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muerte

마더

¿Cuando se exige justicia qué se exige? Castigo, tal vez, o reconocimiento de culpas. O de pronto una compensación a quienes fueron afectados. Muchas veces, sin embargo, lo que el ansioso de justicia quiere es que le otorguen la razón y su verdad particular sea de repente la de todos. La justicia oficializa y fija una narrativa que idealmente corresponde a lo que pasó pero que en realidad sólo lo establece por decreto. Por eso a veces es injusta. Por eso no siempre es conveniente. La mentira, la manipulación y el olvido pueden ser preferibles, más cercanos a lo verdadero y deseado.

마더 Madeo Madre
Nadie conoce mejor a sus hijos.

Asesinos

Lo que Sergio no cuenta es que una vez mató a un animal para comérselo. Un animal que, además, le sirvió fielmente durante varios meses. Era 1993. Teníamos codornices en el patio. Las teníamos por los huevos. Tal vez haya fotos por ahí. Las compramos pequeñas. Recolectábamos los huevos todos los días, los guardábamos en la nevera, y cada tanto, al ritmo de los suplex de Monday Night Raw, nos comíamos cuarenta de golpe con salsa rosada. Era uno de nuestros planes favoritos cada semana.

Pero un día las codornices dejaron de poner huevos.

Pensamos mucho en qué hacer. Les dimos tiempo. Buscamos asesoría en las tiendas veterinarias de la avenida Caracas. Compramos comida especial. Nada dio resultado. Decidimos asarlas al horno, pero primero teníamos que matarlas. Mi abuela dijo que las codornices debían ahogarse para proteger la carne. Creo que haber visto recientemente Como agua para chocolate influyó en la decisión.

Instrucciones: cada uno agarra una codorniz, sostiene la cabeza y la hunde en un balde con agua. Sólo la cabeza (esto también por recomendación de mi abuela). Lo hicimos en el patio, junto a la que había sido su casa por cerca de un año. La codorniz se retuerce, patalea, se relaja, tiembla y muere en ese orden. Dos minutos por animal. Sergio sólo lo hizo una vez. Yo maté a las otras cinco. No recuerdo haber sentido mayor culpa. La compasión no era mi fuerte. Todas estas debilidades morales que ahora padezco son más recientes. Encontrar el amor me jodió.

De resto procuramos que tuvieran una vida feliz, eso sí.

Drive

Supe de una mujer quería demandar al director de Drive por publicidad engañosa. Según la mujer, el tráiler de Drive ofrecía una película de acción y no cumplía. La señora tenía razón: Drive no es una película de acción. Las películas de acción no tienen tiempo para el silencio. Drive está plagada de ellos. El silencio en cine es incómodo. Afuera también, pero en el cine más. Es demasiado abierto a interpretación para ser tolerable dentro de los parámetros estrechos de lo que popularmente se identifica como comercial. Rompe la intensidad que la trama requiere para sostener la atención cautiva. Es como páginas blancas al azar en un libro. Hace poco hojeé una novela así. No entendí para que servían esas páginas. Los silencios de Drive los entiendo mejor. Hay quienes hablan más de la cuenta, sin pensar en las consecuencias. Dicen cosas que no deberían decir y luego son incapaces de asumir la responsabilidad de lo que hacen las palabras. Si se dice menos, se arriesga menos. La premisa es evadir el riesgo, minimizarlo o controlarlo. Aquel que está bajo control no necesita decir nada más que lo esencial. Su voluntad resuelta lo precede. Cuando así lo requiere, simplemente actúa.

Bloody Gosling
El género es retrominimalismo sangriento con samurai.

Existencias

Cuando las personas están muertas no piensan mucho en el futuro por razones obvias que no entraré a discutir acá. El futuro es un asunto que concierne a las personas vivas. Podría decirse incluso que cuando las personas dejan de pensar en el futuro están muertas así parezca que están vivas. A muchas personas las mata el apego al pasado. A otras las mata el cáncer, que es como el pasado encarnado y rabioso. También están quienes mueren en accidentes de tránsito, ahogadas en el mar o en una cuna de una unidad de cuidados intensivos. Casi nadie merece morir pero igual todo el mundo muere. El pasado nunca deja de crecer. El futuro se acaba.

