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medicina

Alergia

No me acuerdo qué era lo que quería escribir cuando abrí el computador con el propósito de escribir algo que se me había ocurrido. A veces toma segundos perder por completo una idea que sonaba prometedora. Esto me hace dudar, claro, de su promesa. En estado idea todo suena mejor que al intentar concretar. En algún momento, en medio del proceso de hacerlo real, se disuelve el entusiasmo al contacto con el aire. Ayer intercambié mensajes con Nadya, lo que siempre me deja de buen ánimo. Ella me manda grabaciones y yo devuelvo párrafos de texto. Así nos entendemos, todo muy moderno. Creo que nunca me sentiría cómodo dejando mensajes de voz largos como los que ella me deja. No sabría explicar por qué. No tengo una buena relación con mi voz. Creo que es algo generacional. Los últimos días un calor majadero se tomó la ciudad pero parece que ya mañana se va y regresan las temperaturas que permiten el desarrollo de la vida. El otoño contiene los mejores días del año en cuanto a eso en general. Ojalá que no lo perdamos con los cambios del clima.

A raíz de la rinitis crónica que cargo desde la infancia mi médica recomendó tomar un examen de alergias así que el lunes fui a que me lo hicieran. Resulté alérgico a los bichos que cabalgan el polvo y también, en menor medida, a las cucarachas. La primera alergia siempre la había sospechado y la segunda me parece apropiada. Me recuerda una masacre de cucarachas que ejecuté en el apartamento de Barcelona el día que descubrí que había un nido dentro del motor de nuestra licuadora y a punta de golpes del motor contra el mesón con la mano izquierda las hice salir por decenas mientras con la mano derecha, usando copiosas toallas de papel, las aplastaba antes de que pudieran huir. Una escena horrible, de pesadilla. Ahora pienso que además estuve cerca de un shock anafiláctico de carambola. Habría sido un gran cierre para ese espectáculo grotesco. Maté cientos.

Otra cuerada

El único evento en el que ha participado el “Parque” de Raúl Cuero es una Conferencia Internacional de Biología Integrativa celebrada en agosto pasado en Las Vegas. Cuando Cuero dice que el “Parque” tiene publicaciones, se refiere a resúmenes de charlas de ese evento (Explicación: por lo general, los resúmenes de charlas de un evento no son considerados publicaciones académicas pues no hay revisión de pares). En la página del “Parque” donde anuncian su participación, se afirma que Mahendra Rao, el director de Centro de Medicina Regenerativa del NIH, asistió. Como es fácil constatar en el programa del evento, Rao no asistió. Sólo es mencionado como miembro del comité organizador. Pero esto es altamente sospechoso pues el evento es organizado por OMICS. ¿No les suena OMICS? Ya los presento.

OMICS es una empresa basada en India que se dedica a montar congresos y revistas para cobrar plata a asistentes y autores desesperados por avanzar como sea en el mundo científico. Su negocio se basa en aprovechar la presión que tienen los científicos por publicar. Ofrecen una forma relativamente sencilla (pero costosa) para inflar la hoja de vida con artículos y charlas en congresos. Aunque generalmente se especializa en estafar incautos, también hay avivatos ocasionales que usan sus servicios para engañar a otros. Dentro del medio académico no tiene credibilidad alguna. Hace un año largo hubo varios artículos en Nature y otras revistas denunciando las prácticas de OMICS. Estas incluyen la mención de científicos famosos e instituciones reputadas para legitimar eventos y publicaciones y dudosos sistemas de revisión de artículos con tarifas de hasta tres mil seiscientos dólares por artículo aceptado. También han sido acusados de promover seudociencia y usar tácticas de marketing engañosas.

De tal nivel es la farsa que en abril de este año el departamento de salud y servicios humanos (DHHS) del gobierno de Estados Unidos exigió a OMICS en una carta que desista de mencionar “el nombre del NIH, sus institutos, PubMed Central, o los nombres de empleados de NIH de forma erronea o engañosa”. Aparentemente los muchachos de OMICS tienen la maña de nombrar sin su autorización ni conocimiento a empleados de importancia de NIH (e.g., directores de centros de investigación) como organizadores/asistentes a eventos o editores de sus publicaciones para acreditar reputación. En la carta del DHHS también se menciona la decisión de la Biblioteca Nacional de Medicina de abstenerse de listar publicaciones de OMICS en PubMed (la base de datos de publicaciones médicas por excelencia).

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Los asistentes a la conferencia de OPICS en Las Vegas. Raúl Cuero en el centro.

En resumen, la única conferencia a la que Cuero lleva a sus “jóvenes inventores” a presentar sus famosas patentes (tal vez para siempre pendientes) es un evento organizado por reconocidos estafadores y promotores eximios de mala ciencia. No debe sorprendernos que Cuero mismo haya sido uno de los conferencistas principales y, como “invitado de honor”, su foto aparezca en la portada de la página del evento.

Adenda: Un artículo sobre la máquina de hacer parques etéreos que montaron Cuero y sus socios.

Parábola de la quinina

Los incas usaban la corteza de la quina (no me queda claro si la quina es la corteza o el árbol o ambos) cortando el amargo en agua endulzada (lo que ahora se llama tónica) para tratar la malaria. Los conquistadores españoles aprendieron e importaron la quinina a Europa. Esta importación fue instrumental en la colonización europea de África, hasta entonces imposible gracias al blindaje sanitario de las temibles enfermedades tropicales.

No sé cuál sea la moraleja.