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Bethlehem - Yuval Adler

Anoche fui al cine del barrio a ver Bethlehem, de Yuval Adler. Andrés conoció a Adler en alguno de sus grupos de apoyo y oración (aparentemente Adler antes de ser director de cine se dedicaba a la fenomenología, o todavía se dedica y el cine fue una pausa creativa) y me había hablado de la existencia de la película desde cuando empezó a sonar en festivales en septiembre del año pasado. Me sorprendió que llegara por acá. Le debió ir bien en Toronto.

Bethlehem, un thriller de acción más que digno que termina en una coma aterradora, se centra en la relación entre Razi, un agente de inteligencia israelí, y Sanfur, un muchacho palestino de diecisiete años que sirve de informante a Razi en Belén y cuyo hermano mayor, Ibrahim, es miembro prominente de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa. Aunque la relación entre los dos es amistosa cuando no casi familiar el objetivo de Razi es utilizar/manipular a Sanfur para desarticular (o eliminar) al grupo de milicianos comandados por Ibrahim. Cuando el grupo de Ibrahim ejecuta un atentado en Jerusalén la presión sobre Razi para exprimir a Sanfur aumenta. Más aún después de que se descubre (todo esto pasa al principio de la película) que Sanfur le sirvió a Ibrahim como correo de la plata para financiar el atentado. Esas son las condiciones iniciales de la narración.

A partir de ahí el sistema propuesto se alimenta de los ciclos de mentiras y traiciones a varios niveles que se acumulan en cada uno de los nodos que articulan el conflicto: los milicianos palestinos se mienten entre ellos (los brigadistas, Hamás y los políticos de la autoridad palestina luchan por el control de los territorios y la naturaleza y términos de la confrontación con Israel), Sanfur le miente a Razi (para proteger a su hermano), Razi le miente a Sanfur (para obtener información) y también a sus superiores (para proteger a Sanfur). Los humanos inventamos el lenguaje para poder mentir, le dice Razi en una conversación a un informante a modo de santo y seña. No hay forma de que ese juego termine bien.

Gideon Levy, que siempre suena bravísimo, escribió un comentario duro sobre la película en Haaretz acusándola de ser propaganda israelí prácticamente diseñada por Mosad (aquí una respuesta a Levy). Para Levy la película refuerza la representación de Israel como una víctima de los bárbaros palestinos, una raza de traidores naturales. Desde mi distancia inmensa, sin embargo, creo que la película (escrita a cuatro manos entre Adler y Ali Wakad, un periodista palestino) hace un esfuerzo notable por ofrecer una perspectiva amplia de las perversiones del conflicto, enfatiza las similaridades de todo tipo entre palestinos e israelíes (y por ende la artificialidad de las supuestas diferencias esenciales entre los dos pueblos que imposibilitan su convivencia), y no parece particularmente alineada con ninguno de los bandos armados. Si acaso, sugiere que las dinámicas que dominan en este momento la relación entre Israel y Palestina constituyen un callejón con salida directa al abismo.

Compliance

Mi experiencia de Compliance fue determinada seriamente por el efecto del pastorcito mentiroso. Me explico: estamos tan acostumbrados a ver películas “Basadas en la vida real” donde los guionistas toman libertades para convertir la historia en una trama digerible y comercializable que cuando encontramos una película que se toma esa premisa en serio, cuando de verdad se ciñen a lo que pasó incluso si lo que pasó es absolutamente inverosímil/incomprensible, nuestra primera reacción es dudar de la capacidad de los guionistas para ofrecernos esa papilla regurgitada a la que estamos acostumbrados. Como consecuencia, ver la película se convirtió en un conflicto constante entre mis expectativas narrativas y la inverosimilitud brutal de la historia real. Me tomó más de dos tercios de la película entender que era improbable que un equipo de guionistas razonables (que estrenan películas en Sundance) montaran un guión sobre una situación tan absurda sin que ese absurdo no fuera sino un retrato (casi) exacto de algo que había pasado en realidad (recomiendo seguir el enlace sólo después de ver la película). La advertencia al inicio (GIGANTE) no bastó.

Una vez asumí consciencia de la inevitable realidad de lo que pasaba, Compliance se volvió una película devastadora. Todavía no sé qué pensar de lo que cuentan ahí.

Malvada inteligencia

¿Y si la inteligencia surgió como una adaptación para aventajar al prójimo principalmente por medio del engaño?:

The more that I think about the role of human intelligence, the more plausible it seems to be a political adaptation. Intelligence is for lying, and lying well. Human intelligence it seems to me would have evolved from centuries of horror and betrayal – a sociopathic impulse to simulate loyalty for the purposes of naked exploitation. Perhaps this is why, to quote John Lennon “They hate you if you’re clever, and they despise a fool”. Intelligence makes people suspicious.

Altura

En su columna de ayer, Nicolás Uribe propone que el debate al respecto de la penalización del aborto se lleve a cabo con altura.

