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Inframundo

De vez en cuando escribo relatos paranormales. Si siguen mi blog seguramente han leído buena parte de ellos. Tal vez el primero que se me ocurrió se llamaba Historia con fantasma y terminó publicado dentro de Lo definitivo y lo temporal. El segundo es Mirador, un cuento de apartados breves que admite cualquier orden de lectura sobre dos personas que sobreviven a un bombardeo y que escribí inspirado en unas fotos de Bogotá que me envió María Clara y un sueño que alguna vez Andrés me contó. Mirador fue inicialmente publicado en una versión hipertextual titulada La montaña había llegado y acompañada por las fotos de María Clara. Luego Enrique Vila Matas lo colgó también, en una versión lineal, en su sitio web (creo que nunca le agradecí el gesto). Después de esos dos han aparecido pequeños perfiles de fantasmas, historias breves sobre personas que no saben si están vivas, diálogos misteriosos que parecen ambientados en el primer período post-mortem que predice la teología de Swedenborg, etcétera. Como sea, durante el verano estuve pensando que ya era hora de darle cierre a esa serie. Y el cierre llegó, de la manera menos esperada, con la muerte de Mauricio. Supongo que este era un libro que hubiera querido leerle. No es un libro de relatos felices, casi todos son más bien lúgubres, pero yo no pensaba hacer concesiones de ese tipo con él. Soñé durante un rato con hacer una edición ilustrada. Laura se había ofrecido a hacer los dibujos. Quería que pareciera un libro para niños con historias oscuras, pero hacer algo así tomaría mucho tiempo y siento que Inframundo no puede esperar —no quiero escribir más sobre niños fantasmas por un rato—, así que, sin más largas, aquí está.

Como notarán, monté el libro en formato electrónico (epub y mobi). Los dispositivos de lectura son cada vez más populares y económicos (algúnos teléfonos móviles cuentan también con aplicaciones para leerlos) así que es el momento de empezar a explotarlo. Pienso que este es el formato ideal para este tipo de libros de relatos breves. Una edición en papel es costosa y su distribución muy difícil. Con el formato electrónico tengo control absoluto sobre la edición y distribución del libro y como nunca fue mi intención recibir dinero por estos cuentos, los ofrezco gratuitamente para descarga. De paso me sirvió para aprender a editar libros electrónicos (esto con el apoyo de René y Mauricio, los buenos muchachos de HermanoCerdo). Lo dejo ahí para que hagan lo que quieran con él. Un regalo, si quieren. “We need to invent beauty, search out some restoring force,” dice Don DeLillo. Esta edición de Inframundo es una de mis maneras de encaminarme en esa dirección.

Desastre desastre dentro de su corazón


La Cienaga, por Andrés Gualdrón

Who on earth would want to be in this boat?

This boat is a nightmare boat. Look where it goes: to a silver-and-white room where, just before your eyesight and hearing and your ability to touch or be touched disappear entirely, you must watch your child die.

— L. Moore, People Like That Are The Only People Here
(Mandatory reference on the present subject, of course.)

Ternura y desconsuelo, por Pedro Poitevin

Pedro me escribió desde Salem para contarme que había escrito un soneto (“ocho versos de ternura y seis de desconsuelo”) para Mauricio, pero que no me lo iba a enviar porque le parecía duro de leer. Le pedí que me lo enviara y aquí abajo está para que ustedes también lo lean. Hay tristeza, sí, pero el balance, como Pedro me dijo en su mensaje, está siempre a favor de la ternura y, yo agregaría, de la vida.

Niño de la piyama de elefantes
y de la ola de alegría suave,
en cuya diminuta mano cabe
el más tierno de todos los instantes.
Aurora cuya luz perdura, y que antes
de serlo fue canción, poema y ave.
Amor que desde vientre adentro sabe
lo que olvidan y aprenden los amantes.
No lo comprendo. No hay razón alguna
para que un niño como tú, tan puro,
se marche sin siquiera ver la luna.
Como tu muerte ha sido golpe duro,
no sé cantarte la canción de cuna
que yo te iba a cantar, Mauricio Arturo.

Viernes

Jueves

Dos abuelas sin su nieto duermen en la sala de mi casa. Una de las dos presenció con impotencia su partida. A la otra todavía le cuesta creer que no haya podido conocerlo. Hoy Mauricio Arturo cumpliría una semana de nacido. Habríamos ido con él a la estación de tren a recibir a mi mamá. Seguramente dormiría en este momento junto a mí. Hablaría, en esta entrada, del ritmo de su respiración y de sus gestos mientras duerme. Describiría sus manos. Mónica duerme a mi lado. Tiene la piyama que se puso en el hospital. Hace una semana regresé muy cansado a la casa más o menos a esta hora. Era el hombre más feliz de este planeta.

