo que en inglés existía “Laila” pero no “Laia”. Después habló de un viaje desde Vancouver hasta la frontera con México. Del otro lado de la frontera estaba Tijuana. No se atrevieron a cruzar. Me dijo que había viajado por todos los Estados Unidos pero nunca había estado en Nueva York (en Boston sí; prefería Boston). También me contó de un viaje que hizo alguna vez con su mujer desde Vancouver hasta Nueva Escocia, de un lado al otro del país. Sonaba orgulloso. Cuando se fue le abrí la puerta de la cafetería para que pudiera salir con su caminador.

Hoy lo volví a ver en la nueva cafetería del barrio. Me preguntó el nombre de la niña. Me preguntó de dónde venía. Me contó de su viaje truncado a México. Me habló de su aventura de un lado al otro de Canadá. Repitió cada historia y cada comentario en el mismo orden. Le costó recordar el nombre de Tijuana esta vez. Hice la mejor cara que pude. Asentí y sonreí. Repetí algunas preguntas también.

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Un paseo por el barrio. Clic para agrandar. En flickr están las fotos individuales.

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Recuerdo que la introducción del determinante en el curso de álgebra lineal que tomé en la universidad me pareció artificiosa. Nunca entendí del todo por qué ese procedimiento recursivo tan complicado y medio salido de la nada tenía esas propiedades tan agradables. O tal vez sí lo entendí, pero a fuerza de darle vueltas y vueltas más adelante en muchos contextos diferentes. Hace poco mencioné mi incomodidad con los determinantes en Twitter y Federico Ardila me respondió con un enlace a este artículo de Sheldon Axler escrito en 1994 donde ofrece una aproximación muy agradable a varios resultados importantes de álgebra lineal sin recurrir a determinantes. Fluye muy bien. Al final define el determinante como el producto (contando multiplicidades) de los valores propios, lo que se siente muchísimo más apropiado.

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Al respecto del dato de ayer (que yo me apresuré a leer como machismo puro y duro), John Goodrick dejó en los comentarios un enlace a este artículo donde se observa que la amplitud de las brechas entre hombres y mujeres en los resultados de Pisa de matemática y lectura están inversamente relacionadas. O sea: donde hay más ventaja de los hombres sobre las mujeres en matemática la ventaja es estrecha entre las mujeres y los hombres en lectura (como en Colombia) y también al revés. ¿Por qué pasará eso?

Adenda: Olvidé mencionar que el artículo también correlaciona la amplitud de las brechas con índices de igualdad de género (reforzando un poco más la teoría del machismo como factor.)

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Santiago Ortiz sugirió ayer que revisara las diferencias en resultados de Pisa discriminando por mes de nacimiento para ver si pasa algo parecido a lo que describe Gladwell en Outliers. Esta mañana me levanté intrigado y armé esto:

mesdenacimiento

Una mirada rápida parece sugerir que en Colombia no hay ventaja debida al mes de nacimiento. Sin embargo Santiago, que es curtido en estos asuntos de visualizar, me sugirió que lo ordenara arrancando en julio y terminando en junio. Obtuve esto:

meses-julio

¿Ven el salto?

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Me gustaría explorar la posibilidad de armar una publicación en línea para público general que haga “periodismo de datos” (concepto en desarrollo) en español sobre asuntos sociales y políticos del mundo hispanohablante (o latinoamericano — o tal vez solo colombiano para empezar). La idea, muy escuetamente, sería ofrecer reportajes a fondo, bien editados y bien escritos (amenos, entretenidos, con alma) donde la narrativa estuviera parcialmente guiada por la existencia de bases de datos que ofrecieran alguna perspectiva particular sobre un tema (de coyuntura o no) y el contraste crítico entre los análisis de los datos (y la misma existencia de los datos) y las realidades que pretenden describir/comprimir (lo que implicaría además hacer reportería seria hablando con gente y demás, de eso que ya casi no se hace). De paso podría ser una buena plataforma para promover la liberación de bancos de datos públicos en nuestros países. Como sea, un proyecto con semejante ambición necesitaría plata pues dependería de infraestructura y un equipo de personas muy competentes. Durante el próximo año de pronto revise cómo se podría financiar y organizar algo así. Si tienen sugerencias al respecto las recibo en los comentarios.