Por desgracia, la columna donde Uribe ofrece sus supuestamente elevados argumentos es un mosaico de imprecisiones y afirmaciones sin sustento. Una de las poquisimas afirmaciones (tal vez la única) para la que brinda una referencia más o menos explícita es la siguiente:

[…] resulta probado que el aborto legal es hasta tres veces más peligroso que el parto (American Journal of Obstetrics and Gynecology).

Ayer dediqué un par de horas a encontrar su fuente. A continuación lo que descubrí.

No costó mucho trabajo notar que Uribe citaba textos de propaganda a favor de la penalización donde se afirmaba lo mismo con exactamente la misma referencia escueta a una revista (sin año, sin nombre del artículo, etcétera). Por fin, tras profundizar un poco más en la maraña de vínculos, descubrí en este lugar la referencia a la que se atribuye la afirmación. Es un artículo sobre mortalidad femenina en Finlandia durante el primer año tras un embarazo. Aquí está el PDF. El artículo estudia los casos de mujeres muertas en Finlandia durante el año que siguió a un embrazo que pudo terminar en parto o aborto (tanto inducido como espontáneo). Hay 419 casos en 13 años (de 1987 a 2000). En Finlandia el aborto es legal bajo cualquier circunstancia (dentro de ciertas restricciones de tiempo razonables) y por ende prácticamente todos los abortos son seguros en el sentido de que son realizados por personal médico especializado en condiciones adecuadas. También vale la pena aclarar, antes de entrar en detalles, que Finlandia cuenta con los niveles educativos más elevados de Europa y con programas de salud sexual y reproductiva de altísimo nivel. Ahora miremos de dónde sale la afirmación de Nicolás Uribe: en la quinta página del artículo se lee lo siguiente:

Women who underwent an induced abortion had a pregnancy-associated mortality rate from natural causes that was one third higher than that of women who had given birth.

Lo que más o menos parecería darle la razón (como anota un comentarista abajo, “one third higher” no es lo mismo que “tres veces más”). Sin embargo, el artículo prosigue:

These deaths included both terminations in early pregnancy (indicating most often an unwanted pregnancy) and in late pregnancy (included practically all cases for medical reasons). After excluding all terminations for medical reasons, the pregnancy-associated mortality rate from all natural causes declined from 22.3 to 15.9 per 100,000 induced abortions, a rate lower than the mortality rate after a birth.

¿Explicación? Como ya dije, el artículo estudia los cuatrocientos diecinueve casos de mujeres muertas durante el primer año tras un embarazo ya sea terminado en parto o en aborto. Como en Finlandia las mujeres cuentan con amplia información sobre anticoncepción, buena parte de las mujeres que inducen un aborto lo hacen por causas médicas. Debido a esto, en el estudio se concluye que las mujeres que abortan (en Finlandia) tienen una tasa de mortalidad (tres veces) más alta durante el primer año tras terminar su embarazo (¡tenían problemas médicos para empezar!). Sin embargo, una vez se excluyen las mujeres muertas que abortaron por causar médicas, la tasa de mortalidad de las mujeres que abortan (en Finlandia, no olvidemos esto) es menor que la de las mujeres que concluyen su embarazo en un parto. Mejor dicho, si se quisiera utilizar este artículo como herramienta en una discusión sobre la peligrosidad del aborto, el artículo claramente asegura que en circunstancias normales hay más riesgos asociados al parto natural que al aborto temprano para terminar un embarazo no deseado. Pero por supuesto esto sería casi tan tendencioso como la afirmación flagrantemente falsa y descontextualizada de Uribe. El contexto del artículo es demasiado preciso para sacar conclusiones apresuradas más allá de dejar bastante claro que Uribe nunca lo leyó (y tal vez ni conocía su título).

Personalmente pienso que en el debate al respecto de la penalización del aborto los puntos de vista a favor y en contra más fuertes y valiosos provienen no de la ciencia, como intenta sugerir fallidamente Uribe, sino de la reflexión moral (aquí un texto muy valiente de Aleyda al respecto) y/o desde la salud pública. En particular, tienen que ver con la relación entre la mujer embarazada y el niño (en desarrollo, si se quiere) que lleva adentro, así como con la incidencia del aborto en la sociedad. En mi opinión este es un debate muy serio. Es necesario con urgencia llegar a acuerdos que tomen en cuenta no sólo nuestras percepciones morales personales y compartidas sino las estadísticas reales de abortos clandestinos. Asímismo necesitamos implementar políticas públicas que reduzcan, como se ha logrado en Finlandia, la necesidad de abortar salvo en casos excepcionales. No creo que artículos mentirosos como el que publicó Uribe (aquí sólo exploré una de sus afirmaciones, la que única que semi-referenciaba burdamente (¡No me quiero ni imaginar los argumentos que sustentarán las otras!)) contribuyan significativamente a mejorar la calidad (¡y altura!) de este importante debate público.