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Comentarista

Notas

Alguien comenta y subraya los artículos de los periódicos de la cafetería del barrio. El comentarista es aguerrido y pendenciero, con una clara alineación hacia la izquierda. Suena como alguien comprometido y educado. Muchas de sus notas son respuestas sarcásticas a la posición más bien complaciente del periodista con el establecimiento cada vez más conservador. Hace un par de años que reviso los periódicos de la cafetería buscando sus notas. Usualmente tiene buen ojo para detectar los artículos que vale la pena leer. Hasta hoy no sabía quién estaba detrás. Era un misterio que jamás pensé que podría resolver.

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Cuando nos sentamos la señora saludó a Laia sonriente y siguió leyendo el periódico. Cuando se fue me preguntó cuántos meses tenía Laia y después de que le respondí llevó su copia del periódico al mesón donde está el azúcar. No pude aguantar y me apropié de ella. En un artículo sobre los niveles de mercurio en cuerpos de agua cerca de los yacimientos de arenas de petroleo (la nueva gran riqueza canadiense) escribe: “Water is an absolute necessity for life. If we foul this essential resource, we are too stupid to live”. Bajo el título de un artículo sobre la solicitud de inmunidad ante la corte penal internacional para líderes africanos mientras están en el poder, escribe: “Why? They are failing the populace and victims of egregious, inhuman overlords”. Más abajo, le da la razón con un “Indeed!” a Desmond Tutu cuando dice que “those who seek to evade the international court are effectively looking for a licence to kill, maim and oppress their own people without consequence”. Hace sus anotaciones con cuidado y se nota que relee los artículos que le interesan varias veces. Sigue su lectura con el bolígrafo y enmarca párrafos. También comenta las cartas de los lectores. Antes de irse entró al baño. Después caminó hacia la salida de la cafetería, bajó el escalón agarrándose del marco de la puerta y se alejó despacio por la calle Craig, con su bolsa de tela en una mano. No tuve el coraje para confesarle que era un fanático de sus notas.

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Viernes (Números)

Nadie durmió. Ni siquiera los gatos. Es el miedo. Vimos televisión toda la noche. Primero series policiacas con muchos cuerpos descompuestos y luego ese programa de la persona que lee números en desorden para asegurarse de que hay alguien ahí, atento. No sabemos si es una mujer o un hombre. Tenemos varias apuestas al respecto. El programa no se inicia ni se termina formalmente. Da la impresión de continuar mientras no es transmitido aunque supongo que la persona debe tener períodos de descanso para comer e ir al baño. O tal vez son varias personas exactamente iguales que toman turnos. La tecnología de la clonación humana está mucho más avanzada de lo que reconoce la ortodoxia científica. Todo el mundo sabe eso. De ahí los laboratorios en islas artificiales, el culto de Los Eternos, y esas noticias frecuentes de los muertos que regresan sin memoria. Los números se acumulan. A medida que los dice cruzan la pantalla a velocidades variables y se van acomodando en una pila cuyo tamaño de fuente se reduce a medida que la pila crece. Algunos números son negros y otros son rojos. En la sesión de anoche hubo apenas siete números rojos. Generalmente son más. Siempre hay más negros, los rojos son especiales, los acompaña con una entonación distinta, más alegre, pero la proporción nunca es tan desigual. En dos horas de transmisión, la persona, que nunca mira la cámara y parece estar sentada en una silla rígida particularmente incómoda, alcanza a leer dos mil números. Hace pausas entre cada cifra y también cuando cambia de página o toma un sorbo de agua de una botella de vidrio sin marca. Nunca la he visto superar el número cien mil, pero hay historias que se cuentan entre los seguidores más fieles de números larguísimos, todos rojos. Durante un tiempo pensé que era parte de algún código, que quería transmitirnos un mensaje, todo el mundo piensa eso ingenuamente la primera vez, pero ahora creo que es posible que sea algo más serio y profundo, algo que debería preocuparnos más allá del morbo de saber de qué se trata. ¿Un índice? ¿Un conteo? ¿Una rifa? ¿Un bingo? El viejo dice que cuando la transmisión se detiene en nuestro canal continúa en otros canales u otros lugares. Nunca se detiene de verdad. Él, por ejemplo, la encontró alguna vez a las cuatro de la madrugada en Disney Channel, pero entonces era animado. Alguien más, no recuerdo quién, pude haber sido yo mismo, me dijo que vio a la persona leyendo los números a la entrada de un centro comercial hace algunos años, antes de la guerra. No había cámaras por ningún lado.