El mapache que cruza la calle solitaria a esta hora lentamente, con desprecio total por su vida (o tal vez con la sabiduría que le permite renunciar del todo al apego tóxico a respirar que tenemos algunos mamíferos de memoria larga), no es un mapache sino todos los mapaches que existieron o existirán: la completa multiplicidad de mapaches, en toda su variedad, encarna por un momento en este mapache perezoso que cruza la calle de camino a las basuras de los vecinos, donde probablemente descubrirá su comida y, por ende, la de todos los mapaches del universo. Me alivia verlo alcanzar la acera opuesta.