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No había leído este ensayo brutal de Thomas Frank en The Baffler sobre el estado de la educación superior:

What can I add to this dreadful tale? That it continues to get worse, twenty years after it began? Is there anything new to be said about the humiliation that the lumpen-profs suffer at the hands of their so-called colleagues? Can I shock anyone by describing the shabby, desperate lives they lead as they chase their own university dream? Will it do any good to remind readers how the tenured English dons of thirty years ago helped to set the forces of destruction in motion simply because producing more PhDs meant a lighter workload for themselves?

El ensayo es sobre el sistema de educación superior gringo, pero como ese es el referente en Latinoamérica las críticas son al mismo tiempo llamados a la cautela para esos procesos de imitación de todo lo que se hace en Estados Unidos.

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Matones patentes

La columna de hoy describe (muy) a grandes rasgos el desastre que han desencadenado dentro de la industria tecnológica gringa las patentes de software. El dato sobre el gasto de Google y Apple el año pasado que menciono proviene de un artículo reciente en el New York Times. Esta es la cita completa:

In the smartphone industry alone, according to a Stanford University analysis, as much as $20 billion was spent on patent litigation and patent purchases in the last two years — an amount equal to eight Mars rover missions. Last year, for the first time, spending by Apple and Google on patent lawsuits and unusually big-dollar patent purchases exceeded spending on research and development of new products, according to public filings.

El año pasado un intento de reforma del sistema de patentes se hundió en el congreso. Aquí un buen reportaje de lo que pasó, con intrigas y trucos sucios al por mayor. También el año pasado, This American Life dedicó un programa entero al asunto. Vale muchísimo la pena. Este artículo largo (pdf) de Michele Boldrin y David K. Levine para el Banco de la Reserva Federal de St. Louis presenta a detalle el problema (con análisis económicos y demás juguetes) y al final propone abolir el sistema de patentes del todo, sin compasión. Para terminar la lista de enlaces, un cómic coincidencialmente publicado el jueves en Saturday Morning Breakfast Cereal que ilustra el absurdo a la perfección.

Algo que no dije en la columna (y que tal vez debí) es que el matoneo se ha extendido del software a otras industrias, como la biotecnología. (El caso de las farmacéuticas es otro universo completo, por cierto.) Esto es particularmente relevante en el caso colombiano, ya que el TLC firmado con Estados Unidos contemplaba, hasta donde sé, compromisos para el país con respecto a patentes de este tipo. Cuando entienda bien cuáles fueron estos compromisos (pp. 15-17) tal vez vuelva sobre ello en otra columna.

La empresa de la patente de la agenda para reuniones que menciono en la columna es Microsoft. Pero, siendo justos, si lo que hizo Microsoft en su momento se compara con las gracias actuales de Apple y Google en cuanto a patentes y abusos legales en general, Microsoft es un angelito.

Martes

Mónica regresó al laboratorio a trabajar por la mañana. Quiere dejar en marcha un par de experimentos durante la breve licencia que tomará tras el parto. A medio día tuvimos cita con el obstetra. En esta ocasión nos atendió una residente joven, de ascendencia colombiana, que no sabía español. Es triste que pasen cosas así. La conclusión del examen es que todo está en orden e incluso hay un par de centímetros de dilatación. No se puede decir mucho más. Mañana Mauricio cumple las cuarenta semanas reglamentarias de gestación. De acuerdo a las políticas del hospital tiene diez días exactos para salir por su cuenta y con los brazos en alto. Otherwise, he will be (oxytocin) shot. Luego de regresar del hospital fuimos a hacer mercado. Creo que es el mercado más grande que hemos hecho desde que llegamos a esta ciudad olvidada del demonio. Angélica quería un queso que supiera a queso de verdad. Dadas sus propuestas, sospecho que ella no sabe qué es un queso de verdad. La oferta de quesos canadiense me deprime. Nunca pensé que me convertiría en un esnob del queso.