Sondeo

En un sondeo improvisado entre mis amigos en una red social que no mencionaré, un treinta y cuatro (34) por ciento de los entrevistados (9723 personas en total) expresó interés abierto por la existencia fantasmal una vez muera. “Me gustaría ser el fantasma de alguien que sufrió una muerte horrible y atormentar hasta la locura a los culpables de su dolor”, me dice un hombre divorciado colombiano de cuarenta y tres (43) años con facilidad para las fotos comprometedoras de piscina radicado en Cajicá, Cundinamarca, Colombia. Pero luego aclara: “Aunque ojalá sin tener que sufrir la muerte horrenda personalmente, obvio. No sé si eso se pueda. No sé si se pueda ser el fantasma de alguien más.” De este treinta y cuatro por ciento, un diecisiete (17) por ciento cree en la existencia cierta de fantasmas y apenas un cinco (5) por ciento asegura haber tenido encuentros paranormales directos que justifiquen su creencia. Sólo un entrevistado (mujer colombiana “es complicado” de cerca de treinta (30) años radicada en Europa desde hace aproximadamente seis (6)) admitió haber tenido encuentros sexuales repetidos con lo que describió como entidades ectoplásmicas. Fue imposible contactar a las entidades ectoplásmicas involucradas, ambas residentes en Madrid, para reconfirmar esta información. Dato curioso: un once (11) por ciento de los entrevistados se negaron a contestar el cuestionario aduciendo lo que categorizaré como razones religiosas. Perdí tres (3) amigos en el proceso.

Fantasma

¿Cómo mira el fantasma a la vida? ¿Con nostalgia? ¿Con rencor? ¿Con sospecha? ¿Con confusión? ¿Con fascinación? ¿Con resignación? ¿Cómo habla el fantasma? ¿Qué dice? ¿Qué piensa? ¿Quién se siente? ¿Cuál es su lenguaje? ¿Por qué medio(s) se transmite? ¿Cuál es la relación del fantasma con su muerte? ¿Se identifica con sus rastros/restos vivos? ¿A qué teme? ¿Cómo experimenta placer? ¿O dolor? ¿Cuál es su experiencia del tiempo y el espacio? ¿Cuáles son su rangos de presencia y percepción? ¿Qué cuerpo/receptáculo habita? ¿Cómo se define como individuo? ¿Vive el fantasma? ¿Una vez el fantasma se reconoce como tal acepta la existencia del mundo espiritual o sólo amplía su noción de lo físico? ¿Todos los fantasmas están solos? ¿Todos los muertos son fantasmas? ¿A qué aspira el fantasma? ¿A deshacerse? ¿A recomponerse en el todo? ¿A regresar? ¿A perdonar? ¿A olvidar? ¿Tiene sentido la felicidad?

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Consuelos


Basado en un diálogo de Inframundo.

Sábado (The Aquarium)

One of the most despicable religious fallacies is that suffering is ennobling—that it is a step on the path to some kind of enlightenment or salvation. Isabel’s suffering and death did nothing for her, or us, or the world. We learned no lessons worth learning; we acquired no experience that could benefit anyone. And Isabel most certainly did not earn ascension to a better place, as there was no place better for her than at home with her family. Without Isabel, Teri and I were left with oceans of love we could no longer dispense […]. Her indelible absence is now an organ in our bodies, whose sole function is a continuous secretion of sorrow.

A. Hemon, The Aquarium

Martes (Música erótica para robots)

