Mónica dice que estoy enamorado de Helen DeWitt. No voy a negarlo. Por fortuna, hemos llegado a esa buena etapa en nuestra convivencia donde puedo admitir cosas así sin ser exiliado ipso facto a la sala a dormir con Gonta (Plinio duerme usualmente a mis pies). A finales del año pasado contacté a DeWitt para solicitar su autorización para traducir y publicar en HermanoCerdo el cuento That obscure object of desire, que apareció brevemente publicado en la versión en línea de la revista Bullet. DeWitt, que es adorable, aceptó con gusto la propuesta.

En el cuento, un programador de robots (¿acaso un robot él mismo inconsciente de su condición?) vaga por Berlín y compra un libro de Orhan Pamuk. Esta compra, condimentada con la perspectiva de alguien que tal vez ha pasado demasiado tiempo hablando sólo con máquinas, desencadena una reflexión sobre el valor de lo irracional, su papel en el juego social humano y el procesamiento automatizado de lenguaje natural, entre otras cosas. En mi traducción intenté preservar el tono ausente-mecanizado de la prosa en inglés que a DeWitt le fluye muy bien. Espero haberlo logrado. Si la narración se siente torpe por momentos es enteramente mi culpa.

Luis Blackaller contribuyó con ilustraciones transhumanistas (que a mí me recuerdan las de las ediciones clásicas de los libros de Lem) para acompañar la historia. Dudo que haya alguien más capacitado que Luis para ilustrar un cuento como este.

El resultado aquí.

No pude evitar pensar en el cuento de DeWitt al encontrar en el museo de arte moderno de San Francisco este cuadro pintado en 1915 por Giorgio de Chirico. La imagen es (todavía) más intrigante si se mira como una continuación (no sé si intencional) de la escena representada en Misterio y melancolía en una calle (¿De quién es la sombra amenazante que espera a la niña? ¿Acaso del autómata humanoide?).