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moralidad

Malvada inteligencia

¿Y si la inteligencia surgió como una adaptación para aventajar al prójimo principalmente por medio del engaño?:

The more that I think about the role of human intelligence, the more plausible it seems to be a political adaptation. Intelligence is for lying, and lying well. Human intelligence it seems to me would have evolved from centuries of horror and betrayal – a sociopathic impulse to simulate loyalty for the purposes of naked exploitation. Perhaps this is why, to quote John Lennon “They hate you if you’re clever, and they despise a fool”. Intelligence makes people suspicious.

El campo de batalla es nuestra alma

En tanto que cimentada en las enseñanzas del Verbo hecho hombre, el satanismo quiere destruir nuestra civilización. Ese es su propósito. Sus asaltos regulares a través de la infiltración de discursos filosóficos, espirituales, artísticos y políticos diversos como la fenomenología, el budismo, el posmodernismo y el liberalismo tienen el propósito de alejarnos de HaShem, proponiendo en su reemplazo cultos vanos a la sustancia, la riqueza material, la experiencia subjetiva, la humanidad y el placer. La veneración del estos vacíos complace al maligno y lo engrandece. Nuestra proclividad a la autosatisfacción nos condena a la perdición.

Racionalización de la frustración

This Guy — Drew Young
Drew Young, This Guy

Entonces creo que lo que pasa es que cada persona tiene su sentido particular de trascendencia pero es incapaz de reconocer que ese sentido está diseñado para adaptarse a sus propias posibilidades físicas y psíquicas y es por ende intransferible a otros, lo que lo convierte en un parámetro pésimo para juzgar las expectativas y propósitos de los demás. Uno de los errores de las religiones establecidas consiste en pretender que cada persona renuncie a su sentido particular de trascendencia o por lo menos lo adapte para que sea diligenciable en un formato genérico de salvación. Esta pretención de las religiones envuelve a sus practicantes/consumidores en estructuras mentales represivas cuyo única utilidad es asegurar que su sentido particular de trascendencia no recobre control de la historia que el individuo cuenta con sus acciones, pensamientos y decisiones. Digo “cuenta” porque asumo que la experiencia de la existencia es indistinguible de su narración subconsciente (noción discutible pero que estoy dispuesto a defender), gracias a la cual la sucesión de eventos gana progresivamente significado y también valor. Así, al adoptar sentidos de trascendencia ajenos o peor aún genéricos cedemos autonomía sobre no sólo nuestra vida sino la interpretación íntima y extensa que requerimos para creer que con cada parpadeo continuamos siendo el mismo y el futuro nos pertenece, así sea en una manera puramente local. Por lo general, la negación de nuestra singularidad y asimilación (necesariamente fallida) de expectativas externas se opone a nuestra consolidación emocional.

Juegos

Juguemos a que todo está bien y las personas con quienes nos cruzamos están vivas y sienten cosas que son independientes de nuestros propios sentimientos y percepciones. (You are a splendid butterfly.) De hecho existen incluso cuando abandonan nuestro rango de interacción. (It is your wings that make you beautiful.) Aceptemos la posibilidad de que sus motivaciones no nos involucren ni sirvan a las nuestras. (And I could make you fly away.) Reconozcamos que nuestras acciones pueden afectarlas emocionalmente aún si esa no es nuestra intención. (But I could never make you stay.) No nos pertenecen ni controlamos lo que son, no importa lo que sugiera la evidencia.

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Sábado (Lumet)

Se murió Sidney Lumet. Hacía unas películas que me atormentaban mucho basadas en proponer disyuntivas éticas complicadísimas y medio imposibles de resolver sin tener que reconstruir desde escombros media estructura moral propia. Para católicos apóstatas llenos de culpas, cobardías y angustias como yo eso es casi cine de terror. El heroísmo, para Lumet, exigía ser consecuente. No había grandes premios al final más allá de cierta satisfacción por haber hecho lo correcto y no haber renunciado pese a la magnitud de la amenaza. La redención era una necesidad constante y presente, no una promesa. Los riesgos del héroe eran inmensos y en más de una ocasión sucumbía, pero incluso en el fracaso el héroe era admirable por su fidelidad a sus principios. Lumet no era un director de grandes ideas sino de preocupaciones inmensas, terribles. En sus películas había que tomar decisiones dolorosas y luego vivir con ellas. Los héroes de Lumet no vencían a sus monstruos. Su valentía consistía en negarse a ignorarlos, en señalarlos, o incluso en rendirse ante ellos sin jamás perder la conciencia de que estaban ahí. Nunca hay certezas. Todo siempre puede salir peor. Renunciar a la esperanza, empero, no es una opción.

You’re beginning to believe the illusions we’re spinning here. You’re beginning to believe that the tube is reality and that your own lives are unreal. You DO whatever the tube tells you: you dress like the tube, you eat like the tube, you raise your children like the tube, you even think like the tube. This is mass madness, you maniacs. In God’s name, you people are the real thing, WE are the illusion.