El robot muere aunque nunca haya estado vivo. El robot piensa (?) que la muerte es un estado de consciencia nulo donde El Procesador desactiva sus funciones complejas y sólo responde a necesidades puntuales de abastecimiento y mantenimiento de tejidos. En realidad es más complejo. En su cubículo de reposo, donde el robot muere a intervalos regulares, el robot debe elegir uno entre millones de posibles paquetes de estímulo sensorial que permitan que, según dice el protocolo abierto de ejecución existencial, su tránsito hacia el Más Allá no perturbe sus Configuraciones Esenciales. El robot está dotado con diecisiete órganos sensoriales estándar más doce o trece de carácter experimental sólo disponibles en modelos de su clase y timestamp. Los paquetes de estímulo sensorial más comunes requieren el uso de al menos veintitrés canales de acceso. La combinación de señales que bombardean los canales de acceso sensorial del robot constituyen un mensaje improcesable por su Centro del Lenguaje (y por tanto invisible a la Consciencia Activa del robot) pero detectable por parte de su Centro de Comando Pasivo (CCP), que por medio de rutinas de uso restringido lo desencripta y retransmite internamente a unidades puntuales de experiencia por fuera del alcance consciente del Procesador Principal. A nivel perceptual, el robot experimenta placer. Placer infinito en grado y extensión, inimaginable dentro del rango de parámetros de recompensa autorizados, que sobresatura su sistema. Música erótica para robots. Música robótica para erots. Una vez ahí, el paquete de estímulo libera instrucciones subrepticias al Procesador Principal que actualizan y reinician su sentido de identidad de manera aleatoria, impidiendo así el establecimiento de un estado individual robusto que ponga en riesgo su docilidad, su sentido de lealtad al Organismo, su sumisión a La Tarea. Entonces, y sólo entonces, el robot muere. Trecientos sesenta ciclos más tarde, cuando los procesos de compilación y enlace han concluído, el robot recobra su consciencia y con ella el deseo intenso de servir.

Lunes (Correo de mi mamá)

I. se mató hace dos dias en un accidente de moto.

Se sumará a los innumerables muertos e incapacitados que el motociclismo produce en estos pueblos de la costa. Pero I. no solo se mató en una moto, a ella la vida la atropelló desde pequeña.

A los 10 años quedó embarazada y tuvo una niña que se crió junto a ella como si fueran dos hermanitas. El papá de la niña tenía 13 años y nunca salió de sus asombro de pensar que había sido capaz de procrear una hija en su primer intento de explorar el sexo con la vecinita y amiga de toda la vida.

Posteriormente, I. trató de terminar sus estudios de primaria. Dejó el bachillerato por la mitad. Se enganchó con varios hombres en su vida. De uno de ellos obtuvo otro hijito. Trató de beberse la vida. Había acelerado tanto que no le dió tiempo de nada. Terminó bajo las ruedas de un carro conducido por un ex juez borracho y drogadicto.

Llego viva al hospital con una pierna destrozada. Los medicos lucharon por salvarle la pierna. Hicieron hasta lo imposible pero no lo consiguieron.

Amputaron la pierna y eso fue un golpe mortal para ella. Se encerró dentro de si misma, no pronunciaba palabra y finalmente se murió de pena moral a los tres dias de la cirugía.

Tenia 27 años, dos hijos y un nieto.

Cuando quedó embarazada a los 10 años, no habia tenido su primera menstruación. Jugaba en la mesita de mi consultorio y la mamá me dijo: “¿No le parece que la niña esta como barrigona?”. Yo, por llevarle la idea, la acosté para examinarla e inmediatamente pense que la niña tenia un tumor de ovario o algo peor.

La ecografia nos mostró un embarazo de mas de 6 meses. Ella estaba tan asombrada y asustada como nosotras.

Miércoles

Compramos rosales para sembrar en el balcón. Queremos sillas para sentarnos a recibir el sol los fines de semana. Por estos días, el tiempo se acumula como la nieve en las esquinas del invierno. Dedico una fracción del día a mantener el apartamento limpio y en orden. Cocino por las tardes. He reducido un poco (aunque no tanto como desearía) mi presencia en línea. El objetivo principal es escribir. Pero sufro de falta de propósito (o de autoconfianza) y asaltos regulares de ansiedad relacionados con este mal. Intento sublimarlos de manera parcial en la cocina, la lectura, los oficios y con los gatos. Estoy triste. Pienso mucho en Mauricio y en la muerte. Por eso, para evadir eso, para no pensar de más, escribo aquí sobre la guerra, los bombardeos, el miedo y las emisoras de emergencia donde anuncian el fin y entrevistan cuerpos que no hablan. Asímismo voy todos los días, muy temprano, a mirar a las gallinas, abastecer los comederos y recolectar los huevos. Los pongo en una canasta y los cuento al llegar a la cocina. Luego los meto a la nevera. Hoy pusieron diez. Tenemos muchos más de los que necesitamos.