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No conocía PSPP, la alternativa libre a SPSS. Útil.

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Ya es hora de que acepte que “la academia” no es para mí: tenemos prioridades y valores distintos. Me da pesar porque me gusta enseñar y hablar de matemática, pero supongo que haga lo que haga con mi vida siempre aparecerán otros espacios para enseñar y aprender ojalá más compatibles con lo que soy (o no soy).

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Me contó Nicolás que en estos días de ventiscas heladas entró a la tienda una mujer colombiana huyendo del frío. Dijo que disculparan pero no entraba a comprar nada sino solo a escampar del hielo y ahí mismo se puso a llorar.

Sombras








Tienda

Aquí está un artículo que publiqué en agosto en Universo Centro sobre la tienda colombiana de London, Ontario.

Lectoras

Hoy, en las mesas afuera de la cafetería, vi a una mujer leerle en voz alta un libro infantil con dibujos a su mamá. Debían llevarse unos treinta años pero eran todavía muy parecidas físicamente: ambas con el pelo largo y la cara larga; ambas vestidas con faldas de flores y camisas sueltas. Tal vez la mujer joven elegía la ropa de ambas. La mamá estaba sentada muy erguida con las manos sobre las piernas y seguía la historia atenta a los dibujos que la hija señalaba mientras leía. En las páginas que alcancé a ver los protagonistas (¿tal vez eran ladrones?) escapaban en un carro muy viejo por una carretera escarpada, pasaban junto a un granero rojo y en cierto punto daban un giro, rompían una cerca y continuaban la huida por un pastizal. El rastro de las llantas del carro quedaba marcado en el pasto seco. Pensé en Alejandro y las mujeres lectoras que le gusta coleccionar.

Comentarista

Notas

Alguien comenta y subraya los artículos de los periódicos de la cafetería del barrio. El comentarista es aguerrido y pendenciero, con una clara alineación hacia la izquierda. Suena como alguien comprometido y educado. Muchas de sus notas son respuestas sarcásticas a la posición más bien complaciente del periodista con el establecimiento cada vez más conservador. Hace un par de años que reviso los periódicos de la cafetería buscando sus notas. Usualmente tiene buen ojo para detectar los artículos que vale la pena leer. Hasta hoy no sabía quién estaba detrás. Era un misterio que jamás pensé que podría resolver.

comentarista

Cuando nos sentamos la señora saludó a Laia sonriente y siguió leyendo el periódico. Cuando se fue me preguntó cuántos meses tenía Laia y después de que le respondí llevó su copia del periódico al mesón donde está el azúcar. No pude aguantar y me apropié de ella. En un artículo sobre los niveles de mercurio en cuerpos de agua cerca de los yacimientos de arenas de petroleo (la nueva gran riqueza canadiense) escribe: “Water is an absolute necessity for life. If we foul this essential resource, we are too stupid to live”. Bajo el título de un artículo sobre la solicitud de inmunidad ante la corte penal internacional para líderes africanos mientras están en el poder, escribe: “Why? They are failing the populace and victims of egregious, inhuman overlords”. Más abajo, le da la razón con un “Indeed!” a Desmond Tutu cuando dice que “those who seek to evade the international court are effectively looking for a licence to kill, maim and oppress their own people without consequence”. Hace sus anotaciones con cuidado y se nota que relee los artículos que le interesan varias veces. Sigue su lectura con el bolígrafo y enmarca párrafos. También comenta las cartas de los lectores. Antes de irse entró al baño. Después caminó hacia la salida de la cafetería, bajó el escalón agarrándose del marco de la puerta y se alejó despacio por la calle Craig, con su bolsa de tela en una mano. No tuve el coraje para confesarle que era un fanático de sus notas.

comentarista

Este no es el Londres que buscan

La editora en jefe de la (deprimente) revista gratuita mensual de actividades culturales de la ciudad usa cada editorial para reiterar que (1) ella vivió por un número impreciso de años en Londres, Inglaterra, (2) en términos de oferta cultural Londres, Ontario, no es comparable a su homónima inglesa, pero, y esto es lo importante, (3) siempre podría ser mucho peor.

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