Este sería el momento perfecto para que surgiera en la política colombiana una figura tipo Uribe en el año 2001, que liderara/conjurara a una masa de inconformes con el proceso de paz de Santos hacia una victoria en las próximas elecciones. La presencia de Uribe en el panorama, sin embargo, hace casi imposible que esto pase. Uribe fagocita a todo aquel que comparta su discurso y lo convierte, a ojos de la opinión pública, en marioneta pusilánime. Como me decía Sergio ayer, Uribe es el anti-Uribe. Aunque Santos luzca inconforme, Uribe en modo überopositor rabioso le conviene.