Memento

La habitación en el ala de maternidad donde Mauricio Arturo pasó sus primeros días tenía cuatro camas. Varias mujeres y sus niños pasaron por esas camas mientras Mauricio estuvo ahí. La primera noche llegó una mujer india que había tenido una niña prematura. Había perdido los tres embarazos anteriores y ahora su hija estaba en cuidados intensivos aprendiendo a respirar tras un parto por cesarea. La mañana siguiente, la primera mañana de Mauricio, la familia de la mujer llegó a visitarla. Estaban muy elegantes. Había varias mujeres y muchos niños. Tías y primos de la recién nacida, supongo. Los hombres aparecían menos. Se quedaban, por lo general, en la sala de espera adscrita al área de maternidad. Cuando los niños llegaron yo estaba en la cama con Mauricio. Mauricio estaba encima mío durmiendo y yo le cantaba cosas. Aunque teníamos cortinas que pretendían darle un poco de privacidad a cada cama, nosotros no las teníamos enteramente cerradas, así que los niños nos vieron y empezaron a asomarse. Creo que Mauricio les llamaba la atención, así que yo me paré de la cama, salí al área común de la habitación, donde ellos estaban, y les pregunté si querían verlo. Como se empezaron a acercar me arrodillé y los niños, uno a uno, se acercaron y le dieron besos de nariz a Mauricio. Recuerdo que una de las niñas tenía las manos untadas de crema (hay dispensarios de crema humectante por todo el hospital junto a los de jabón desinfectante) y la mamá le sostuvo las manos para que no tocara a Mauricio. Otro de los niños sí le tocó la mano. Algunos le tocaron la cara y luego acercaron la nariz. Varios me abrazaron a mí mientras besaban a Mauricio. Mauricio los miraba con esa fascinación intensa con la que miraba todo lo que pasaba a su alrededor. Yo me sentía orgulloso y feliz.

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Conversando con Mauricio Arturo, por Frank Báez

Mi compadre Frank, que anda de viaje por Argentina porque desde que se ganó el premio nacional de poesía de República Dominicana es un poeta famoso al que invitan a festivales, me envió este poema en un correo hoy. Yo me tomo ahora el atrevimiento de compartirlo con ustedes y de agradecerle a Frank y Giselle por todo el cariño que nos tienen aunque nunca nos hayamos visto.

Supe de tu muerte
cuando revisé
mi email en el aeropuerto
de Lima.

Solté un suspiro y recordé
dos zapatitos de lana que Giselle
había tejido y que ella llevaría
al correo para enviártelos.

Con los zapatitos
hay escrita una nota en que decimos:
de parte de tus tios dominicanos.

Pero a Giselle no le dio tiempo
de enviar el paquete
y sentado en el aeropuerto sentí
una tristeza y
pensé en esos zapatitos donde
nunca entrarán tus pies.

Hoy no me siento
para nada así.
Estoy en Buenos Aires
paseando por San Telmo y pienso
en que cuando llegue a Santo Domingo
voy a tocar los zapatitos y los tocaré
pensando en ti.
Y que al tocarlos sentiré que estas
ahí conmigo como esta tarde en que paseo
por San Telmo y he cargado contigo
como el aire que me llena
los pulmones.
Y has estado conmigo
por Belgrano y por Puerto Madero.
Incluso hasta cuando preguntaba
por una dirección a los argentinos y estos se alejaban
como temiendo que les pidiera dinero o los
atracara.

Ahora estoy sentado en un parque
no sé donde
de seguro estoy perdido.
Hay argentinos tomando sol
y hasta hay uno que fuma la pipa.

Escribo este poema y te siento tan dentro
de las palabras que comprendo que ese es el verdadero
significado de la poesía.

Te quiero, Mauricio,
hiciste muchísimo en estos tres días que estuviste
junto con nosotros.
Hasta pronto.