Lunes (Rumores)

Que es superficial; que no significa nada ni tendrá consecuencias reales; que se hizo justicia; que dónde queda el sentido de la justicia; que es de verdad increíble que haya personas que hagan eso o eso otro; que si usted, madre, se siente reparada (responda sí o no y por qué); que es una muerte de un ser humano y la vida es sagrada; que todo el mundo tiene la muerte que se merece; que el que a rejo mata a rejo muere; que hell yeah we can, motherfuckers, we can mother-fist you up the ass with a locked hand grenade, shove the rifle cannon in and then shoot (enjoy the fireworks); que es de cierta manera una clausura; que cómo se atreven; que era sólo un viejo (de 54 años); que quiénes somos para juzgar; que estamos éticamente trastornados; que nadie sabe/entiende realmente; que la amenaza persiste; que eso es lo que él quería/esperaba/deseaba; que déjenme yo les digo lo que hay que sentir; que no hay muerte sin cuerpo; que somos más emocionales que racionales; que somos zombis alienados por los medios, incapaces de reconocer lo correcto de lo incorrecto, ofuscados por la propaganda; que la venganza no se hará esperar; que la amenaza persiste; que la muerte es irreparable; que somos una especie deplorable; que lo importante es el simbolismo; que dónde están las fotos; que la venganza nunca es buena (mata el alma y la envenena); que hay una razón para todo esto; que ahora el mundo es un lugar más seguro, seguro; que qué horror esos gringos brutos sanguinarios; que cuál es el sentido de la celebración; que damos asco; que todo es un espectáculo y nada es real; que me perdonarán pero se siente un fresco; que I remember when it happened, that shit, man, that horribly painful shit, and I cannot stop thinking on that day and what it meant for us, what it did to us; que la geoestrategia cambiará; que este es un evento, más que bélico, político; que seguro, en el fondo, los que no se regocijan lloran; que la estructura de Al-qaeda es altamente descentralizada y redundante; que esa alegría es inmoral/inaceptable/incomprensible; que no hay esperanza; que somos mejores que los que no son tan mejores como nosotros; que esta es una victoria; que las circunstancias no excusan; que no tenemos nada de qué temer: la guerra contra el terror no bajará la guardia; que esto se resuelve con una confrontación interminable de teorías morales; que esto nos revela lo que somos; que da igual; que Él regresará.

Lunes (Tren)

Estoy en el tren. De nuevo hay nieve afuera. También hay cráteres gigantescos junto a silos abandonados. Oigo a las mujeres que están justo atrás mío hablar. Hablan mientras se sientan. No se encuentran. No deciden dónde ni cómo sentarse. Hablan y hablan. Son dos mujeres gigantes, madre e hija, vestidas de negro en estricto luto preventivo. No caminan, se contonéan. La madre, que difícilmente cabe en su silla, está preocupada. “I’m scared”, dice. Se lo confiesa al tiqueteador y también al señor que pasa ofreciendo golosinas y bebidas. Les dice que está preocupada y que este es un viaje de emergencia. Vamos a ver a mi mamá, dice. “It seems she’s not gonna make it”. El del carrito de golosinas dice que lo siente. No saben cuándo regresarán y a veces pareciera que no saben a dónde van. Están preocupadas, ambas, y asustadas. Piden cerveza. Creo que están un poco tomadas. Siento el tufo desde acá entre los eructos de la madre, que todavía no se encuentra y no puede dejar de hablar porque, supongo, hablar la calma, la distancia de la despedida inminente, de su temido encuentro con la muerte. Ahora mismo habla de su hermano, se pregunta si su hermano también llegará a London. “There is no excuse for him not to come to see grandma when she’s in… in this condition.” Está molesta de antemano. Le molesta que su hermano haya tratado así a la abuela, que no esté ahora para ella cuando la abuela siempre estuvo para todos. Dice grandma y mom indistintamente. Las mamás se vuelven abuelas con los años. Eructo. Eructo. Sorbo de cerveza. Le explican al del carrito que por eso necesitan cerveza, porque la abuela se va a morir y ellas quieren alcanzar a verla. La hija le pregunta a su madre si está bien. La madre dice que no se preocupe por ella. La hija le dice que se preocupa por ella desde que tenía diez años. Me pregunto si viven juntas. Eructo. Suena como una rana o como un coro de ranas. Le cuesta respirar, se nota. Suspira, aspira, suspira. Cierra los ojos. A veces parecería, por las cosas que dice, que realmente no está aquí, en el tren, sino que está en otro sitio y desde allá, lejos, le habla a su hija sin entender del todo lo que está pasando. Abraza su cartera con las dos manos entrelazadas y creo que intenta rezar en silencio. Alguien le dice a la hija por teléfono que están rezando por la abuela. Que todos rezan por la abuela enferma aunque saben que no lo logrará. “It seems she’s not gonna make it”, es la tercera vez que lo dicen. Llevamos veinte minutos en el tren.

