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Anticipación

Estaba pensando esta mañana en escribir una historia, o tal vez el capítulo de una historia, desde la perspectiva de un personaje que recuerda el futuro inmediato: lo ve llegar y lo reconfirma con cierta decepción, siempre a la expectativa de una sorpresa, de una señal que lo guíe por fuera de la tristeza de lo predecible; déjà vu acentuado hasta el hastío. Esto ha sido probablemente ejecutado antes y en muchas formas distintas (un ejemplo notable y el más cercano a lo que busco que se me ocurre: el personaje de Duncan en MIND MGMT de Kindt), pero no recuerdo ninguna donde se enfatice lo suficiente la claustrofobia de saberse determinado y por tanto vacío. Aunque somos máquinas anticipadoras tengo la sospecha de que nos motivan igualmente las divergencias que rompen cualquier sentido de lo esperado. De ahí la pulsión por las incertidumbres de la experimentación, el riesgo y la aventura.

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Hoy en el bus al hospital pensaba que el tiempo distancia a las personas mucho más que el espacio. Es imposible volver intacto de un para siempre. La rigidez del tiempo defiende a los nostálgicos (o sea a todos) de la decepción del regreso a lo que ya no es.

Nápoles

Pensé en escribir un cuento largo sobre el viaje con mis papás y mi hermana al Zoológico-Hacienda Nápoles, de propiedad de Pablo Escobar, por allá en mil novecientos ochenta y algo (¿dos?). Creo que fue el último viaje que hicimos juntos. Probablemente hubo más encuentros pero en mi memoria fue la última vez que fuimos dos papás con dos hijos que hacen cosas, como en las familias de las películas. Mi siguiente recuerdo de un encuentro cordial fue en dos mil uno, cuando mi hermana se graduó de la universidad y fuimos a almorzar. Ahora todos vivimos en dimensiones distintas. Dudo que volvamos a reunirnos otra vez.

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Toda narración de memorias infantiles es tendenciosa. El niño narrativo de seis años es impostura e idealización porque su sistema interpretativo está apenas en desarrollo. Todo tiene sentido, pero la noción de sentido es todavía vaporosa. Las conexiones semánticas son mucho más laxas. En la memoria subsisten apenas las interpretaciones fragmentadas de la vivencia. No hay narración ni moralejas. De cierta manera no hay realidad. Su reinterpretación a treinta años altera (pervierte) el registro original hasta convertir al niño narrativo en médium voluntarioso de su adulto ulterior, ya entrenado para entender de acuerdo a sentidos y significados establecidos, atrapado para siempre en el paso normatizado del tiempo.

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En lugar de un cuento largo, colección breve de recuerdos y anotaciones dispersas (lo único que me puedo permitir últimamente): en Puerto Triunfo, el día que compramos (¿se compraban?) las boletas para entrar al zoológico, cae nieve sobre el carro mientras esperamos nuestro turno. Parece un pueblo de juguete, de casa blancas, desértico, y cae nieve (aunque también hace sol). Hay un murciélago agonizante sobre la cama de mis papás. El ventilador lo desmembró. Sangre por todos lados. Las ventanas del Fiat no se abren. Un elefante mete la trompa por una hendidura en la ventana y toca a mi hermana. Mis papás no existen, no realmente. Están ahí pero apenas como apoyo decorativo y logístico. Su viaje era distinto al mío. Es un viaje que imagino triste y final. Tenían treinta años. Llevaban cuatro separados. Mi viaje era feliz. El murciélago en la sábana ensangrentada amarrada como una bolsa. Los avestruces asaltan el Fiat. Mi hermana llora. Un león a lo lejos, al final del recorrido. Aviones viejos emplazados a la orilla de la carretera. El hostal donde dormimos se llama Los Colores. Casas de techo colorido encajadas en una colina. Hay algunas fotos. A veces sueño que vuelvo a ese hostal y sigue ahí pero está abandonado.

Proyección

La interacción del fantasma con el mundo vivo es modulada a través de una proyección de lo vivo en lo muerto. En tanto que proyección, es falsa, producto perverso de su propia nostalgia. El tormento del fantasma radica en su incapacidad para emerger de la proyección, que lo atrapa en sus remordimientos y le impide continuar su camino hacia el estado de calma y ausencia de dolor comunmente conocido como Satori. Su contacto con el mundo vivo es un sueño dentro de sí mismo. Mientras que el fantasma habite la proyección, su memoria persiste. Esto le impide acceder a una muerte plena. Su condición fantasmal es el castigo que merece por negarse a aceptar la inexistencia del pasado.

(clic)

Asterios Polyp: un esquema-reseña

Domingo y lunes

Día de cambio de hora. Ahora amanece más tarde. Desayunamos en Family Circle, un típico desayunadero canadiense con perversiones griegas debidas a la proveniencia de sus propietarios. Me comí una omelete con verduras y souvlaki. Estaba bien pero prefiero mis huevos benedictos. Luego de que Jana, Clif y Lorelei se fueron para Hamilton, Mónica salió a trabajar. Yo estuve toda la tarde dedicado a la preparación de mi charla. Me acosté a la una y me levanté a las seis. Estoy en el tren ahora, acabo de revisar la presentación y luce bien. Llena de imprecisiones con propósito didáctico, pero bien. Por la noche comimos pollo korma y pakoras. Durante el desayuno en Family Circle hablamos de los primeros recuerdos. Lorelei podría tener su primer recuerdo, su primera noción permanente de identidad, en cualquier momento. Debería existir una teoría psicoanalítica que asociara primeros recuerdos con rasgos de personalidad. El primer recuerdo de Jana es alrededor de los nueve meses. El hermano, creo, hacía algo en el patio y Jana intentaba imitarlo pero no podía: el hermano le decía que lo estaba haciendo mal. Clif, por su parte, recuerda el día que descubrió que, agarrándose de una manta que cubría el sofá, podía pararse y dar pequeños pasos. Yo recuerdo la caída de un televisor y la consciencia terrible de que era mi culpa (aunque no era mi culpa). Mónica recuerda que estaba en el Huila y alguien le decía que las hojas de un árbol, si se dejaban al sol, se convertían en sapos, entonces ella recolectaba algunas hojas, las ponía en la terraza de la casa y se sentaba a esperar.

Time heals

I don’t miss him anymore. Most of the time, anyway. I want to. I wish I could but unfortunately, it’s true: time does heal. It will do so whether you like it or not, and there’s nothing anyone can do about it. If you’re not careful, time will take away everything you have ever lost, and replace it with knowledge. Time is a machine: it will convert your pain into experience. Raw data will be compiled, will be translated into a more comprehensible language. The individual events of your life will be transmuted into another substance called memory and in the mechanism something will be lost and you will never be able to reverse it, you will never again have the original moment back in the uncategorized, preprocessed state. It will force you to move on and you will not have a choice in the matter.

—Charles Yu, How to live safely in a science fiction universe