Miércoles

Despiertos desde muy temprano. Hablamos y lloramos. Unas veces yo, otras veces ella, otras veces más los dos. Luego volvemos a dormirnos y nos despierta el llanto. Dormimos con el kapibara san que compré en Tokio para Mauricio Arturo. Kapibara san estuvo junto a él mientras se iba. Huele a él. Mónica cargó a Mauricio cuando le dijeron que estaba a punto de morir. Tanta fuerza. Tanto amor. ¡Me siento tan débil ante ella! Entre ayer y hoy tomamos la decisión de viajar a Kyoto en noviembre para respirar y celebrar su cumpleaños. Estaremos doce días en Japón. Intentaremos ir al concierto de Flaming Lips en Osaka a cantar, una vez más, que “his name is Mauricio and he’s a black belt in karate“. A medio día Mónica fue con su mamá y su hermana a identificar el cuerpo de Mauricio en la funeraria antes de que lo llevaran al crematorio. Yo no pude/quise ir. Lo quiero recordar vivo. Estaba vestido con su piyama de elefantes y su gorro y sweater de lana que mi mamá le hizo. Tenía una mantita de vacas cubriéndolo y medias azules de animales marinos verdes. Tenía (y era) todos los colores. Así queríamos vestirlo siempre. Una trabajadora social recomendada por el obstetra nos llamó del hospital, nos acompañará en el proceso de duelo. También hablé con el cirujano que llevó el caso de Mauricio. Está muy preocupado por entender qué fue lo que pasó. Rodrigo me llamó desde Madrid. Santiago nos escribió desde una vereda en Buenos Aires de madrugada, conectado al internet de un bar cerrado. Amador desde Lyon. Rahim y Andy, desde Waterloo, enviaron flores. Hablé con mi tía Elena en Bogotá. Mercedes me envía canciones desde Nueva York. Janak juega Rock Band en Lisboa. Y Laura me acompaña desde Tsukuba. Tanta gente en tantas partes enviándonos fuerza y ánimo. Mauricio se fue pero cubrió al mundo de amor para todos. Esta noche mi mamá llegará a Montreal. Venía a acompañarnos durante su primer mes. Ahora viene para que estemos juntos y nos apoyemos en esta pesadilla horrible. Mañana, junto a mis primos, tomará un tren hacia London. A veces, por momentos, repiro, siento a Mauricio dentro de mí, y me lleno de calma. Este pequeño diario de anotaciones era para Mauricio y por eso, por él, debe continuar.

I thought there was a virtue in always being cool

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You would not think to look at him but he was famous long ago for playing the electric violin on desolation row


“Death is quite romantic”

He was a superhero

He redeemed me. He made me feel alive and real. He saved me from The Evil Machines. He is the most beautiful thing I have ever seen. He gave me the bestest and happiest two days of my life. He helped me to understand what I am. He taught me that I was not alone. He was My Reason and My Plan and will always be. As opposed to me, he was fucking strong. He was a real fighter. He wanted to live. He changed my world. He made it better, more colorful. He stared at me in a way nobody has. He had big bright brown eyes. I felt as if he just understood me and trusted me with no effort. He liked my voice and my songs. We were true friends. I was supposed to show him how things were outside, how The Game went, that was my self-appointed mission, but we did not have time for that. He sucked the tip of my nose, though. He also touched the scarce beard I grew for him to play with. Alas, I could not teach him how to make a banana shake. We tried to escape from the hospital together to see the world but the security alarm went off at the elevator and we were captured and sent back to the room. We stood by the window at the hospital and I showed him the woods and the sky. I told him that one day I would take him up there, to the stars. I just had to love him. I felt a primal urge to love him. He was hermoso. Now I have too much love within me and my little superhero, the source and natural target of all that love, is gone. He was my joy and this is my sadness. This is Sadness and Pain. I would have done anything for him. I would have given away my own life. Twice. He will not be remembered because there is not need to remember: he is still with us. He will never leave us. He is in the air (“in between molecules of oxigen and carbon dioxide”). He is everything that is beautiful and good. And the universe is full of beauty, goodness and wonder; he was a living proof of that. Therefore, he surrounds us. He is right here. He covers us. We have to give love and value life, that was his lesson to me. He will take good care of all of us. He made that promise to his amazing mother before he took off. He will hold to that promise, I am sure. He was made of everlasting Happiness and Love.

Love must go on

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Domingo

El día más triste de la vida.

Lullaby For The Cat, por Elizabeth Bishop

Minnow, go to sleep and dream,
Close your great big eyes;
Round your bed Events prepare
The pleasantest surprise.

Darling Minnow, drop that frown,
Just cooperate,
Not a kitten shall be drowned
In the Marxist State.

Joy and Love will both be yours,
Minnow, don’t be glum.
Happy days are coming soon—
Sleep, and let them come…