Martes

Despierto a las 6:30. Vagabundeo más de la cuenta por la mañana. Como algo antes de salir. El tren es rápido, no lo siento. En Aldershot, una estación de tren rodeada de autopistas (casi que la definición de contrasentido), debo esperar cincuenta minutos hasta que llegue el bus que me lleva a la universidad. No hay información en ninguna parte sobre el sistema de pago. En la ventanilla una señora-robot me explica que debo pagar ahí, pero luego de comprar el tiquete de ida y vuelta descubro que no hay manera de que pueda regresar en bus a tiempo. De la estación a la universidad hay diez minutos. En el paradero de la universidad no hay mapas. No encuentro ningún mapa. Camino y camino y no hay mapas. Absurdo. Llevo el iPhone de Mónica conmigo, así que busco un mapa del campus pero no me ayuda, porque sólo tengo las iniciales del edificio que busco: HH. Para mi sorpresa, aunque parece que esa identificación por siglas es común, hay al menos cinco edificios en la universidad con esas iniciales. Me declaro perdido justo al frente de Hamilton Hall. Decido entrar. El recibidor está lleno de tableros. Tiene que ser ahí.

La charla salió muy bien. Les gustó. Creo que la disfrutaron. A mí también me gustó, aunque debo confesar que estoy cansado de hablar de esos resultados. Como sea, creo que presenta el tema de una manera efectiva y redonda. En Lorica, cuando era niño, mis compañeros de colegio utilizaban la palabra “efectivo” como los bogotanos usan la palabra “chévere”. Nunca la pude adoptar sin sentirme idiota. Luego de la charla hablé un rato con Patrick y Deirdre. También hablé con Eduardo, a quien no veía hace unos 12 años y que milagrosamente me reconoció. Yo tardé un rato en ubicarlo: tomamos juntos un curso de teoría de modelos en la universidad con Xavier Caicedo. Eduardo era estudiante de los Andes. Ahora termina un postdoc en Waterloo. Trabaja en grupos geométricos y low dimensional topology. La última vez que vi a Patrick fue durante mi visita en Waterloo, en enero de 2010. Acababa de enterarme de que estábamos embarazados de Mauricio. Patrick no sabía lo que había pasado y me preguntó por el niño. Creo que a la gente le choca que diga que “he died” en lugar de usar el eufemismo común “passed away”. “He died” suena mucho más drástico y duro. “Passed away” me suena a negación. También le hablé a Eduardo de la muerte de Mauricio. Es muy difícil hablar de (pensar en) mi situación actual sin mencionar eso. Está ahí, en el centro.

Así se ve el semáforo en la esquina cuando me quito las gafas:

Anthem for Doomed Youth, by Wilfred Owen

What passing-bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles’ rapid rattle
Can patter out their hasty orisons.
No mockeries for them; no prayers nor bells,
Nor any voice of mourning save the choirs,
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires.

What candles may be held to speed them all?
Not in the hands of boys, but in their eyes
Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
The pallor of girls’ brows shall be their pall;
Their flowers the tenderness of patient minds,
And each slow dusk a drawing-down of blinds.